
Todos los católicos del mundo estamos llamados a rezar el rosario por la paz mundial
22 de octubre de 2026
– 10:00 a. m. (hora del Este)
« Los invito a rezar el rosario todos los días por la paz en el mundo ».
– PAPA LEÓN XIV
Descubre la vida de 63 testigos extraordinarios que defendieron a la familia en tiempos de crisis.
Semana 1 – Reconstruyendo un mundo fracturado, 1835 – 1860

Beato Basilio Moreau
20 de agosto de 2026
France
Cada familia tiene una historia. Y también cada civilización.
A principios del siglo XIX, Francia todavía se recuperaba de la Revolución Francesa. Las iglesias habían sido destruidas, las comunidades religiosas dispersadas y la fe relegada a los márgenes. La sociedad intentaba reconstruirse, pero muchos creían que la respuesta se encontraba únicamente en la política, la economía o el gobierno secular. El Beato Basilio Moreau vio algo más profundo. Comprendió que, si la familia perdía su fe, la sociedad perdería su alma.
Nacido en 1799 en el pequeño pueblo de Laigné-en-Belin, Basilio Moreau fue el noveno de catorce hijos de una sencilla familia de agricultores. Sus padres le enseñaron mucho más que a leer y a trabajar. Le enseñaron a orar, a confiar en Dios en los momentos difíciles y a preocuparse por sus vecinos. Alrededor de la mesa familiar y en la oración diaria, descubrió que la familia es la primera escuela de la fe: el lugar donde se aprende y se vive por primera vez el amor, el perdón y la esperanza.
Esas enseñanzas nunca lo abandonaron.
Como sacerdote, el Padre Moreau se hizo una pregunta que sigue siendo igual de urgente hoy: ¿Cómo se puede reconstruir un mundo quebrantado? Su respuesta era sencilla y profunda a la vez: formar personas santas, fortalecer a las familias y educar tanto la mente como el corazón. Cuando hablaba de educar a los jóvenes, veía mucho más allá de las paredes del salón de clases y recordaba a sus maestros:
«Apresúrense, pues; emprendan esta obra de la resurrección, sin olvidar jamás que el objetivo principal de su institución es, ante todo, santificar a los jóvenes. Al hacerlo, contribuirán a preparar al mundo para tiempos mejores que los nuestros, porque estos niños que hoy asisten a su escuela serán los padres del futuro y los padres de las generaciones venideras. Cada uno de ellos lleva dentro de sí una familia.»
Para Moreau, la educación estaba intrínsecamente unida a la Iglesia doméstica; formar a un estudiante significaba formar al futuro padre o madre de una familia y, por extensión, al futuro del mundo.
Cuando fundó la Congregación de la Santa Cruz en 1837, imaginó algo más que un instituto religioso ordinario. Reunió a sacerdotes, hermanos y hermanas como una sola comunidad unificada, concebida para ser una imitación visible de la Sagrada Familia de Jesús, María y José. En un mundo fracturado, quería que la Santa Cruz fuera un testimonio vivo de que la unidad es posible, de que el amor es más fuerte que el miedo y de que la fe puede transformar la sociedad desde dentro de la familia hacia afuera.
En el centro de la vida de Moreau estaba una profunda devoción a la Santísima Virgen María. Confió su congregación a su cuidado maternal y alentó constantemente la devoción al Santo Rosario y a los Siete Dolores. Sabía que, cuando las familias rezan juntas, invitan a Cristo a entrar en los momentos ordinarios de la vida cotidiana. Mucho antes de que surgieran los movimientos pastorales modernos, el Padre Moreau reconoció que la verdadera renovación de la Iglesia comienza en la familia.
Esa visión encontró una voz dinámica y mundial en uno de los grandes hijos de la Santa Cruz, el Venerable Patrick Peyton. Arraigado en esa misma espiritualidad mariana y familiar, el Padre Peyton tomó los principios fundamentales del Padre Moreau y los expandió audazmente por todo el mundo. Llevó el Rosario a las salas de millones de hogares, proclamando célebremente que «La familia que reza unida permanece unida». La cruzada mundial del Padre Peyton fue una expansión providencial del sueño del Padre Moreau, llevando el carisma de la Santa Cruz a las ondas internacionales, los estadios y los hogares.
Hoy, esa misión continúa a través de Holy Cross Family Ministries, sirviendo a las familias en seis continentes al fomentar la oración familiar, fortalecer los matrimonios, acompañar a los padres y a los jóvenes, y ayudar a que cada hogar se convierta en una Iglesia doméstica llena de vida. En una época marcada por el aislamiento, la división y la ansiedad, la visión de Moreau es más esencial que nunca.
El Beato Basilio Moreau nos recuerda que la paz duradera no comienza en los parlamentos ni en las salas de conferencias. Comienza alrededor de la mesa familiar, junto a la cama de un niño por la noche y en cualquier lugar donde padres e hijos se arrodillen juntos para orar. Las familias fuertes construyen comunidades fieles; las comunidades fieles construyen un mundo en paz.
La historia de la salvación está llena de hombres y mujeres que confiaron en Dios lo suficiente como para cambiar la historia. El Beato Basilio Moreau fue uno de ellos. La historia de la salvación todavía se está escribiendo, y su próximo capítulo comienza dentro de nuestras propias familias.
Oremos.
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, alcancen la paz para nuestro mundo. Por medio de las oraciones del Rosario, oremos como Jesús nos enseñó, busquemos la intercesión maternal universal de María y crezcamos en virtud.
En este mismo momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Divino Hijo, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos está la gracia y el poder de esta oración. Ella sostiene ese regalo en sus manos, esperando que lo recibas.
Recibe ese regalo de las manos de tu Madre.
Por medio del Rosario, la intercesión de María ha traído paz al mundo antes. No perdamos nunca la esperanza de que ella desea hacerlo nuevamente mientras unimos nuestros corazones en oración por nuestras familias y por nuestro mundo.

Papa Pío IX
21 de agosto de 2026
Italy
A medida que avanzaba el siglo XIX, el mundo se veía arrastrado a una agitación espiritual sin precedentes. Las ondas expansivas de las revoluciones políticas y el rápido surgimiento de una era secular agresiva buscaban expulsar a Dios de la vida pública y reducir la existencia humana a una mera cuestión de política material. En toda Europa, las tradiciones sagradas fueron atacadas, la autoridad de la Iglesia fue debilitada y las familias comunes se encontraron a la deriva en una cultura que cada vez más consideraba lo sobrenatural como un mito anticuado.
En Francia, el Beato Basilio Moreau ya había reconocido que una sociedad quebrantada solo podía reconstruirse desde el hogar, llamando a la Iglesia a restaurar el santuario doméstico a imagen de la Sagrada Familia de Nazaret. Pero a medida que la crisis se profundizaba y llegaba hasta las mismas puertas de Roma, aquella lucha local se convirtió en una batalla universal.
En el centro de aquella tormenta, Dios puso a Giovanni Maria Mastai-Ferretti: el Papa Pío IX.
Al asumir la Cátedra de Pedro durante uno de los pontificados más turbulentos de la historia, Pío IX vio lo que muchos líderes políticos no alcanzaban a comprender. Entendió que el creciente caos social, el sufrimiento económico y la pérdida de principios morales no eran simplemente dilemas políticos, sino síntomas directos de una decadencia espiritual.
Dios puso sobre su alma una misión urgente: fortalecer la identidad católica de los fieles y brindar a las familias un ancla espiritual inquebrantable.
Donde el Beato Basilio Moreau había establecido los cimientos en el hogar mediante la devoción a la Sagrada Familia, Pío IX elevó esa visión a toda la Iglesia universal. En 1854, proclamó el dogma infalible de la Inmaculada Concepción, recordando a un mundo escéptico la realidad de la gracia, la victoria de Dios sobre el mal y la protección maternal de Nuestra Santísima Madre.
Pío IX sabía que los argumentos intelectuales por sí solos nunca podrían derrotar a una época sin Dios. Señaló a los fieles el ritmo contemplativo y centrado en el corazón del Santo Rosario. En las cuentas del Rosario, ofreció a los hogares cristianos un arma diaria de oración capaz de preservar la paz familiar, proteger el hogar de la indiferencia espiritual y mantener sus ojos fijos en Cristo.
Por medio de su testimonio firme, el Papa Pío IX entregó una antorcha profética encendida a su sucesor, el Papa León XIII, quien encendería al mundo como el «Papa del Rosario» y defendería la dignidad sagrada de la familia frente al materialismo industrial.
El Beato Papa Pío IX nos recuerda que, cuando las tormentas culturales arrecian y los fundamentos de la fe parecen estar bajo asedio, nuestra fortaleza no proviene de los compromisos con el mundo. Proviene de caer de rodillas, aferrarnos a la intercesión de Nuestra Señora y dejar que el Rosario ancle nuestros hogares en la paz de Cristo.
Mientras nos preparamos para el Rosario Mundial por la Paz, tomemos nuestras cuentas y pidamos a Nuestra Señora que haga de nuestras familias fortalezas de fe y reconciliación.
Beato Papa Pío IX, ruega por nosotros. Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos, naciones, culturas y lenguas, se eleven juntas en oración por la paz.
Por medio del Rosario, que contemplemos a Cristo con María, le confiemos las cargas de nuestro mundo y nos convirtamos en instrumentos de su paz.
María, Madre de Dios y Madre nuestra, intercede por nuestras familias. Fortalece a quienes sufren. Consuela a las familias afectadas por la guerra, la violencia, la pobreza y la división. Reconcilia a quienes están separados y renueva la esperanza en los corazones agobiados por el miedo.
Que cada Rosario rezado en nuestros hogares se convierta en una semilla de paz. Que cada familia reunida en oración sea un testimonio de esperanza. Y que nuestra oración unida se convierta en una ofrenda por un mundo que anhela la reconciliación.
Al unirnos en el Rosario Mundial por la Paz, que Cristo transforme nuestros corazones, nuestros hogares, nuestras comunidades y nuestro mundo. Amén.

Nuestra Señora de Lourdes y Santa Bernardita
22 de agosto de 2026
France
A mediados del siglo XIX, el mundo occidental estaba convencido de que ya había superado la necesidad de Dios. Una ola de secularismo agresivo y racionalismo frío se extendió por Europa, proclamando que el intelecto humano y el progreso científico por sí solos resolverían las miserias de la humanidad. En esta carrera hacia el prestigio de la modernidad, los pobres fueron dejados de lado, considerados poco más que fracasos económicos, y la fe sencilla de los hogares comunes era ridiculizada como una superstición infantil.
En el pueblo de Lourdes, al pie de los Pirineos, aquella realidad no era una teoría, sino una pesadilla. La familia Soubirous había quedado sumida en la más absoluta pobreza y se vio obligada a vivir en le cachot, una oscura, miserable y abandonada celda de prisión, tan insalubre que incluso habían sacado de allí a los criminales. Bernadette, de catorce años, no había recibido educación, apenas podía leer su catecismo y sufría de un asma crónica y dolorosa. Según todos los estándares humanos, ella y su familia no tenían ningún valor para el mundo.
Entonces, justo en medio de aquella oscuridad olvidada, el cielo irrumpió.
En una fría mañana de febrero de 1858, Bernadette salió a recoger leña cerca de la gruta de Massabielle, un lugar húmedo y en descomposición donde el pueblo arrojaba su basura y donde pastaban los cerdos. Cuando un viento repentino y misterioso agitó el silencio, el nicho de la roca se inundó de luz. Allí estaba una Señora vestida de blanco puro.
La Madre de Dios no se apareció en los palacios imperiales de París ni en los grandes salones intelectuales de Europa. Vino a un basurero, junto a una niña hambrienta de un hogar destrozado.
Aterrorizada y temblando, Bernadette no discutió, no huyó ni intentó racionalizar lo que estaba viendo. Su mano, instintivamente, buscó en su bolsillo, sacó un sencillo rosario de cuentas baratas y cayó de rodillas. La Señora sonrió, sacó su propio rosario de oro y dejó que las cuentas se deslizaran silenciosamente entre sus dedos. En la quietud de aquel barranco lodoso, la oración se convirtió en la línea de batalla contra un mundo cínico.
Las apariciones provocaron una intensa persecución. Las autoridades interrogaron a la niña enferma, la amenazaron con encarcelarla y se burlaron de su testimonio. Sin embargo, Bernadette nunca vaciló. Cuando la Señora finalmente reveló su nombre, hizo añicos la arrogancia intelectual de aquella época con cinco palabras: «Yo soy la Inmaculada Concepción».
Nuestra Señora no le prometió a Bernadette comodidad ni riquezas; le prometió felicidad en la vida eterna. Le pidió que cavara en el barro frío y, de aquella tierra estéril, brotó un manantial milagroso, una fuente de agua viva que continúa sanando a los enfermos, restaurando almas heridas y confundiendo a los soberbios hasta el día de hoy.
Lourdes es un poderoso recordatorio de cómo actúa Dios. Cuando la civilización se vuelve fría, cuando las familias son aplastadas por el peso de la pobreza o la desesperación, Dios no busca el poder mundano. Él elige a los pequeños, a los débiles y a los olvidados.
Si en tu hogar te sientes abrumado por la enfermedad, la ansiedad o la división, no te rindas ante la desesperación. La Reina del Cielo sale a nuestro encuentro en medio del desorden de nuestra vida cotidiana. La paz no comienza en los salones del poder; comienza justo donde estás, en el momento en que caes de rodillas y tomas el Rosario entre tus manos.
Nuestra Señora de Lourdes, ruega por nosotros. Santa Bernardita, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, alcancen la paz para nuestro mundo. Mediante la oración del Rosario, rezamos como Jesús nos enseñó, buscamos la intercesión maternal universal de María y crecemos en virtud.
En este preciso momento, la Santísima Madre de Dios está rezando por ti. De su Divino Hijo, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentra la gracia y el poder de esta oración. Ella sostiene ese don en sus manos, esperando a que tú lo recibas.
Recibe ese don de las manos de tu Madre.
A través del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo anteriormente. No perdamos nunca la esperanza de que ella anhela hacerlo de nuevo, mientras unimos nuestros corazones en oración por nuestras familias y por nuestro mundo.

Siervo de Dios Gabriel García Moreno
23 de agosto de 2026
Ecuador
La mayoría de los libros de historia nunca mencionarán su nombre y, para gran parte del mundo moderno, sigue siendo completamente desconocido. Sin embargo, la historia de Gabriel García Moreno es uno de los testimonios de fe más audaces y heroicos en la vida pública que la Iglesia haya conocido.
A mediados del siglo XIX, América del Sur estaba sumida en una fuerte inestabilidad política y un violento anticlericalismo. Los nuevos gobiernos derribaban iglesias con frecuencia, expulsaban a las órdenes religiosas al exilio y despojaban a la fe de la vida pública. A medida que las leyes seculares tomaban el control, el matrimonio se reducía a una simple transacción civil, las escuelas eran despojadas de la moral cristiana y las familias comunes quedaban espiritualmente indefensas en una cultura desgarrada por la corrupción y los conflictos civiles.
En medio de aquel caos, Dios suscitó a un defensor inesperado: un brillante erudito, dedicado hombre de familia y estadista llamado Gabriel García Moreno.
Nacido en Guayaquil, Ecuador, en 1821, Gabriel creció en un hogar devoto que inculcó en él una brújula moral inquebrantable. Cuando fue elegido presidente de Ecuador, se enfrentó a una pregunta urgente: ¿Cómo se reconstruye una nación entera sin perder su alma?
Su respuesta fue tan audaz como radical: la sociedad se reconstruye anclando a sus familias e instituciones en el Corazón de Cristo.
García Moreno sabía que la reforma política era vacía sin una renovación moral. Invitó a órdenes religiosas dedicadas a la enseñanza a construir escuelas gratuitas para los niños más pobres, reformó las prisiones, construyó hospitales y defendió la santidad del matrimonio cristiano como el fundamento indispensable del Estado. En un mundo que avanzaba rápidamente hacia la indiferencia secular, lideró a la primera nación de la historia en consagrarse formalmente al Sagrado Corazón de Jesús.
Sin embargo, su fortaleza se forjó lejos de los salones del gobierno. Estaba arraigada en la Misa diaria, la adoración eucarística y el rezo diario del Santo Rosario con su familia.
Su valiente defensa de la Iglesia y de los hogares cristianos lo convirtió en objetivo de facciones violentas. En 1875, justo después de salir de la oración ante el Santísimo Sacramento en la catedral de Quito, fue brutalmente asesinado en las escalinatas del palacio de gobierno. Mientras agonizaba a causa de los machetazos y las heridas de bala, mojó un dedo en su propia sangre y escribió sus últimas y desafiantes palabras de fe: «¡Dios no muere!»
El Siervo de Dios Gabriel García Moreno nos recuerda que defender a la familia y la fe requiere un valor inquebrantable. Cuando las corrientes culturales nos presionan para comprometer nuestras convicciones, su vida nos llama a permanecer firmes, guiar nuestros hogares con integridad y poner a Cristo en el centro de nuestra vida diaria.
Mientras nos preparamos para el Rosario Mundial por la Paz, tomemos nuestras cuentas del Rosario y oremos para que los líderes, padres y familias de todo el mundo tengan el valor de ser testigos intrépidos del Evangelio.
Siervo de Dios Gabriel García Moreno, ruega por nosotros. Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, alcancen la paz para nuestro mundo. Mediante la oración del Rosario, rezamos como Jesús nos enseñó, buscamos la intercesión maternal universal de María y crecemos en virtud.
En este preciso momento, la Santísima Madre de Dios está rezando por ti. De su Divino Hijo, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentra la gracia y el poder de esta oración. Ella sostiene ese don en sus manos, esperando a que tú lo recibas.
Recibe ese don de las manos de tu Madre.
A través del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo anteriormente. No perdamos nunca la esperanza de que ella anhela hacerlo de nuevo, mientras unimos nuestros corazones en oración por nuestras familias y por nuestro mundo.

San Juan Bosco
24 de agosto de 2026
Italy
A mediados del siglo XIX, el lado oscuro de la Revolución Industrial golpeó Turín, Italia, con una fuerza devastadora. Las fábricas se multiplicaron y miles de familias campesinas emigraron del campo en una búsqueda desesperada de trabajo. En lugar de prosperidad, encontraron una explotación despiadada.
Jóvenes muchachos, muchos de ellos huérfanos o fugitivos, recorrían solos las calles cubiertas de smog. Sin nadie que los guiara, eran conducidos directamente hacia trabajos peligrosos en las fábricas, barrios miserables y prisiones abarrotadas. La sociedad veía a estos jóvenes abandonados como una molestia y como una clase criminal permanente, encerrándolos y dándolos por perdidos. La estructura familiar tradicional se había desmoronado, y los jóvenes estaban pagando el precio.
En medio de este campo de batalla urbano, Dios envió a un pobre sacerdote campesino llamado Juan Bosco, conocido simplemente como Don Bosco.
Después de perder a su propio padre cuando apenas tenía dos años, Juan comprendía lo que significaba crecer sin padre, en la pobreza y siendo vulnerable. Formado por la profunda y sacrificada fe de su madre, Mamá Margarita, llevaba en el corazón una pregunta urgente: ¿Quién será padre para aquellos que no tienen un hogar?
Cuando el padre Bosco visitó las sombrías cárceles para menores de Turín, no vio criminales endurecidos. Vio jóvenes que simplemente nunca habían conocido el amor de una familia. Comprendió que, si la sociedad no los protegería, la Iglesia tenía que construir un hogar para ellos.
La respuesta de Don Bosco cambió la historia. No construyó reformatorios severos; creó el Oratorio, un lugar donde los muchachos podían encontrar un hogar que los recibiera, una escuela que los educara, un patio donde pudieran reír y una iglesia donde aprendieran a rezar. Guiado por su famoso Sistema Preventivo, basado en la razón, la religión y la bondad amorosa, reemplazó el miedo al castigo por una auténtica paternidad.
En el centro del apostolado de Don Bosco había dos grandes pilares espirituales: la Presencia Real de Jesús en la Sagrada Eucaristía y el manto maternal de María, Auxilio de los Cristianos. Ponía un rosario en las manos más rudas de las calles, enseñando a los muchachos más rebeldes que el cielo estaba luchando por ellos. De aquellas bandas de jóvenes de la calle, Don Bosco formó grandes artesanos, ciudadanos virtuosos y santos de gran altura espiritual.
Cuando fundó a los Salesianos, puso en marcha un ejército espiritual mundial dedicado a salvar a los jóvenes en situación de riesgo y a restaurar la santidad de la educación cristiana en todos los continentes.
San Juan Bosco demuestra que ningún niño, ninguna familia y ninguna situación rota están jamás fuera del alcance de la gracia. Nos recuerda que la paz no se construye mediante el cinismo y los muros, sino mediante brazos abiertos, una auténtica paternidad y una oración ferviente.
Mientras nos preparamos para el Rosario Mundial por la Paz, toma tu rosario y pídele a Nuestra Señora, Auxilio de los Cristianos, que proteja a los jóvenes, restaure nuestros hogares y encienda en nuestros corazones el valor de amar sin límites.
San Juan Bosco, ruega por nosotros. María, Auxilio de los Cristianos, ruega por nosotros. Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de los océanos y de las lenguas, obtengan la paz para nuestro mundo. A través de las oraciones del Rosario, rezamos como Jesús nos enseñó, buscamos la intercesión maternal universal de María y crecemos en virtud.
En este mismo momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Hijo Divino, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese don en sus manos, esperando que lo recibas.
Recibe ese don de las manos de tu Madre.
A través del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. Nunca perdamos la esperanza de que ella desea hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

San Antonio María Claret
25 de agosto de 2026
Spain / Cuba
Nacido a principios del siglo XIX en Barcelona, España, dos amores destacaban en el joven Antonio María Claret: la Eucaristía y la Virgen María. Asistía atentamente a Misa y rezaba el rosario todos los días.
En el año 1835, tras la muerte de Fernando VII, las Cortes aprobaron la supresión de los institutos religiosos. En medio de esta situación turbulenta, impulsado por el deseo de conocer a Dios y servir a los demás, Antonio María Claret fue ordenado sacerdote. Durante diez años predicó misiones populares y dirigió retiros, poniendo siempre un gran énfasis en la Eucaristía y en la devoción al Inmaculado Corazón de María, siempre con un rosario en la mano.
En 1849, fundó en España a los Hijos del Inmaculado Corazón de la Bienaventurada Virgen María, conocidos como los Misioneros Claretianos. «Hoy comienza una gran obra», dijo el Padre Claret. Sabía que era impulsado por Dios, y Dios le reveló que la Congregación se extendería por todo el mundo. «Un Hijo del Inmaculado Corazón de María se esfuerza por todos los medios posibles para incendiar al mundo entero con el amor de Dios», decía Claret.
Fue nombrado para dirigir la olvidada arquidiócesis de Santiago de Cuba y llegó a ser conocido como el «padre espiritual de Cuba», gracias a sus reformas, su predicación incansable y su ministerio de confesión. Pasó seis años en Santiago de Cuba, trabajando sin descanso, predicando misiones y sembrando la fe en aquella isla donde reinaban la discriminación racial y la injusticia social. Fue un arzobispo evangelizador. Renovó todos los aspectos de la vida de la Iglesia: los sacerdotes, el seminario, la educación de los niños y la abolición de la esclavitud. Después de seis años, fue llamado de regreso a España para ser el confesor de la Reina Isabel II.
Toda su vida devoró libros y se interesó por la prensa católica. Fundó una editorial religiosa en España y publicó doscientos libros y folletos.
La devoción y el amor por la Santísima Virgen marcaron su vida desde su infancia. La Virgen era para él la estrella que lo guiaba. El Santo decía: «Vean cuán importante es ser devotos de María. Ella los librará de los males y desgracias del cuerpo y del alma. Ella les obtendrá bienes terrenales y eternos. …Recen el Santo Rosario a ella todos los días y verán cómo María será su Madre, su abogada, su mediadora, su maestra, su todo después de Jesús».
«Ni en mi vida personal ni en mis viajes misioneros podía olvidar la figura maternal de María. Ella es todo corazón y todo amor. Siempre la he visto como la Madre del Hijo amado, y esto hace que sea mi Madre, Madre de la Iglesia, Madre de todos».
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de los océanos y las lenguas, obtengan la paz para nuestro mundo. A través de las oraciones del Rosario, oramos como Jesús nos enseñó, buscamos la intercesión maternal universal de María y crecemos en virtud.
En este mismo momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Divino Hijo, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese don en sus manos, esperando que lo recibas.
Recibe ese don de las manos de tu Madre.
A través del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. Nunca perdamos la esperanza de que ella está deseosa de hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

San Kuriakose Elias Chavara
26 de agosto de 2026
India
El cristianismo en la India se remonta a casi dos mil años atrás, con la llegada de Santo Tomás Apóstol. Sin embargo, para el siglo XIX, en la exuberante costa de Kerala, la antigua Iglesia Católica Siro-Malabar atravesaba un período de aislamiento espiritual y división social. Las tensiones jurisdiccionales internas y la falta de instituciones religiosas locales dejaban vulnerable a la comunidad, mientras que la rígida discriminación por castas y el analfabetismo rural generalizado mantenían a los pobres y marginados completamente excluidos de cualquier oportunidad de progreso. Las familias católicas luchaban por preservar su rica herencia sin las herramientas pastorales ni la formación básica necesarias para cultivar una sólida vida espiritual en el hogar.
En aquel momento decisivo, Dios suscitó de entre los cristianos de Santo Tomás a un líder y reformador valiente: San Kuriakose Elias Chavara.
Nacido en 1805 en Kainakary, el Padre Chavara comprendió que una verdadera renovación espiritual nunca podría lograrse únicamente mediante grandes declaraciones. Si la Iglesia debía fortalecerse y la sociedad sanar, la transformación tenía que comenzar en el hogar, formando los corazones y las mentes de las familias comunes.
La respuesta del Padre Chavara fue audaz, profética y profundamente práctica. Como cofundador de los Carmelitas de María Inmaculada (CMI) y, posteriormente, de la Congregación de la Madre del Carmelo (CMC), se negó a separar la vida contemplativa monástica de la urgente acción social. Inició un movimiento educativo histórico en toda la región, promoviendo la iniciativa de establecer una escuela junto a cada iglesia parroquial (Pallikkoodam). Insistió en que estas escuelas recibieran a niños de todas las castas y condiciones sociales, afirmando que cada alma humana posee una dignidad inviolable ante Dios.
Sin embargo, su mayor regalo fue entregado directamente a la Iglesia doméstica.
El Padre Chavara escribió el Chavarul (Testamento de un Padre Amoroso), una de las primeras guías prácticas escritas específicamente para la vida familiar católica. En este proyecto espiritual, ofreció consejos claros y paternales para la vida cotidiana: la oración familiar constante, el respeto mutuo entre esposos, la caridad desinteresada hacia los necesitados y la cuidadosa formación moral de los hijos.
En el centro de todas sus obras había dos fundamentos espirituales: una profunda devoción a la Sagrada Eucaristía y un tierno amor por Nuestra Santísima Madre. Introdujo la recitación diaria del Santo Rosario en los hogares católicos e instituyó las Cuarenta Horas de Adoración Eucarística para reunir a parroquias enteras de rodillas ante el Señor. Al poner el Rosario en las manos de padres e hijos, les mostró que una familia protegida bajo el manto de Nuestra Señora podía resistir cualquier división cultural o dificultad.
San Kuriakose Elias Chavara nos recuerda que la renovación de la fe y la defensa de la dignidad humana comienzan alrededor de la mesa familiar. Cuando nuestros hogares están arraigados en la oración diaria y guiados por las virtudes del Evangelio, se convierten en faros radiantes de la paz de Cristo.
Siguiendo el espíritu de San Kuriakose Elias Chavara, nosotros también observaremos 40 horas santas de Adoración Eucarística como preparación para el Rosario Mundial por la Paz, el 22 de octubre. Mientras nos preparamos para este día histórico, recemos diariamente el Santo Rosario, encontremos fortaleza en grandes hombres y mujeres santos como San Kuriakose y pidamos a Nuestra Señora que convierta nuestros hogares en verdaderos santuarios de fe, educación y reconciliación.
San Kuriakose Elias Chavara, ruega por nosotros. Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, alcancen la paz para nuestro mundo. A través de las oraciones del Rosario, oremos como Jesús nos enseñó, busquemos la intercesión maternal y universal de María y crezcamos en virtud.
Ahora mismo, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Hijo Divino, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos están la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese regalo en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese regalo de las manos de tu Madre.
A través del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. Nunca perdamos la esperanza de que ella desea hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.
Semana 2 – El Rosario como escudo de la familia, 1860 – 1890

Beato Michael McGivney
27 de agosto de 2026
USA
Al acercarse el final del siglo XIX, Estados Unidos estaba experimentando una enorme transformación social e industrial. Mientras las fábricas crecían rápidamente, los hogares de la clase trabajadora soportaban una pesada carga. Un simple accidente laboral o una enfermedad podía dejar a una viuda sin recursos y enviar a sus hijos al cuidado del Estado. Para las familias católicas inmigrantes que enfrentaban prejuicios y pobreza, el hogar se encontraba profundamente vulnerable.
En medio de esa realidad, Dios puso a Michael McGivney.
El mayor de trece hijos de padres inmigrantes irlandeses, Michael vivió estas dificultades en carne propia. Cuando su padre murió repentinamente, interrumpió sus estudios en el seminario para regresar a casa y ayudar a su familia a salir adelante. Aquella prueba forjó su corazón de pastor. Más tarde, como joven sacerdote en la Iglesia de Santa María en New Haven, Connecticut, conocía a sus feligreses por su nombre y se planteaba una pregunta urgente: ¿Cómo puede la Iglesia ayudar a las familias a permanecer unidas, seguras y firmes en su fe?
El Padre McGivney comprendió que la oración necesitaba ir acompañada de una caridad concreta, y que el apoyo material necesitaba tener como fundamento la fe. En 1882, en el sótano de la Iglesia de Santa María, reunió a un pequeño grupo de laicos para fundar los Caballeros de Colón. Esta organización se convirtió en un escudo para la familia, brindando protección económica a viudas y huérfanos, al mismo tiempo que invitaba a los hombres a vivir una auténtica fraternidad, la caridad y un liderazgo espiritual dentro del hogar.
El Beato Michael McGivney nos recuerda que la obra de renovación de Dios se desarrolla alrededor de las mesas de nuestras familias cuando estas eligen el amor sacrificial en lugar del aislamiento. La verdadera paz comienza en el hogar cuando los esposos se perdonan y los padres y los hijos oran juntos.
Mientras nos preparamos para el Rosario Mundial por la Paz, comencemos de manera sencilla: reúne a tu familia, toma el Rosario entre tus manos y pídele a Cristo que comience su obra de paz justo bajo tu propio techo.
Beato Michael McGivney, ruega por nosotros. Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de los océanos y de las lenguas, alcancen la paz para nuestro mundo. A través de las oraciones del Rosario, oremos como Jesús nos enseñó, busquemos la intercesión maternal y universal de María y crezcamos en virtud.
Ahora mismo, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Hijo Divino, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese regalo en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese regalo de las manos de tu Madre.
A través del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. No perdamos nunca la esperanza de que ella desea hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

Papa León XIII
28 de agosto de 2026
Italy
A medida que el mundo cambiaba y se preparaba para un nuevo siglo, la vida cotidiana dio un giro dramático. La Revolución Industrial hizo mucho más que reemplazar las herramientas manuales por máquinas de vapor; cambió la manera en que la sociedad valoraba al ser humano. Para los trabajadores de las fábricas, las jornadas agotadoras apenas les permitían salir adelante. Si alguien se lesionaba o disminuía su ritmo, el sistema lo hacía a un lado y seguía adelante. Para las familias rurales hacinadas en viviendas urbanas abarrotadas, el ritmo fundamental del hogar se derrumbó rápidamente bajo ese paso implacable.
Tan solo una generación antes, la vida todavía estaba directamente ligada a la tierra. Las personas veían la providencia de Dios cuando la lluvia regaba sus cultivos y confiaban en Su fidelidad con cada amanecer. El mundo físico era visto como una ventana abierta hacia lo sobrenatural. Pero a medida que el racionalismo frío y el humo de las fábricas se instalaron, esa conciencia espiritual comenzó a desvanecerse, dejando a los hogares expuestos a una cultura secular.
Ese era el mundo al que Gioacchino Pecci llegó como el papa León XIII.
El papa León XIII nunca fue enemigo del verdadero progreso, pero veía claramente las falsas promesas de su tiempo. Comprendía el daño espiritual causado al despojar al trabajador de su dignidad, lo que lo convirtió en uno de los mayores defensores de la familia en la historia moderna. Sabía que el enemigo no necesitaba derrotar a la Iglesia abiertamente; Cristo ya había prometido que las puertas del infierno no prevalecerían. La verdadera amenaza era más silenciosa: borrar lo sobrenatural de la vida cotidiana y tratar a los seres humanos como simples cifras en un libro contable.
Advirtió que el mundo estaba siendo empujado hacia un falso dilema: un capitalismo sin límites que veía a los trabajadores como piezas desechables y un socialismo de Estado que absorbía al individuo. El papa León denunció ambos como trampas igualmente peligrosas, porque los dos desviaban el propósito del ser humano lejos de Dios y lo entregaban a sistemas mundanos.
Su respuesta fue la «Tercera Vía» de la Iglesia. No existimos para servir a una maquinaria económica ni a un Estado absoluto. Una persona trabaja para cuidar de su familia y dar gloria a Dios. A través de 88 encíclicas, hizo sonar la alarma para prevenir las tormentas morales que esperaban al siglo XX.
En el centro de su solución pastoral se encontraba el Santo Rosario. Durante quince años, el «Papa del Rosario» escribió doce encíclicas dedicadas a esta santa práctica. No le interesaba la teoría académica abstracta; quería que el Rosario se rezara alrededor de la mesa de la cocina. Consideraba el hogar como la primera línea de defensa contra el enemigo, sabiendo que la verdadera renovación espiritual comienza cuando padres e hijos se arrodillan juntos para orar en casa.
Esa visión provocó una reacción en cadena. El beato Michael McGivney dio un paso al frente para proteger a las viudas inmigrantes pobres, Frank Duff dirigió la Legión de María por las deterioradas calles de Dublín, el padre Patrick Peyton llenó estadios proclamando que «La familia que reza unida permanece unida», y san Juan Pablo II dedicó su pontificado a defender la santidad de la vida humana.
Nuestro Santo Padre, el papa León XIV, tomó su nombre papal para continuar precisamente esa misión. Retomando la antorcha del papa León XIII, se enfrenta a una era digital que reduce las almas vivas a un algoritmo, llamando a nuestras familias a regresar a la sala para orar.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena para el Rosario Global por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de los océanos y los idiomas, alcancen la paz para nuestro mundo. Por medio de las oraciones del Rosario, oramos como Jesús nos enseñó, buscamos la intercesión maternal universal de María y crecemos en virtud.
En este momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De Su Divino Hijo, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese regalo en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese regalo de las manos de tu Madre.
Por medio del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo anteriormente. Nunca perdamos la esperanza de que ella desea hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Global por la Paz.

Antigua Orden de los Hibernios (AOH)
29 de agosto de 2026
USA
Aunque san Luis María de Montfort recorrió los caminos del oeste de Francia a principios del siglo XVIII, su voz no llegó verdaderamente a la Iglesia universal sino hasta más de un siglo después de su muerte. Antes de morir en 1716, previó que las fuerzas de las tinieblas ocultarían sus escritos en el silencio de un cofre de roble para impedir que las almas descubrieran su devoción a nuestra Santísima Madre. Esa predicción se cumplió literalmente: su obra maestra manuscrita, Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen, permaneció olvidada en Saint-Laurent-sur-Sèvre hasta que fue descubierta nuevamente en 1842.
Su impacto mundial surgió entre 1860 y 1890. Cuando el padre Frederick William Faber tradujo el texto al inglés en 1862, el mensaje de Luis de Montfort llegó en un momento decisivo. Mientras la industrialización fracturaba la vida familiar tradicional y el secularismo presionaba sobre el santuario del hogar, su sabiduría redescubierta resonó en todo un mundo católico que ya había sido conmovido por las apariciones de Nuestra Señora en Lourdes y Knock. También reforzó las históricas encíclicas del papa León XIII que invitaban a las familias a volver al Rosario.
Toda su espiritualidad gira en torno a una convicción: Ad Jesum per Mariam… a Jesús por María. Enseñaba que, debido a que Dios eligió entrar en la historia humana por medio de María, el camino más seguro de la humanidad hacia Cristo es a través de aquella que lo trajo al mundo. Luis de Montfort ilustró esta transformación mediante la imagen de un escultor. Un artesano puede pasar largos y agotadores años golpeando bronce frío con resultados inciertos, o puede verter metal fundido en un molde perfecto y producir una imagen impecable en un instante. María es ese molde divino, formado por el Espíritu Santo. Cuando una familia pone en sus manos sus luchas diarias, sus preocupaciones y sus heridas, ella las transforma a imagen de su Hijo, realizando interiormente aquello que la voluntad humana por sí sola no puede alcanzar.
En su labor misionera por los campos de Francia, Luis de Montfort fue testigo de cómo los hogares se desmoronaban a causa del abandono y las dificultades, y su respuesta fue directa: plantar la Cruz y poner el Rosario en las manos de padres e hijos. Sabía que la oración comunitaria dentro del hogar poseía un poder único para sanar las divisiones familiares y resistir la decadencia cultural. Cuando una familia se reúne de rodillas para rezar los misterios del Rosario, establece un perímetro espiritual alrededor de su hogar, santificando la vida cotidiana y convirtiendo la casa en una fortaleza doméstica. Este mensaje perdurable fue llevado a nuestra época moderna por grandes apóstoles del Rosario, entre ellos san Juan Pablo II, santa Teresa de Calcuta, el venerable Patrick Peyton y el venerable Fulton Sheen, próximo a ser santo.
Miró más allá de su propia época y previó a los «Apóstoles de los Últimos Tiempos», creyentes cuya fortaleza espiritual dependería de una entrega total a Nuestra Señora. Ese legado dio forma a la historia moderna, desde las revelaciones de Lourdes y Knock hasta el urgente llamado de Fátima a rezar diariamente el Rosario en familia como camino hacia la paz. Décadas más tarde, el papa Juan Pablo II llevó al escenario mundial el lema personal de san Luis de Montfort, Totus Tuus, demostrando que la entrega a María puede conducir a las naciones y a las familias a través de sus pruebas más oscuras.
Hoy somos nosotros quienes estamos invitados a vivir esa misión; comenzando simplemente por tomar nuestro Rosario e invitar a nuestras familias, amigos y compañeros de trabajo a unirse al Rosario Global por la Paz.
San Luis de Montfort, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena para el Rosario Global por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de los océanos y los idiomas, alcancen la paz para nuestro mundo. Por medio de las oraciones del Rosario, oramos como Jesús nos enseñó, buscamos la intercesión maternal universal de María y crecemos en virtud.
En este momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De Su Divino Hijo, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese regalo en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese regalo de las manos de tu Madre.
Por medio del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo anteriormente. Nunca perdamos la esperanza de que ella desea hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Global por la Paz.

Beata Victoria Rasoamanarivo
30 de agosto de 2026
Madagascar
En 1883, la beata Victoire Rasoamanarivo, conocida como la Madre de la Iglesia en Madagascar, perseveró en la defensa de la fe católica en medio de la opresión política. Tras el conflicto franco-malgache, las reuniones católicas fueron prohibidas, al igual que las iglesias y otras instituciones. Sin embargo, algunas personas, entre ellas Victoire, ignoraron estas prohibiciones y continuaron viviendo su fe de manera pacífica. Ella se encargó de dirigir «L’Union Catholique», un movimiento de espiritualidad mariana. En 1886, los misioneros regresaron al país y Victoire se dedicó a innumerables obras de caridad en favor de los pobres y de las personas enfermas de lepra.
El papa Francisco, al visitar su tumba, declaró: «Su testimonio de amor por esta tierra y sus tradiciones, su servicio a los pobres como signo de su fe en Jesucristo, nos muestran el camino que también nosotros estamos llamados a seguir».
La beata Victoire nació en Antananarivo en 1848, dentro de una de las familias más poderosas del país. Fue educada según las creencias indígenas de sus antepasados. Pero cuando, en 1861, algunos misioneros jesuitas franceses llegaron a Madagascar, la joven se inscribió en la escuela de la misión y en 1863 fue bautizada. Sus padres reaccionaron inscribiéndola en una escuela protestante. Cuando eso no funcionó, amenazaron con repudiarla.
Aunque se sentía atraída por la vida religiosa, sus padres arreglaron su matrimonio con un oficial de alto rango del ejército, quien era además su primo. Él era un hombre violento, mujeriego y alcohólico. Sus amigos la animaban constantemente a divorciarse de él, pero ella se negó y afirmó que el matrimonio era un sacramento sagrado que nunca podía romperse. Todos los días oraba continuamente por la conversión de su esposo. Antes de morir, su esposo le pidió perdón y fue bautizado.
Después de esto, dedicó el resto de sus años a cuidar de los pobres, los enfermos y los prisioneros, entregándose por completo a la oración. En 1890, su salud comenzó a deteriorarse y murió el 21 de agosto de 1894, a la edad de 46 años.
Mientras nos preparamos para el Rosario Global por la Paz, toma tu Rosario con esa misma firme determinación. Pide a Nuestra Señora que proteja nuestros hogares, sostenga nuestros matrimonios y lleve la paz de Cristo a nuestro mundo.
Beata Victoire Rasoamanarivo, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena para el Rosario Global por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de los océanos y los idiomas, alcancen la paz para nuestro mundo. Por medio de las oraciones del Rosario, oramos como Jesús nos enseñó, buscamos la intercesión maternal universal de María y crecemos en virtud.
En este momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De Su Divino Hijo, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese regalo en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese regalo de las manos de tu Madre.
Por medio del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo anteriormente. Nunca perdamos la esperanza de que ella desea hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Global por la Paz.

San José Gabriel del Rosario Brochero
31 de agosto de 2026
Argentina
En lo alto de las montañas de Córdoba, Argentina, miles de familias vivían antaño completamente olvidadas. Traslasierra era un territorio implacable: sin caminos, sin escuelas y con senderos escarpados que aislaban valles enteros del acceso a los sacramentos. Las autoridades de Buenos Aires consideraban aquella región apartada como una tierra sin valor económico, dejando a los pobres trabajadores rurales, gauchos y marginados a su propia suerte. En 1869, la Iglesia envió a un sacerdote diocesano recién ordenado a aquel aislamiento: el padre José Gabriel del Rosario Brochero.
Conocido simplemente como el Cura Brochero, se negó a ejercer su ministerio desde detrás de un escritorio. Envuelto en un gastado poncho de lana, montaba a su mula, Malacara, y pasó cuarenta años atravesando ríos y senderos helados para llegar a hogares remotos. Si una familia lloraba la enfermedad de un hijo o estaba atrapada en una antigua enemistad de sangre, Brochero llegaba hasta su puerta.
Comprendía que el cuidado pastoral significaba atender las necesidades de la vida diaria junto con las del alma. El aislamiento extremo estaba destruyendo a las familias desde dentro. Para ayudarlas, Brochero organizó a los trabajadores locales para construir cerca de 320 kilómetros de caminos de montaña, abrir escuelas para niñas y excavar canales de riego. Les decía claramente que el duro trabajo físico no era un castigo destinado a enriquecer a los grandes terratenientes, sino una manera honrada de sostener el hogar y dar gloria a Dios.
Aun así, nunca confundió los proyectos civiles con su sacerdocio. Los caminos y las rutas postales nunca podrían, por sí solos, sanar un corazón herido.
La conversión era el verdadero corazón de su misión. A través de las montañas, organizó retiros de una semana basados en los Ejercicios Espirituales de san Ignacio. Brochero guiaba personalmente caravanas de rudos gauchos y campesinos en difíciles viajes de tres días a través de tormentas de nieve hasta Córdoba y, más tarde, hasta una casa de retiros que construyó con sus propias manos en Villa del Tránsito. Más de 70,000 personas participaron en aquellos retiros silenciosos a lo largo de su vida. Hombres conocidos por su violencia regresaban transformados a sus valles, reconciliándose con sus esposas y retomando su lugar en la vida de sus hijos.
Brochero fundamentó todo esto en el Santo Rosario. Con las cuentas del rosario sobre su pecho y sus dedos recorriendo los misterios mientras cabalgaba por la sierra, enseñaba a su pueblo que Nuestra Señora era la guardiana constante del hogar. Transformó ranchos con pisos de tierra en lugares de oración diaria, recordando a los padres que la paz en sus escarpados valles comienza justo bajo su propio techo.
Incluso cuando su salud se deterioró, Brochero nunca se detuvo. Mientras visitaba a los enfermos, finalmente contrajo la lepra al compartir mate con los más necesitados. Ciego y sordo durante sus últimos años, pasó sus últimos días en oración silenciosa, sosteniendo su crucifijo y su gastado rosario hasta su muerte en 1914.
La vida de Brochero muestra lo que sucede cuando el Evangelio llega a las periferias para fortalecer a la Iglesia doméstica: las comunidades heridas comienzan a sanar.
Necesitamos ese mismo valor pastoral hoy. Nuestro Santo Padre, el papa León XIV, ha desafiado continuamente a los católicos comunes a salir de sus rutinas cómodas y proteger sus hogares del abandono espiritual moderno. Así como el Cura Brochero recorrió las montañas para arraigar a las familias en Cristo, nosotros estamos llamados a recuperar nuestros hogares del ruido de nuestra época mediante la oración diaria.
Mientras nos preparamos para el Rosario Mundial por la Paz, tomemos nuestro rosario con ese mismo celo incansable. Pidamos a Nuestra Señora que proteja nuestros hogares, sane nuestras comunidades y lleve la paz de Cristo a nuestro mundo.
San José Gabriel del Rosario Brochero, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena para el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de los océanos y los idiomas, alcancen la paz para nuestro mundo. Por medio de las oraciones del Rosario, oramos como Jesús nos enseñó, buscamos la intercesión maternal universal de María y crecemos en la virtud.
En este momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. Por medio de su Divino Hijo, ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese regalo en sus manos, esperando que lo recibas.
Recibe ese regalo de las manos de tu Madre.
Por medio del Rosario, la intercesión de María ya ha llevado la paz al mundo antes. Nunca perdamos la esperanza de que ella desea hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

Santa María MacKillop
1 de septiembre de 2026
Australia
En todo el interior de Australia, las familias trabajadoras vivían dispersas a lo largo de miles de kilómetros de zonas áridas y cubiertas de matorrales. Los asentamientos mineros aislados, los campamentos ferroviarios y las estaciones de cría de ovejas no tenían escuelas ni una vida religiosa regular. Las autoridades coloniales trataban a estos niños como una clase invisible, dejándolos con pocas esperanzas de escapar de la pobreza heredada de generación en generación.
En 1866, santa Mary MacKillop decidió cambiar esa realidad.
Trabajando junto al padre Julian Tenison-Woods, Mary fundó a las Hermanas de San José del Sagrado Corazón, conocidas en todo el campo como las «Brown Joeys». En lugar de permanecer detrás de los muros de los conventos en las grandes ciudades, Mary envió a sus hermanas directamente al polvo y al calor del interior del país. Viajando a caballo y en diligencia, establecieron aulas gratuitas en sencillas chozas de madera y tiendas de campaña de lona, enseñando a leer y a rezar a niños que nunca habían sostenido un libro.
Mary sabía que ayudar a un niño significaba proteger también a la familia que estaba detrás de él. Cuando los hogares rurales sufrían los efectos de la sequía o de una enfermedad repentina, las hermanas intervenían para cuidar a los enfermos y acoger a los huérfanos. Mary se negaba a cobrar cuotas escolares, insistiendo en que la educación básica pertenecía a todos los niños, no solamente a los ricos.
Ese trabajo provocó una fuerte oposición por parte de las autoridades locales. Cuando Mary descubrió casos de abuso infantil y se resistió a los intentos del clero local por tomar el control de sus escuelas, su obispo tomó represalias excomulgándola injustamente en 1871. Mary soportó aquel aislamiento sin amargura, orando en silencio y perdonando a quienes la acusaban, mientras permanecía al lado de las familias que dependían de ella. Unos meses después, en su lecho de muerte, el obispo levantó por completo la sanción.
Durante todas esas pruebas, Mary se apoyó profundamente en el Santo Rosario. Llevando su rosario entre los remotos campamentos del interior, les recordaba constantemente a los padres que la oración bajo su propio techo era el verdadero fundamento de la paz. Recordaba a las madres y padres que luchaban en medio de las dificultades que Dios nunca abandona un hogar en tiempos de sufrimiento, animándolos a reunir a sus hijos y llevar sus preocupaciones ante Nuestra Señora.
Incluso después de que un derrame cerebral la confinara a una silla de ruedas, Mary continuó dirigiendo sus escuelas desde un escritorio hasta su muerte en Sídney en 1909.
Su testimonio demuestra lo que sucede cuando la Iglesia llega directamente a los rincones olvidados de la sociedad: la Iglesia doméstica encuentra un fundamento firme y las comunidades heridas comienzan a sanar.
Ese mismo valor es necesario hoy. Nuestro Santo Padre, el papa León XIV, ha llamado a los católicos comunes a defender sus hogares contra el aislamiento y el abandono del mundo moderno. Así como santa Mary MacKillop atravesó el interior de Australia para proteger a las familias vulnerables, nosotros también estamos llamados a fortalecer nuestros propios hogares mediante la oración diaria.
Mientras nos preparamos para el Rosario Mundial por la Paz, tomemos nuestro rosario con esa misma determinación serena. Pidamos a Nuestra Señora que proteja a nuestras familias y lleve la paz de Cristo a nuestro mundo.
Santa Mary MacKillop, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena para el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de los océanos y los idiomas, alcancen la paz para nuestro mundo. Por medio de las oraciones del Rosario, oramos como Jesús nos enseñó, buscamos la intercesión maternal universal de María y crecemos en la virtud.
En este momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. Por medio de su Divino Hijo, ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese regalo en sus manos, esperando que lo recibas.
Recibe ese regalo de las manos de tu Madre.
Por medio del Rosario, la intercesión de María ya ha llevado la paz al mundo antes. Nunca perdamos la esperanza de que ella desea hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

Nuestra Señora de Knock
2 de septiembre de 2026
Ireland
Al acercarse el final del siglo XIX, Estados Unidos estaba experimentando una enorme transformación social e industrial. Mientras las fábricas crecían rápidamente, los hogares de la clase trabajadora soportaban una pesada carga. Un simple accidente laboral o una enfermedad podía dejar a una viuda sin recursos y enviar a sus hijos al cuidado del Estado. Para las familias católicas inmigrantes que enfrentaban prejuicios y pobreza, el hogar se encontraba profundamente vulnerable.
Semana 3 – Testimonio mundial de los valores familiares, 1885 – 1915

San Carlos Lwanga y los Mártires de Uganda
3 de septiembre de 2026
Uganda
En la primavera de 1886, una violenta tormenta se desató sobre la corte real de Buganda, en la actual Uganda. El rey Mwanga II había heredado el trono de un reino que de repente se encontraba en conflicto con las potencias coloniales europeas y los misioneros cristianos. Volátil y paranoico, Mwanga veía la rápida expansión de la fe católica como una traición a su autoridad real. Cuando los servidores católicos que trabajaban en el palacio se negaron a participar en las ceremonias corruptas de la corte y rechazaron los avances ilícitos del rey, Mwanga les dio un ultimátum: renunciar a Jesucristo o ser quemados vivos.
Esperaba que unos adolescentes asustados cedieran ante la amenaza. En cambio, se encontró con San Carlos Lwanga.
Carlos era el encargado de los pajes reales y había asumido el liderazgo después de que el principal consejero católico, San José Mukasa, fuera decapitado por orden del rey meses antes. Al darse cuenta de que los guardias del palacio estaban a punto de detener a todos los cristianos del recinto, Carlos actuó rápidamente. Esa misma noche, a puerta cerrada, derramó en secreto agua sobre la cabeza de los catecúmenos, entre ellos San Kizito, de catorce años, bautizándolos para que pudieran enfrentar lo que estaba por venir.
Cuando el rey reunió a la corte a la mañana siguiente y exigió que cada cristiano se identificara, Carlos dio un paso al frente primero. Los pajes más jóvenes se formaron justo detrás de él. Ninguno de ellos retrocedió. La corte real los condenó a muerte y los hizo caminar treinta y siete millas hasta el lugar de ejecución en Namugongo, golpeándolos a lo largo del camino mientras los jóvenes cantaban himnos católicos.
En Namugongo, los verdugos envolvieron a los jóvenes en esteras tejidas de juncos y los amontonaron sobre una enorme hoguera. Carlos fue elegido para morir lentamente sobre las brasas ardientes, con la esperanza de que los muchachos más jóvenes se quebraran y renunciaran a su fe. Mientras el fuego le quemaba las piernas, miró directamente a su verdugo y le dijo con calma: «Me quemas, pero es como si derramaras agua fresca sobre mis pies. Arrepiéntete y conviértete en cristiano.» Ni uno solo de los muchachos cedió. Murieron rezando en voz alta hasta que el humo apagó sus voces.
Mwanga suponía que al ejecutar a aquellos pajes acabaría con la Iglesia en África Oriental antes de que pudiera echar raíces. En cambio, encendió un fuego que jamás se extinguirá.
Hoy, África se ha convertido en el corazón vibrante de la Iglesia universal, y Uganda es una prueba viva de esa vitalidad. Mientras las parroquias más antiguas de Occidente luchan con bancas vacías, la fe en Uganda es firme y sin disculpas. Cada 3 de junio, multitudes de peregrinos recorren largos caminos a pie hasta Namugongo para honrar a sus mártires. Uganda envía sacerdotes a misiones en otros países, llena sus seminarios y lleva nuevamente el fuego apostólico a la Iglesia universal.
Esa valentía es precisamente la razón por la que las familias de Uganda son fundamentales para el Rosario Mundial por la Paz.
En una cultura digital ruidosa donde las familias se están distanciando, la Iglesia africana conserva una verdad que el mundo moderno ha olvidado en gran medida: la fe sobrevive cuando se practica en el hogar. Hoy, el Rosario es un escudo en los hogares y en las aldeas de Uganda, donde padres e hijos se arrodillan juntos cada noche para poner sus vidas en las manos de Nuestra Señora.
Su participación traerá un verdadero poder espiritual a este movimiento mundial que une a miles de hogares en los cinco continentes. Su alegre testimonio nos recuerda que un hogar de rodillas no puede ser dividido cuando está arraigado en la oración familiar.
Nuestro Santo Padre, el Papa León XIV, ha invitado a los católicos comunes a alejarse de las distracciones modernas y reconstruir la Iglesia doméstica. San Carlos Lwanga y sus jóvenes compañeros demostraron que los jóvenes comunes pueden enfrentarse al poder absoluto del mundo cuando sus corazones pertenecen a Dios.
Mientras nos preparamos para el Rosario Mundial por la Paz, toma tu rosario con esa misma valentía. Reúne a tu familia, arrodíllense juntos y pide a los Mártires de Uganda que intercedan por nuestros hogares y obtengan la paz para nuestro mundo.
San Carlos Lwanga y los Mártires de Uganda, rueguen por nosotros.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, obtengan la paz para nuestro mundo. Por medio de las oraciones del Rosario, oremos como Jesús nos enseñó, busquemos la intercesión maternal universal de María y crezcamos en virtud.
En este mismo momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Hijo Divino, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese regalo en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese regalo de las manos de tu Madre.
Por medio del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. Nunca perdamos la esperanza de que ella está deseosa de hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

Hijas Católicas de las Américas
4 de septiembre de 2026
USA / Global
Las Hijas Católicas de las Américas (CDA) comenzaron en Utica, Nueva York, en 1903. John E. Carberry y un pequeño grupo de Caballeros de Colón las fundaron como una organización fraternal católica para mujeres, dedicada a la caridad, la ayuda mutua y el patriotismo. En aquella época, millones de familias dejaban las granjas y se mudaban a las ruidosas ciudades industriales. La vida era difícil. Con largas jornadas de trabajo en las fábricas y presupuestos muy ajustados en el hogar, las familias enfrentaban una gran presión. Las mujeres católicas simplemente no contaban con una organización nacional propia que pudiera intervenir, apoyar a las familias y poner su fe al servicio de los demás. Originalmente llamadas la «Orden Nacional de las Hijas de Isabel», eligieron «Unidad y Caridad» como lema y, en 1921, adoptaron formalmente el nombre de Hijas Católicas de las Américas.
Su labor siempre ha estado arraigada en dos pilares: Espiritualidad y Servicio. Hoy, las Hijas Católicas son la organización de voluntarias católicas más grande del país, con 53,000 integrantes. Con María como modelo, trabajan en parroquias y comunidades, manteniendo la vida familiar en el centro de su misión a través de su programa Circle of Love y de sus muchos años de colaboración con Holy Cross Family Ministries.
Esta relación con Holy Cross Family Ministries se remonta directamente a los primeros años de la cruzada del Rosario en Familia del Padre Patrick Peyton. En 1948, el Padre Peyton intentaba llevar su misión a las ondas de radio, pero se había quedado completamente sin dinero. Las Hijas Católicas intervinieron de inmediato. Le entregaron el cheque de $20,000 que necesitaba para producir su primer programa de radio sobre los misterios del Rosario. Ese donativo llevó al Padre Peyton a la radio a nivel nacional y dio impulso a un movimiento mundial que llegó a millones de hogares.
Durante setenta y ocho años, Holy Cross Family Ministries y las Hijas Católicas han trabajado lado a lado para ayudar a las familias a mantener la tradición de rezar juntas el Rosario. El Rosario Mundial por la Paz continúa esa misión, llevando el trabajo de la radio de antaño al espacio digital. A través de las parroquias locales y las redes comunitarias, estamos reuniendo en línea a 250,000 corazones para rezar por la paz.
Mientras nos preparamos para el Rosario Mundial por la Paz, toma tu rosario con esa misma determinación serena. Pide a Nuestra Señora que cuide nuestros hogares y lleve la paz de Cristo a nuestro mundo.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, obtengan la paz para nuestro mundo. Por medio de las oraciones del Rosario, oremos como Jesús nos enseñó, busquemos la intercesión maternal universal de María y crezcamos en virtud.
En este mismo momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Hijo Divino, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese regalo en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese regalo de las manos de tu Madre.
Por medio del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. Nunca perdamos la esperanza de que ella está deseosa de hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

Santa María Goretti
5 de septiembre de 2026
Italy
En las tierras bajas de Ferriere di Conca, al sur de Roma, la vida cotidiana era difícil. Las familias pobres que trabajaban como arrendatarias en el campo soportaban largas jornadas bajo un sol implacable, mientras vivían con la constante amenaza de la malaria y deudas que nunca podían terminar de pagar. Cuando Luigi Goretti murió a causa de la fiebre de los pantanos, dejó a una viuda y seis hijos pequeños prácticamente sin nada. Su hija de once años, María, se apresuró a ayudar a su familia afligida. Mientras su madre, Assunta, se hacía cargo del pesado trabajo del campo desde el amanecer hasta el anochecer, María se encargaba de la casa. Lavaba la ropa, cocinaba los pocos alimentos que tenían y cuidaba a sus hermanos menores. Nadie en la casa sabía leer, pero todas las noches, sin falta, la familia se arrodillaba junta en el suelo para rezar el Rosario.
Esa fe pronto fue puesta a prueba por un joven mayor llamado Alessandro Serenelli, quien compartía la casa de campo que tenían rentada. Inquieto, resentido y alimentado por novelas baratas y violentas, comenzó a acorralar a María con amenazas vulgares cada vez que estaban solos. Ella lo rechazaba tajantemente cada vez, manteniendo el acoso en secreto porque sabía que el temperamento de Alessandro fácilmente podía terminar en un derramamiento de sangre entre sus familias.
El 5 de julio de 1902, Alessandro la encontró sola mientras remendaba ropa. La arrastró al interior, sacó un punzón de acero afilado y amenazó con matarla en ese mismo momento. María luchó con todas sus fuerzas y gritó: «¡No, Alessandro, es un pecado! ¡Irás al infierno!» Cegado por la rabia al ser rechazado, Alessandro la atacó y la apuñaló catorce veces.
Su familia la llevó de inmediato siete millas por caminos de tierra hasta el hospital de Nettuno. María vivió otras veinte horas con un dolor terrible, el tiempo suficiente para recibir los Últimos Sacramentos. Mientras agonizaba, mirando el crucifijo en la pared, el sacerdote le preguntó si podía perdonar al joven que la había atacado. María respondió sin dudar: «Sí, por amor a Jesús lo perdono y quiero que esté conmigo en el cielo para siempre.» A la tarde siguiente, aferrada a una medalla de Nuestra Señora, murió.
Durante su juicio, Alessandro no mostró ningún remordimiento y fue condenado a treinta años de trabajos forzados. Pero las últimas palabras de María permanecieron en su corazón. Después de años de amarga rebeldía tras las rejas, se quebrantó por completo y experimentó una conversión total después de tener un sueño en el que María se le apareció y le entregó lirios blancos. El día que salió de prisión, fue directamente con la madre de María, Assunta, se arrojó al suelo y le suplicó misericordia. Assunta respondió sencillamente: «Si María te perdonó, ¿quién soy yo para guardar rencor?» La mañana de Navidad, los dos se arrodillaron uno junto al otro ante el comulgatorio de la parroquia para recibir la Sagrada Comunión. Alessandro pasó el resto de su vida como humilde hermano laico en un monasterio capuchino, haciendo penitencia hasta su muerte.
María Goretti muestra lo que sucede cuando una niña crece en un hogar lleno de fe. Su valentía se formó precisamente en el suelo de aquella casa de campo en ruinas, a través de la oración diaria. Defendió su dignidad, pero su último acto de perdón hizo algo aún más grande: rompió un ciclo de violencia y ayudó a que un alma perdida regresara a Dios.
Nuestro Santo Padre, el Papa León XIV, ha invitado a los católicos comunes a construir un muro de protección alrededor del hogar y recuperar a la familia del abandono moderno. Así como María encontraba fortaleza en las cuentas del rosario que se rezaban en voz baja en aquella casa de campo, nosotros también debemos reunir a nuestros hijos para la oración diaria.
Mientras nos preparamos para el Rosario Mundial por la Paz, toma tu rosario con ese mismo amor intenso y lleno de perdón. Lleva a tu familia ante el Señor y pide a Nuestra Señora que proteja nuestros hogares y obtenga la paz para nuestro mundo.
Santa María Goretti, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, obtengan la paz para nuestro mundo. Por medio de las oraciones del Rosario, oremos como Jesús nos enseñó, busquemos la intercesión maternal universal de María y crezcamos en virtud.
En este mismo momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Hijo Divino, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese regalo en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese regalo de las manos de tu Madre.
Por medio del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. Nunca perdamos la esperanza de que ella está deseosa de hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

Santa Josefina Bakhita
6 de septiembre de 2026
Sudan
En la región de Darfur, al oeste de Sudán, una niña de siete años fue arrebatada de su familia por traficantes de esclavos. El impacto fue tan brutal que olvidó por completo su nombre de nacimiento. En una cruel burla, sus captores la llamaron Bakhita, una palabra árabe que significa «afortunada». Durante los siguientes doce años, caminó descalza durante kilómetros a través de desiertos abrasadores y fue vendida entre cinco amos diferentes.
Su esclavitud fue despiadada. La esposa de uno de sus amos hizo que le grabaran patrones directamente en la piel con una navaja: más de cien cortes por todo el cuerpo, rellenados con sal para asegurar cicatrices elevadas y permanentes. Llevaba marcas de azotes en la espalda y los hombros, y sus compradores la trataban como ganado, como si no tuviera alma.
Su vida cambió cuando fue vendida en Jartum a Callisto Legnani, un diplomático italiano que la trató con una bondad y humanidad básicas. Cuando los disturbios lo obligaron a regresar a Italia, Bakhita se fue con él. Mientras sus tutores italianos viajaban, Bakhita quedó bajo el cuidado de las Hermanas Canossianas en Venecia y allí vio un crucifijo por primera vez. Miró a Cristo y vio a un Dios que conocía en su propia carne la tortura y el abandono, pero que respondió con un amor puro. Cuando sus dueños regresaron y exigieron que preparara sus cosas para volver a África, Bakhita se negó a ir. Un tribunal italiano la respaldó y declaró que, como la esclavitud era ilegal tanto en Italia como en Sudán, ella había sido legalmente libre durante todo ese tiempo.
Una vez libre, Bakhita entregó su vida a Cristo. Bautizada como Josephine Margaret Fortunata, ingresó a las Hijas Canossianas de la Caridad y vivió los siguientes cuarenta y dos años en la ciudad de Schio, al norte de Italia.
Su vida en el convento era tranquila y sencilla. La Hermana Josephine se encargaba de cocinar, cuidaba la sacristía y atendía la puerta principal. Con una sonrisa cálida, recibía a los trabajadores que la visitaban y consolaba a los niños de la parroquia, ganándose el cariñoso apodo local de Madre Moretta, «nuestra Madrecita Morena». Cuando los vecinos le preguntaban cómo podía perdonar a los hombres que habían destrozado su cuerpo, daba una respuesta que dejaba a todos sin palabras: «Si me encontrara con quienes me secuestraron, e incluso con quienes me torturaron, me arrodillaría y besaría sus manos. Porque si estas cosas no hubieran sucedido, hoy no sería cristiana ni religiosa.»
Rara vez se la veía sin las cuentas de su Rosario entre los dedos. Al rezar los misterios junto a Nuestra Señora, Bakhita encontró una libertad más profunda que la de salir de unas cadenas físicas: la gracia sobrenatural para dejar atrás el resentimiento. Incluso en su lecho de muerte en 1947, mientras los viejos recuerdos del trauma regresaban y le pedía a la enfermera que aflojara sus pesadas cadenas, su último y tranquilo suspiro fue simplemente: «¡Nuestra Señora, Nuestra Señora!»
Su vida atraviesa directamente nuestros resentimientos modernos. Hoy, muchos hogares están atrapados en sus propias miserias silenciosas: esposos que se niegan a hablar, familias rotas que siguen alimentando viejas heridas y hogares que se han vuelto fríos a causa del resentimiento. Nuestro Santo Padre, el Papa León XIV, ha invitado a los católicos comunes a defender la Iglesia Doméstica y llevar nuevamente la misericordia de Cristo al hogar. Santa Josephine Bakhita nos muestra que la verdadera paz en la familia comienza en el momento en que alguien decide perdonar.
Mientras nos preparamos para el Rosario Mundial por la Paz, toma tu rosario con esa misma misericordia radical. Lleva a tu familia ante Dios y pide a Santa Josephine Bakhita que rece por nuestros hogares y sane las profundas heridas de nuestro mundo.
Santa Josephine Bakhita, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, obtengan la paz para nuestro mundo. Por medio de las oraciones del Rosario, oremos como Jesús nos enseñó, busquemos la intercesión maternal universal de María y crezcamos en virtud.
En este mismo momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Hijo Divino, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese regalo en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese regalo de las manos de tu Madre.
Por medio del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. Nunca perdamos la esperanza de que ella está deseosa de hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

Beato Isidoro Bakanja
7 de septiembre de 2026
DRC
En lo más profundo de los bosques de caucho del Estado Libre del Congo, los agentes coloniales del rey Leopoldo II mantenían un brutal sistema de trabajo forzado bajo la constante amenaza del látigo. Los pueblos eran desalojados y las familias separadas para cumplir con estrictas cuotas de caucho. En medio de aquel sufrimiento vivía un joven de la tribu boangi llamado Isidoro Bakanja.
Mientras trabajaba como aprendiz en Mbandaka, Isidoro conoció a unos misioneros trapenses. Atraído por la fe, fue bautizado en 1906 y tomó el nombre de San Isidoro el Labrador. Junto con las aguas del bautismo, recibió dos cosas de las que se negó a separarse: el Escapulario café de Nuestra Señora del Carmen, que llevaba abiertamente sobre el pecho, y su Rosario.
Isidoro pronto encontró trabajo como sirviente doméstico de un inspector de una compañía colonial en el remoto puesto de caucho de Ikili. El superintendente de la plantación, un agente anticatólico llamado Longange, despreciaba a la Iglesia. Menospreciaba a los nativos convertidos, convencido de que los trabajadores que aprendieran sobre la dignidad humana se negarían a seguir siendo maltratados. Longange ordenó a Isidoro que se quitara el Escapulario y dejara de enseñar a sus compañeros de trabajo a rezar el Rosario alrededor del fuego por las noches.
Isidoro se negó. Llegaba a tiempo, cumplía con sus tareas sin quejarse y mantenía la casa en orden, pero su alma pertenecía a Dios. Cuando Longange lo enfrentó y le exigió que se quitara aquel distintivo de tela, Isidoro se mantuvo firme: «Este es el hábito de María. No me lo voy a quitar».
Longange perdió el control. Hizo que sujetaran a Isidoro contra el suelo y lo azotaran con una chicotte —una pesada tira de piel de hipopótamo con bordes afilados como navajas, diseñada para desgarrar la piel—. Isidoro recibió más de doscientos golpes, hasta que su carne quedó desgarrada hasta el hueso. Cuando terminó la golpiza, Longange lo arrastró hasta un cobertizo vacío, le sujetó los pies con grilletes de hierro y lo dejó allí sin comida ni agua.
Días después, cuando un inspector colonial llegó a caballo a la plantación, Isidoro logró arrastrarse hasta unos arbustos junto al camino y se desplomó. Horrorizado por el olor de la gangrena y las heridas abiertas infestadas de gusanos, el inspector hizo que trasladaran a Isidoro a un poblado cercano, donde se aferró a la vida durante seis meses en medio de terribles dolores.
Durante ese tiempo, dos sacerdotes trapenses llegaron al poblado para darle los últimos sacramentos. Acostado sobre un petate tejido, con su Rosario entre las manos, Isidoro sorprendió al sacerdote misionero cuando este le preguntó si algún día podría perdonar al hombre que lo había golpeado: «Claro que sí, Padre. Cuando esté en el cielo, rezaré mucho por él». El 15 de agosto de 1909, en la fiesta de la Asunción, Isidoro murió con su Escapulario alrededor del cuello.
El beato Isidoro Bakanja era un trabajador sencillo que demostró que la verdadera fe no puede ser arrebatada por los hombres. Su Escapulario y su Rosario no eran amuletos; eran una muestra de que su corazón pertenecía a Jesús y a María.
Así como Isidoro reunía a sus amigos para rezar el Rosario después de una agotadora jornada de trabajo en los campos, nosotros también debemos reunir a nuestras familias para ponernos de rodillas en oración.
Mientras nos preparamos para el Rosario Mundial por la Paz, tomemos nuestro Rosario con esa misma serena determinación. Pidamos al beato Isidoro Bakanja que cuide de nuestras familias y obtenga de Cristo la paz para nuestro mundo.
Beato Isidoro Bakanja, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, obtengan la paz para nuestro mundo. Por medio de las oraciones del Rosario, oremos como Jesús nos enseñó, busquemos la intercesión maternal universal de María y crezcamos en virtud.
En este mismo momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Hijo Divino, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos está la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese regalo en sus manos, esperando que lo recibas.
Recibe ese regalo de las manos de tu Madre.
Por medio del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. Nunca perdamos la esperanza de que ella desea hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

Beato Ceferino Namuncurá
8 de septiembre de 2026
Argentina
Antes de ser conocido como el joven santo de los Salesianos, Ceferino Namuncurá nació como hijo de un legendario cacique de guerra mapuche. Su padre, Manuel, había liderado a su pueblo durante años de resistencia armada por las llanuras del sur de Argentina, hasta que las guerras de conquista del gobierno finalmente los obligaron a rendirse. Para cuando Ceferino nació en 1886, su tribu había depuesto las armas y estaba confinada en una región árida y desolada de las estribaciones. Su padre, ya anciano, comprendió que la antigua forma de luchar había llegado a su fin, pero que comenzaba otra batalla: su pueblo necesitaba educación y derechos legales para sobrevivir. Cuando Ceferino cumplió once años, su padre lo envió al norte, a Buenos Aires, con una sola misión: aprender el idioma y las leyes del hombre blanco para poder regresar y defender a su pueblo.
La vida en la ciudad fue un duro impacto. En su primera academia militar, Ceferino fue aislado, objeto de burlas por parte de otros estudiantes debido a sus raíces indígenas y pronto cayó enfermo. Su padre lo sacó de allí y lo llevó con los Salesianos al Colegio Pío IX, donde todo cambió.
Los Salesianos lo trataron con verdadera dignidad, y Ceferino se enamoró de su capilla. Pasaba horas en silencio frente al sagrario, cautivado por la vida de Domingo Savio, quien encontró la santidad en el cumplimiento sencillo de sus deberes diarios. Mientras los demás muchachos salían a jugar, Ceferino a menudo se quedaba con su Rosario. Cuando sus compañeros se burlaban de sus orígenes, nunca respondía con violencia ni se dejaba llevar por el resentimiento. En cambio, se ganó su cariño en el patio de recreo, enseñándoles a disparar con arco, compartiendo trucos de cartas y ayudando a detener las peleas.
Pronto, su ambición pasó de la política al sacerdocio. Como les decía a sus maestros: «Quiero estudiar para poder ser sacerdote y llevar el Evangelio de regreso a mi pueblo».
Al reconocer su inteligencia y su profunda vida de oración, el obispo Giovanni Cagliero lo aceptó como candidato al sacerdocio. Pero la salud de Ceferino no pudo mantenerse. Sus problemas pulmonares crónicos se convirtieron en tuberculosis, y los Salesianos lo enviaron a Italia, con la esperanza de que mejores médicos y un clima mediterráneo más suave pudieran salvarlo. En Roma conoció al papa Pío X, quien abrazó al joven patagónico y le dio una bendición paternal.
Ceferino se entregó de lleno a sus estudios en Frascati mientras la fiebre consumía su cuerpo, terminando discretamente entre los mejores de su clase sin quejarse. Cuando sus pulmones dejaron de responder, fue trasladado al Hospital Fatebenefratelli, en la Isla Tiberina. Pasando su Rosario entre los dedos, Ceferino murió a los dieciocho años, lejos de la Patagonia, ofreciendo su último aliento por la salvación de su pueblo.
Ceferino muestra a nuestros jóvenes que la santidad se construye con sencillos hábitos diarios: mantener la oración, permanecer junto a los amigos y aferrarse a Nuestra Señora. Se enfrentó a los prejuicios y a la enfermedad, pero nunca permitió que la amargura se apoderara de su corazón.
Nuestra cultura empuja a los niños hacia el cinismo y la adicción a las pantallas. Nuestro Santo Padre, el papa León XIV, ha exhortado continuamente a los padres a recuperar la Iglesia doméstica, mostrando a nuestros jóvenes que la verdadera grandeza nace de una vida de virtud escondida y oración. Así como Ceferino encontró su fortaleza en el Rosario y la Eucaristía lejos de casa, nuestras familias necesitan ese mismo fundamento espiritual alrededor de la mesa familiar.
Mientras nos preparamos para el Rosario Mundial por la Paz, tomemos nuestras cuentas con esa misma devoción de niño. Pidamos al Beato Ceferino Namuncurá que cuide de nuestros jóvenes y lleve la paz de Cristo a nuestro mundo.
Beato Ceferino Namuncurá, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, alcancen la paz para nuestro mundo. Por medio de las oraciones del Rosario, oremos como Jesús nos enseñó, busquemos la intercesión maternal y universal de María y crezcamos en virtud.
En este mismo momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Divino Hijo, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos está la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese don en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese don de las manos de tu Madre.
Por medio del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. Nunca perdamos la esperanza de que ella desea hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

Beata María Teresa Ledóchowska
9 de septiembre de 2026
Austria / Africa
La vida en la corte imperial de Salzburgo era cómoda, pero nunca terminó de convencer a María Teresa Ledóchowska. Nacida en el seno de la nobleza polaca en 1863, fue dama de honor de la gran duquesa de Toscana. Se movía con facilidad entre los aristócratas europeos, pero la vida en la corte la dejaba vacía. Cuando un brote de viruela le dejó cicatrices en el rostro, desapareció lo poco que le quedaba de interés por la vanidad de la alta sociedad.
Su rumbo cambió por completo después de encontrarse con el cardenal Charles Lavigerie. El fundador de los Padres Blancos recorría Europa para denunciar el comercio de esclavos en África Oriental. Escuchar que mujeres y niños eran llevados encadenados a través de la maleza la conmovió profundamente. María Teresa comprendió rápidamente que no era necesario subir a un barco rumbo a África para unirse a la lucha. Tenía una pluma afilada, una imprenta y un sistema postal justo frente a ella.
Dejó la corte, alquiló una pequeña habitación y se puso manos a la obra.
María Teresa comenzó a escribir artículos, a publicar revistas misioneras y organizó la Sodalidad de San Pedro Claver para enviar tanto recursos económicos como ayuda espiritual a las misiones. Conocida como la «Madre de las Misiones Africanas», dirigió casi por sí sola una enorme casa editorial. Imprimió catecismos traducidos a las lenguas nativas y envió cajas de materiales impresos hacia el sur para que las parroquias locales pudieran enseñar a su propio pueblo.
Toda su rutina estaba sostenida por el Rosario. Mucho antes del amanecer, pasaba las cuentas de su rosario entre los dedos en el frío, poniendo bajo el cuidado de Nuestra Señora cada caja de papel y cada carta. María Teresa sabía que un cambio verdadero requería fortaleza espiritual. Las cuentas del rosario fueron el motor de su incansable trabajo hasta que murió, agotada, en 1922.
Ella nos muestra lo que significa poner los medios modernos de comunicación al servicio de Cristo.
La Beata María Teresa nos recuerda que podemos tomar esas mismas herramientas de todos los días y ponerlas al servicio de algo mejor. Nuestro Santo Padre, el Papa León XIV, ha llamado a los católicos de a pie a recuperar la Iglesia Doméstica, llevando nuevamente la fe a las conversaciones cotidianas en nuestros hogares. Así como María Teresa se apoyaba en el Rosario durante su interminable trabajo, nuestras familias necesitan ese mismo fundamento de oración alrededor de la mesa familiar.
Mientras nos preparamos para el Rosario Mundial por la Paz, tomemos nuestro rosario con esa misma determinación práctica. Pidamos a la Beata María Teresa Ledóchowska que rece por nuestros hogares y nos ayude a conquistar la paz de Cristo para nuestro mundo.
Beata María Teresa Ledóchowska, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, alcancen la paz para nuestro mundo. Por medio de las oraciones del Rosario, oremos como Jesús nos enseñó, busquemos la intercesión maternal y universal de María y crezcamos en virtud.
En este mismo momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Hijo Divino, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentra la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese don en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese don de las manos de tu Madre.
Por medio del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. Nunca perdamos la esperanza de que ella desea hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.
Semana 4 – El plan celestial para la paz, 1914 – 1930

Nuestra Señora de Fátima
10 de septiembre de 2026
Portugal
El papa Benedicto XV, después de agotar todos los esfuerzos de negociaciones pacíficas en 1917 para poner fin a la Primera Guerra Mundial, a la que llamó “el suicidio de la Europa civilizada”, recurrió a la intercesión de la Santísima Virgen. Hizo un llamado a todos los católicos a rezar una novena de Rosarios por la paz. En el octavo día, Nuestra Señora se apareció en la pequeña aldea de Fátima, Portugal, el 13 de mayo de 1917, a tres humildes niños pastores.
Les pidió que rezaran el rosario todos los días por la paz, especialmente en honor de Nuestra Señora del Rosario, haciendo referencia a la gran victoria del rosario de la Santa Liga Católica sobre los turcos musulmanes en la batalla de Lepanto en 1571. Durante las apariciones, de mayo a octubre, reveló el “Plan de Paz del Cielo” para la humanidad. Este no era solamente un plan de paz para que las naciones evitaran la guerra, sino también un plan de paz para cada persona, la familia y la Iglesia.
En aquellos primeros meses de 1917, nadie podía prever lo que ocurriría a lo largo del siglo XX. La humanidad desarrollaría la capacidad de aniquilar países enteros mediante armas de destrucción masiva. Las ideologías ateas ya estaban ejerciendo presión sobre los sectores más influyentes de la sociedad –la educación, los medios de comunicación, la industria y la política–, penetrando en todas las clases sociales con la idea de que no se necesitaba a Dios, sino la libertad individual para decidir la propia verdad. Esto culminaría en el ataque más devastador contra los pilares de la sociedad: el rechazo del carácter sagrado de la vida humana, del matrimonio y de la familia.
El plan de paz de María comenzó con un llamado sincero a los tres niños para que se formaran en la santidad a través de su Inmaculado Corazón. Su “sí” a María reveló a la Iglesia la devoción a su Inmaculado Corazón, que Jesús quería que se estableciera en todo el mundo. Esta devoción ayudaría a formar su grupo de discípulos fieles, bajo la guía y protección de su Madre, en la batalla contra las plagas satánicas que estaban arrancando de los corazones de los hombres incluso la idea misma de Dios.
En la aparición final de octubre, María se apareció junto con san José y el Niño Jesús, quienes juntos bendijeron al mundo. Dios quiso que san José, el más grande devoto de la Madre Inmaculada, se uniera a ella en la batalla para restaurar a la raza humana.
Nuestra Señora de Fátima y su mensaje son para toda persona que busca ser un verdadero discípulo de Jesucristo. Fátima se basa en la consagración a Jesús por medio de María propuesta por san Luis de Montfort. Su crecimiento e influencia en la Iglesia durante el siglo XX son un testimonio del plan redentor de Dios por medio de María.
María nos dio la mayor arma espiritual –el Santo Rosario–, que, según la Venerable hermana Lucía de Fátima, ha recibido una eficacia aún mayor para estos tiempos. San Luis de Montfort aseguró que el Rosario rezado en conjunto “es mucho más formidable para el demonio que uno rezado en privado, porque en esta oración pública es un ejército el que lo está atacando”. Únete al ejército de María el 22 de octubre y reza el Rosario Mundial por la Paz, que ha sido confiado a su Inmaculado Corazón.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, alcancen la paz para nuestro mundo. Por medio de las oraciones del Rosario, rezamos como Jesús nos enseñó, buscamos la intercesión maternal universal de María y crecemos en virtud.
En este mismo momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Divino Hijo, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese regalo en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese regalo de las manos de tu Madre.
Por medio del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. Nunca perdamos la esperanza de que ella está deseosa de hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

Santos Francisco y Jacinta Marto
11 de septiembre de 2026
Portugal
En medio de los tranquilos paisajes de la Serra de Aire se encuentra el pueblo de Fátima, en Portugal, que alguna vez fue una tranquila comunidad agrícola asentada sobre un terreno rocoso, rodeada de encinos portugueses y olivos, y de verdes pastizales para el ganado y los cultivos. A pesar de su aislamiento del mundo exterior, no estuvo aislada de los estragos de la Primera Guerra Mundial, que cobró la vida de muchos de sus habitantes.
De esta fiel comunidad católica, Dios llamó a Francisco y Jacinta Marto, quienes, a la corta edad de 9 y 7 años, recibieron la gracia de tener visiones de la Virgen María que comenzaron a ocurrir allí en 1917. Ambos se convertirían en faros de luz y esperanza para el siglo que siguió a sus muertes, ocurridas pocos años después a causa de la terrible pandemia de gripe que cobró millones de vidas.
Sin conocer mucho de las cosas del mundo, los hermanos eran como vasos vacíos en los que Dios podía cultivar una santidad rica y profunda. Fueron atraídos al vasto misterio de Dios por la luz inexplicable que irradiaba de las manos de María, haciendo que Francisco exclamara: «¡¿Qué es Dios?! Nunca podríamos expresarlo con palabras». Su deseo de consolar a Jesús creció rápidamente y buscaba su presencia «oculta» en el sagrario de la iglesia local. Los numerosos rosarios que rezaba lo llevaron a profundizar en los misterios de la vida de Cristo y lo formaron como contemplativo.
Jacinta desarrolló un profundo deseo de sufrir por los pecadores para salvarlos de los horrores que había experimentado en la visión del infierno. Según las memorias de Lucía, tenía una «obsesión divina» por ofrecer sacrificios a Dios, llegando incluso a aceptar permanecer más tiempo en la tierra para sufrir por los pecadores.
En 1918, los dos hermanos comenzaron a presentar síntomas de la terrible gripe y permanecieron la mayor parte del tiempo en cama, con fiebre, dolores de cabeza y debilidad. Francisco murió en 1919; Jacinta en 1920. Jacinta sufrió mucho a causa de un absceso abierto en el pulmón que requirió una cirugía sin anestesia, durante la cual le quitaron dos costillas para poder acceder a él.
Formada en la escuela del Corazón de la Virgen, proclamó con valentía la participación única de María en nuestra redención: «Díganle a todos que Dios nos concede gracias por medio del Inmaculado Corazón, y que debemos pedírselas a ella. Díganles también que le pidan la paz, porque le ha sido confiada».
Su disposición a aceptar la muerte antes que ceder a las exigencias del administrador local, quien les pedía que mintieran acerca de las apariciones, abrió el camino para que fueran declarados los santos no mártires más jóvenes de la historia de la Iglesia. En su beatificación, el 13 de mayo de 2000, el papa Juan Pablo II afirmó que su «transformación fue radical». Se ofrecieron como víctimas por los pecadores y «se entregaron a una intensa vida espiritual… y a una ferviente vida de oración, llegando a una verdadera forma de unión mística con el Señor». Experimentaron un fuego en sus
corazones que no quemaba, sino que los llevaba a amar con mayor intensidad los Corazones de Jesús y María.
En su canonización, el papa Francisco declaró: «María vino a recordarnos que la luz de Dios habita dentro de nosotros y nos protege. … Ella los envolvió con el manto de la Luz que Dios le había dado. … Fátima es, ante todo, este manto de Luz que nos protege. … Solo tenemos que refugiarnos bajo la protección de la Virgen María y pedirle, como nos enseña la Salve Regina: “muéstranos… a Jesús”».
Como hijos de la luz, estamos llamados a una transformación radical para ayudar en la conversión de los pecadores y por la paz en el mundo. Unámonos a los católicos de todo el mundo en el Rosario Mundial para orar por estas intenciones.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, alcancen la paz para nuestro mundo. Por medio de las oraciones del Rosario, oremos como Jesús nos enseñó, busquemos la intercesión maternal universal de María y crezcamos en la virtud.
En este mismo momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Hijo Divino, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos están la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese don en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese don de las manos de tu Madre.
Por medio del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. Nunca perdamos la esperanza de que ella desea hacerlo nuevamente, mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

Santa Teresita del Niño Jesús de Lisieux
12 de septiembre de 2026
France
Antes de que el mundo la conociera como la «Pequeña Flor», Teresa Martin era una niña sensible y frágil que crecía en Normandía. Su madre murió cuando Teresa tenía apenas cuatro años. Aquella pérdida la afectó profundamente y provocó durante años repentinos ataques de llanto y crisis de nervios por cosas pequeñas. Su familia la quería muchísimo, pero sus emociones prácticamente controlaban su vida. Todo cambió la noche de Navidad de 1886. Al regresar a casa después de la Misa de Gallo, escuchó a su padre, agotado, suspirar en las escaleras y quejarse de una antigua tradición familiar de Navidad. Normalmente, eso la habría hecho subir corriendo las escaleras entre lágrimas. Pero esta vez, algo cambió dentro de ella. Teresa se tragó la emoción, entró en la habitación con una gran sonrisa y abrió sus regalos sin hacer ningún drama. Ella llamó a ese momento su «conversión completa»: la noche en que finalmente dejó de compadecerse de sí misma.
A los quince años, decidió ingresar al Carmelo. Viajó hasta Roma, se acercó directamente al papa León XIII y rompió la regla del silencio durante una audiencia para suplicarle que le permitiera entrar al convento.
La vida detrás de los muros de la clausura no tenía nada de glamorosa. El edificio era húmedo, frío y olía a jabón para lavar. El trabajo era pesado, y algunas de las monjas mayores eran francamente difíciles de tratar. Sabiendo que su salud no le permitía soportar largos ayunos ni penitencias físicas, Teresa se concentró en las pequeñas cosas. Se mordía la lengua cuando la acusaban de errores que no había cometido, sonreía a la hermana que le sacaba de quicio y restregaba las ollas sucias en agua fría sin quejarse.
Su enfermedad final mostró la fortaleza que había detrás de ese camino. Cuando la tuberculosis destrozó sus pulmones, haciéndola toser hasta escupir sangre, mientras atravesaba una profunda oscuridad espiritual en la que Dios parecía estar a kilómetros de distancia, nunca abandonó sus oraciones. Demasiado débil para levantarse de la cama, mantenía el Rosario entre sus dedos. Murió a los veinticuatro años, mirando el crucifijo de la pared y susurrando: «¡Dios mío, te amo!»
Teresa destruye la idea de que hay que ser famoso o poderoso para que nuestra vida tenga valor. La verdadera fuerza espiritual vive dentro de las mismas paredes de la Iglesia doméstica: en la paciencia que se necesita para afrontar un día agotador sin perder la calma, o en apagar las pantallas para que la familia pueda sentarse junta.
Así como Teresa convirtió un claustro frío y lleno de corrientes de aire en un lugar de oración, nosotros podemos llevar una verdadera paz a nuestra sala simplemente tomando juntos el Rosario.
Mientras nos preparamos para el Rosario Mundial por la Paz, tomemos nuestras cuentas con esa misma determinación silenciosa. Pidamos a Santa Teresa que rece por nuestros hogares y obtenga para nuestro mundo la paz de Cristo.
Santa Teresa de Lisieux, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, obtengan la paz para nuestro mundo. Por medio de las oraciones del Rosario, oremos como Jesús nos enseñó, busquemos la intercesión maternal universal de María y crezcamos en virtud.
En este mismo momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Hijo Divino, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese regalo en sus manos, esperando que lo recibas.
Recibe ese regalo de las manos de tu Madre.
Por medio del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. Nunca perdamos la esperanza de que ella desea hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

San André Bessette
13 de septiembre de 2026
Canada / Holy Cross
La infancia de Alfred Bessette fue difícil desde el día en que nació, en 1845. Era el octavo de doce hijos y llegó al mundo tan pequeño y débil que sus padres lo llevaron apresuradamente a la iglesia para bautizarlo, convencidos de que no sobreviviría la noche. Pero salió adelante, aunque quedó con graves problemas estomacales crónicos que nunca desaparecieron. Durante el resto de su vida, digerir alimentos sólidos fue una verdadera tortura, por lo que se alimentaba principalmente de caldo ligero o leche diluida con agua.
Las cosas fueron de mal en peor. Cuando Alfred tenía nueve años, su padre, que era carpintero, murió aplastado por un pino que cayó en el bosque. Su madre murió de tuberculosis apenas tres años después, dejando a Alfred, de doce años, solo, sin dinero y sin educación. Los niños fueron repartidos entre distintos familiares, y Alfred fue acogido por un tío y una tía. Como no sabía leer ni escribir, sobrevivía realizando cualquier trabajo físico que pudiera encontrar: trabajaba en granjas, golpeaba el hierro en talleres de herrería y reparaba zapatos.
Cuando la economía canadiense se vino abajo en la década de 1860, Alfred se dirigió al sur, junto con miles de franco-canadienses, para trabajar en las fábricas textiles de Nueva Inglaterra. Durante cuatro años difíciles, pasó de un pueblo a otro en Connecticut y Massachusetts. Los turnos de doce horas en las fábricas eran brutales para sus pulmones y su estómago, y los encargados de las fábricas lo despedían una y otra vez porque era demasiado débil. Pasaba largos períodos con hambre, a menudo rezando de rodillas junto a los ruidosos telares antes de regresar finalmente a Quebec sin nada que mostrar por sus esfuerzos.
El sacerdote de su parroquia, el padre André, vio la fe de aquel joven desafortunado y lo animó a considerar la vida religiosa. En 1870, Alfred llamó a la puerta del noviciado de la Congregación de la Santa Cruz en Montreal con una nota del padre André que decía: «Les envío a un santo».
El consejo del noviciado no vio a un santo; vio una carga. En aquellos tiempos, las comunidades necesitaban hombres capaces de enseñar en las aulas o realizar trabajos físicos pesados en los campos. Alfred no podía aprobar los exámenes académicos y, cada vez que le asignaban trabajos físicos exigentes, su estómago le fallaba y se desplomaba. Para 1871, los superiores ya habían tomado una decisión. Rechazaron su profesión religiosa, le entregaron sus documentos y le dijeron que hiciera sus maletas.
Alfred estaba destrozado. Al enterarse de que el obispo Ignace Bourget de Montreal estaba visitando el colegio, suplicó que le concedieran una audiencia. Arrodillado frente al obispo, lloró y afirmó que su único deseo en la tierra era servir a Dios en la Santa Cruz. Bourget quedó impresionado por su sinceridad y simplemente le dijo: «No te preocupes, Hermano. Serás admitido».
El maestro de novicios, el padre Amédée Guy, cambió de opinión y le dijo al consejo: «Si este joven no puede trabajar, al menos puede rezar».
Tomando el nombre de Hermano André, hizo sus votos bajo la visión del fundador de la Congregación, el Beato Basilio Moreau, quien enseñaba que la Cruz era la única esperanza verdadera de una familia: Ave Crux, Spes Unica. Los superiores le dieron el puesto más humilde del campus. Era el portero. Como André diría más tarde: «Al final de mi noviciado, mis superiores me mostraron la puerta, y allí me quedé durante cuarenta años».
Desde aquella puerta, André recibía a los visitantes, hacía mandados y escuchaba sus problemas. Pronto, personas desesperadas comenzaron a pedirle al humilde portero que rezara por sus enfermedades. André los dirigía directamente hacia San José. Les daba aceite de una lámpara que ardía frente a la estatua de San José, diciéndoles que lo aplicaran sobre sus dolencias y rezaran el Rosario en casa con sus familias.
Las curaciones se multiplicaron por toda la ciudad. Muletas y bastones comenzaron a acumularse en la entrada. Cuando las multitudes empezaron a llamarlo hacedor de milagros, André se molestó e insistió en que él no tenía nada que ver con ello: «Yo no curo; es San José quien cura por la misericordia de Dios». Reunió las pocas monedas que ganaba cortando el cabello de los estudiantes para construir un pequeño refugio de madera en el Monte Royal, sembrando así la semilla del Oratorio de San José, que atrajo a más de un millón de personas a su funeral en 1937.
La misma comunidad de la Santa Cruz también formó al padre Patrick Peyton. Al llegar al noviciado enfermo de tuberculosis avanzada, el padre Peyton fue curado gracias a la intercesión de Nuestra Señora. Llevó el sencillo mensaje del Hermano André sobre la oración familiar directamente a los medios de comunicación. Con su famoso lema —«La familia que reza unida permanece unida»— el padre Peyton llenó estadios y ondas de radio, enseñando que un hogar común, arraigado en Jesús y María, podía superar cualquier dificultad.
El Hermano André abrió su puerta a los enfermos; el padre Peyton reunió a millones alrededor de su mesa para orar. Hoy necesitamos ese mismo hábito de la oración diaria en nuestras propias salas y hogares.
Mientras nos preparamos para el Rosario Mundial por la Paz, presentemos a nuestra familia ante el Señor, pidiendo a San André Bessette que rece por nuestras familias y obtenga de Cristo la paz para nuestro mundo.
San André Bessette, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, obtengan la paz para nuestro mundo. Por medio de las oraciones del Rosario, oremos como Jesús nos enseñó, busquemos la intercesión maternal universal de María y crezcamos en virtud.
En este mismo momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Divino Hijo, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese regalo en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese regalo de las manos de tu Madre.
Por medio del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. Nunca perdamos la esperanza de que ella desea hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

San Miguel Pro
14 de septiembre de 2026
Mexico
Nacido en 1891 entre las polvorientas colinas mineras de Zacatecas, México, Miguel Agustín Pro creció en una familia grande y llena de vida. Su ingenio rápido y su amor por la alegría ocultaban un corazón que Dios estaba preparando discretamente para una misión única en la historia de la salvación. Ser parte de la historia de la salvación simplemente significa saber que tu vida no es una casualidad—Dios está obrando activamente en nuestro mundo, entrelazando nuestras vidas humanas ordinarias con su gran plan de amor y redención.
Ordenado sacerdote jesuita en 1925, el Padre Miguel regresó a México, donde enfrentó la oscuridad de la Guerra Cristera, una época en la que el Estado secular prohibió la fe, cerró iglesias y persiguió a los sacerdotes. Negándose a abandonar a su pueblo, el Padre Pro ejerció su sacerdocio en la clandestinidad. Disfrazándose de mecánico, mendigo o empresario, lograba pasar frente a la policía secreta para llevar a las familias hambrientas las necesidades de la vida, que para San Miguel eran la oración, los sacramentos, la esperanza y el alimento. El espíritu del Padre Miguel se llenaba de alegría:
«¡Qué maravillosa felicidad se encuentra al llevar paz a una familia atribulada!»
Asombrado de cómo Dios proveía para aquellos hogares que sufrían, el Padre Pro escribió:
«¿Quién da el arroz, los frijoles, el azúcar, el maíz? No lo sé—o más bien, sí lo sé: ¡Mi Padre Dios!»
El Padre Miquel y el Venerable Patrick Peyton compartían muchas similitudes en su vida espiritual y en su misión. Ambos sabían que su valor y fortaleza fluían de Jesús presente en la Eucaristía. Ambos confiaban sus misiones a Nuestra Señora de los Dolores. Ambos amaban el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes. San Miguel reflexionaba:
«Para mí, ir a Lourdes significa encontrarme con mi Madre, hablar con ella, rezarle… La Santísima Virgen me ha dado un nuevo valor.»
Al enfrentar el peligro constante con total confianza, San Miguel sabía que Dios y nuestra Santísima Madre le habían dado el deseo y la fuerza para su misión, y oraba:
«Mi deseo, oh Virgen Dolorosa, es estar a tu lado, fortalecer mi espíritu a través de tus lágrimas… y sostener mi corazón en tu soledad.»
El 23 de noviembre de 1927, el Padre Miguel se enfrentó a un pelotón de fusilamiento, donde ofreció el instrumento supremo de la paz: el perdón radical. Mirando a sus captores, declaró:
«Con todo mi corazón perdono a mis enemigos.»
Negándose a que le vendaran los ojos, levantó los brazos formando una cruz viviente—un crucifijo en una mano y un rosario en la otra—y gritó:
«¡Viva Cristo Rey!»—¡Viva Cristo Rey!
El Padre Pro enfrentó una persecución violenta y una fe prohibida; hoy, nosotros enfrentamos nuestros propios desafíos de secularismo, distracción y apatía espiritual. Sin embargo, cada uno de nosotros está llamado a desempeñar un papel en la historia de la salvación. Dios tiene un plan y un propósito para tu vida—especialmente cuando los tiempos son difíciles. Su vida nos deja un modelo profético: la paz mundial no se logra mediante el poder o la violencia, sino mediante el amor sacrificado, la oración en familia y la entrega total a Jesús y María.
¿Le has preguntado a Dios cuál es tu papel único en su plan?
Únete a los ministerios familiares de Holy Cross junto con cientos de miles de personas de todo el mundo—y reza el rosario por la paz mundial el 22 de octubre. ¡El Papa León XIV nos anima a rezar el rosario por la paz!
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.

Beato Bartolo Longo
15 de septiembre de 2026
Italy
Nacido el 10 de febrero de 1841 en Latiano, Italia, el beato Bartolo Longo nos deja un poderoso mensaje para nuestros tiempos, especialmente para los jóvenes y adultos jóvenes. La historia se repite, y el desafío es este: ¿aprenderemos de ella?
En el otoño de 1860, Bartolo dejó a su amorosa familia católica para ir a la universidad en Nápoles. La universidad estaba dominada por una arrogancia intelectual que elevaba la razón humana por encima de la verdad divina, se burlaba de la Iglesia y consideraba la fe como una superstición infantil. Buscando identidad y un sentido de pertenencia, Bartolo cambió su fe por falsificaciones espirituales: una obsesión de moda con el espiritismo, las sesiones espiritistas y el ocultismo. Se adentró tanto en el peligro espiritual que llegó a ser ordenado sacerdote satánico.
La historia sí se repite. Hoy, los jóvenes y adultos jóvenes se sienten atraídos por «jugar» con tablas Ouija, consultar diariamente los horóscopos o acudir a lectores de cartas del tarot. Los adultos acuden a médiums para intentar comunicarse con los muertos, tratando las fuerzas espirituales como si fueran un entretenimiento inofensivo. Pero no son juegos: son puertas peligrosas hacia la oscuridad espiritual. El papa Francisco nos advirtió: «¡La magia no es cristiana! Cuando no nos aferramos a la Palabra del Señor, sino que consultamos los horóscopos y a los adivinos, comenzamos a hundirnos».
Al caer en una profunda depresión y terror, Bartolo recibió una luz de esperanza gracias al padre Alberto Radente y al profesor Vincenzo Pepe. Ellos acompañaron y guiaron al joven Bartolo; el padre Alberto escuchó su confesión y le dio la absolución, liberándolo para que pudiera recibir a Cristo en la Sagrada Eucaristía. Ambos hombres lo rodearon de un grupo de amigos que oraban por él para proteger al futuro santo de regresar a sus antiguos caminos. ¡Tener amigos virtuosos que oran hace toda la diferencia, una diferencia eterna! ¿Con quiénes te rodeas como amigos y mentores?
Fortalecido por la oración, Bartolo todavía estaba atormentado por la culpa: ¿realmente Dios podía perdonarlo por haberse alejado hacia el ocultismo? Mientras caminaba por los campos desolados de Pompeya, aterrorizado ante la posibilidad de una condenación permanente, la promesa de María atravesó su alma: «¡Quien propaga el Rosario se salva!» Cayendo de rodillas, Bartolo prometió difundir su oración y escribió: «Mi único deseo es ver a María, que me salvó y que me salvará de las garras de Satanás». Llamó al Rosario «la oración más querida por María… dulce cadena que nos une a Dios, torre de salvación contra los ataques del infierno»
Bartolo sabía por experiencia que el principal objetivo del enemigo es el hogar, y advertía que cuando la oración desaparece de la vida cotidiana, las familias se desintegran. Sabía que el Rosario es una fortaleza espiritual para cada familia: «Si rezan el Rosario en familia, todos unidos, saborearán la paz.»
Estos valores fundamentales de la oración en familia, la devoción a María, el Rosario y la Eucaristía también se encuentran en la vida y predicación de nuestro fundador, el venerable Patrick Peyton, demostrando lo esenciales que son estas enseñanzas para la construcción de la sociedad.
Este es tu llamado a la acción hoy: no te conformes con falsificaciones espirituales ni vivas como prisionero de tu pasado. Mantente alejado de las tablas Ouija, los horóscopos y los médiums; lo que parece ser «diversión inocente» son puertas hacia la oscuridad. Silencia el ruido digital y entra en la luz de Cristo con un valor y una alegría radicales. Acude al Sacramento de la Confesión. Toma el Rosario y comprométete a unirte al Rosario Mundial por la Paz Mundial el 22 de octubrend. Rézalo diariamente en tu hogar y deja que Dios lleve paz y sanación a tu familia.
Dios te ha dado su gracia; Él te necesita, así como necesitó a Bartolo. Después de su conversión, Bartolo atendió las necesidades de los pobres y transformó la sociedad mediante el trabajo arduo, la gracia y un Ave María a la vez. Al igual que él, tú también estás llamado a la santidad.
Cuando san Juan Pablo II beatificó a Bartolo en 1980, proclamó: «Con el Rosario en la mano, el beato Bartolo Longo nos dice a cada uno de nosotros: “Despierten su confianza en la Santísima Virgen del Rosario. Santa Madre, en ti deposito todas mis preocupaciones, toda mi confianza y toda mi esperanza!”» Al pasar a la vida eterna el 5 de octubre de 1926, la vida de Bartolo Longo demuestra que ninguna alma está jamás demasiado lejos para alcanzar la misericordia de Dios.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, alcancen la paz para nuestro mundo. A través de las oraciones del Rosario, oramos como Jesús nos enseñó, buscamos la intercesión maternal universal de María y crecemos en virtud.
En este mismo momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Hijo Divino, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos están la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese regalo en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese regalo de las manos de tu Madre.
A través de la intercesión de María mediante el Rosario, la paz ya ha llegado al mundo antes. Nunca perdamos la esperanza de que ella desea hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

Beato Anacleto González Flores
16 de septiembre de 2026
Mexico
En la década de 1920, el presidente mexicano Plutarco Elías Calles inició una campaña agresiva para cerrar la Iglesia católica. Los funcionarios del gobierno clausuraron las puertas de las iglesias, expulsaron del país a los sacerdotes extranjeros y prohibieron el culto al aire libre. En Guadalajara, un joven abogado llamado Anacleto González Flores se involucró directamente en la lucha.
Anacleto había crecido en la pobreza en Jalisco, hijo de un tejedor de pueblo, y trabajaba largas horas para pagar sus propios estudios de Derecho. Cuando estalló la persecución, organizó una resistencia civil no violenta a través de la Liga Nacional para la Defensa de la Libertad Religiosa. Sus amigos lo llamaban «El Maestro». Como hábil orador y escritor, Anacleto utilizó periódicos y boicots económicos para resistir al Estado, convencido de que tomar las armas solo desgarraría aún más a la nación: «La única arma que nunca falla es el Rosario».
Esa convicción comenzó en su propio hogar. Cada noche, llamaba a su esposa, María Concepción, y reunía a sus dos pequeños hijos junto al fuego para rezar el rosario, asegurándose de que sus hijos supieran que Dios estaba por encima de la comodidad o la seguridad.
Su organización no violenta lo convirtió en un objetivo principal. Al amanecer del 1 de abril de 1927, soldados federales derribaron la puerta de la casa donde se hospedaba y se lo llevaron por la fuerza al cuartel militar de Colorado. Los oficiales querían los nombres del arzobispo local y de los comandantes cristeros, pero Anacleto se negó a hablar.
Los soldados lo colgaron de los pulgares, golpearon su hombro con las culatas de los rifles y le cortaron las plantas de los pies. Anacleto nunca reveló un solo nombre. Al perder la paciencia, el comandante ordenó a sus hombres que lo hirieran con las bayonetas y abrieran fuego. De pie frente a los rifles, Anacleto les dijo a los hombres que los sostenían: «Los perdono desde el fondo de mi corazón, y que aquel que está a punto de matarme encuentre la gracia ante Dios». Cruzó los brazos sobre el pecho y gritó sus últimas palabras: «¡Viva Cristo Rey!»
Anacleto deja sin fundamento la excusa moderna de que una fe seria pertenece únicamente a los monjes o sacerdotes. Era un padre de familia que tenía cuentas que pagar y niños que criar, y aun así puso su vida en juego por la verdad. Demostró que el valor moral en medio del mundo se forma precisamente en el hogar familiar.
Nuestra cultura anima constantemente a los hombres a desconectarse y a entregar el hogar al ruido digital. Nuestro Santo Padre, el Papa León XIV, ha exhortado a los católicos comunes a defender la Iglesia doméstica y a mantener el hogar arraigado en la oración. Anacleto se arrodilló con sus hijos antes de enfrentarse al pelotón de fusilamiento; nuestras familias necesitan esa misma disciplina constante alrededor de la mesa familiar.
Mientras nos preparamos para el Rosario Mundial por la Paz, tomemos nuestros rosarios con esa misma determinación clara y firme. Pidamos al Beato Anacleto González Flores que rece por nuestros hogares y lleve la paz de Cristo a nuestro mundo.
Beato Anacleto González Flores, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, alcancen la paz para nuestro mundo. Por medio de las oraciones del Rosario, oremos como Jesús nos enseñó, busquemos la intercesión maternal universal de María y crezcamos en virtud.
En este mismo momento, la Santísima Madre de Dios está rezando por ti. De su Divino Hijo, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos está la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese don en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese don de las manos de tu Madre.
Por medio del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. Nunca perdamos la esperanza de que ella desea hacerlo de nuevo mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.
Semana 5 – El ejército de nuestras madres, 1930 – 1950

San Maximiliano Kolbe
17 de septiembre de 2026
Poland
El Padre Maximiliano Kolbe nació como Rajmund Kolbe el 8 de enero de 1894, en Zduńska Wola, Polonia. Criado en un hogar profundamente católico, sus primeros años estuvieron marcados por la agitación política bajo el dominio imperial ruso. En una cultura donde los ocupantes extranjeros buscaban activamente suprimir la cultura y la identidad polacas, la fe católica servía como la firme columna vertebral espiritual del país. Su familia arraigó a Maximiliano en esta fe silenciosa y perseverante, preparándolo para enfrentar un mundo cada vez más desgarrado por el odio ideológico. Kolbe creció sabiendo que cuando los poderes terrenales intentan aplastar la dignidad humana, la fe y la familia permanecen como una fortaleza inamovible.
Al ingresar con los Franciscanos Conventuales como Padre Maximiliano, reconoció que una cultura moderna se dirigía hacia una crisis espiritual y advirtió:
«El veneno más mortal de nuestro tiempo es la indiferencia.»
Para combatirla, Kolbe se convirtió en un pionero de los medios de comunicación, desarrollando una enorme operación de imprenta que producía El Caballero de la Inmaculada y estableciendo una estación de radio de onda corta (SP3RN) en su «Ciudad de la Inmaculada».
Este apostolado de los medios refleja directamente al Venerable Patrick Peyton, fundador de Holy Cross Family Ministries. Ambos fueron visionarios proféticos que comprendieron que si la verdad no ocupa las ondas, la división lo hará. Mientras el Padre Peyton utilizó Hollywood, la televisión y la radio para proclamar que «la familia que reza unida permanece unida», Maximiliano Kolbe utilizó la prensa y las ondas de radio para defender la santidad de la vida familiar frente a la decadencia totalitaria. Ambos encarnaron la convicción de Kolbe:
«El odio no es una fuerza creativa. Solo el amor es creativo.»
En el centro de la misión del Padre Maximiliano se encontraba una devoción inquebrantable a María y al Rosario como instrumentos indispensables de defensa espiritual. Insistía en que la devoción mariana conduce directamente a Cristo, recordando a los creyentes:
«Nunca tengan miedo de amar demasiado a la Santísima Virgen. Nunca podrán amarla más de lo que Jesús la amó», y añadía, «Si alguien no desea tener a María Inmaculada por Madre, no tendrá a Cristo por Hermano.»
Kolbe veía la oración como el catalizador supremo de la transformación, escribiendo: «La oración es poderosa más allá de todo límite cuando acudimos a la Inmaculada, que es Reina incluso del corazón de Dios.»
El sacrificio supremo y la canonización
En julio de 1941, en Auschwitz, el testimonio profético de Kolbe alcanzó su culminación. Cuando un prisionero condenado —un esposo y padre llamado Franciszek Gajowniczek— clamó por su familia, el Padre Kolbe dio un paso al frente para ocupar su lugar en el búnker de inanición, demostrando que «el amor vive a través del sacrificio y se alimenta del don de sí mismo».
En la canonización de Kolbe en 1982, el Papa Juan Pablo II lo declaró «Mártir de la Caridad», proclamando que, a través de la muerte de Kolbe, «un signo luminoso del amor supremo se renovó en nuestro siglo, tan gravemente amenazado por el pecado y la muerte». Sentado en la Plaza de San Pedro aquel día, llorando de gratitud, estaba el propio Franciszek Gajowniczek, un testigo vivo de que el amor que se entrega en sacrificio triunfa sobre el odio.
La lección de la vida de San Maximiliano es fundamental para nuestro mundo de hoy–estamos llamados a abandonar la cómoda indiferencia. El Papa Benedicto XVI recordó a los jóvenes de nuestro tiempo, “»Los caminos del Señor no son fáciles, pero no fuimos creados para una vida fácil, sino para grandes cosas, para el bien» San Maximiliano vivió esto y nos invita a cada uno de nosotros a sacudirnos la indiferencia, a compartir las alegrías y los sufrimientos de nuestros prójimos y a llevarles paz y esperanza.
Hoy están llamados a estar presentes para quienes sufren de soledad o aislamiento—aunque probablemente no se nos pida ofrecer nuestra vida a cambio de la de otra persona—podemos ofrecer nuestro tiempo. ¡Sean apóstoles modernos de la paz! Recuperen a su familia por medio de la oración, usen sus palabras digitales para difundir la verdad y elijan un amor activo y sacrificado en lugar de un silencio pasivo. Sean la presencia de Cristo en el mundo.
Que su misión esté guiada por este sencillo e inquebrantable llamado de Kolbe: «Nunca olviden amar. Un solo acto de amor hace que el alma vuelva a la vida.»
San Maximiliano Kolbe, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, alcancen la paz para nuestro mundo. A través de las oraciones del Rosario, oremos como Jesús nos enseñó, busquemos la intercesión maternal y universal de María y crezcamos en virtud.
En este momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ustedes. De su Hijo Divino, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para sus vidas. Entre ellos se encuentra la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese don en sus manos, esperando que ustedes lo reciban.
Reciban ese don de las manos de su Madre.
A través del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. No perdamos nunca la esperanza de que ella desea hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

San Padre Pío
18 de septiembre de 2026
Italy
Francesco Forgione, conocido en todo el mundo como el Padre Pío, nació el 25 de mayo de 1887, cuando la era moderna comenzaba a alejarse de sus raíces espirituales. Entró en la eternidad el 23 de septiembre de 1968, después de haber vivido dos guerras mundiales, el surgimiento de ideologías ateas, el materialismo industrial y un siglo cada vez más tentado a construir una civilización sin Dios. Sin embargo, en medio del ruido de las revoluciones y las sombras de la incredulidad, el Padre Pío se convirtió en un testigo vivo de una verdad que el mundo moderno estaba olvidando: que las sociedades prosperan o caen según su relación con Dios. Enraizado en la oración, unido al sufrimiento de Cristo y completamente entregado a Nuestra Señora, dedicó su vida a sanar almas, reconciliar familias y llevar a innumerables personas de regreso a los sacramentos.
En su propio cuerpo, el Padre Pío llevó los estigmas, las heridas físicas de la Pasión de Cristo en sus manos, pies y costado, durante cincuenta años. Para una época que exigía pruebas y rechazaba el misterio, se convirtió en un testimonio vivo de que el cielo toca la tierra, de que el sufrimiento puede ser redentor y de que toda alma humana está destinada a la eternidad. Ante una cultura que rechazaba la verdad divina, el Padre Pío ofreció un diagnóstico contundente:
«La sociedad de hoy no reza. Por eso se está desmoronando».
El poder sacramental y la virtud heroica
Mientras la filosofía moderna ofrecía con frecuencia ansiedad, desesperación y autosuficiencia, el Padre Pío dirigía a la humanidad hacia el altar y el confesionario: Jesús presente en la Eucaristía y el don sanador del perdón. Sabía que la vida sacramental es la medicina de la misericordia que cada época necesita con tanta urgencia. Al pasar hasta quince horas al día escuchando confesiones, ayudó a sanar familias heridas, reconciliar pecadores y restaurar almas lastimadas mediante la misericordia de Dios.
Para un mundo lleno de ansiedad, el Padre Pío ofrecía esta receta:
«Reza, espera y no te preocupes. Preocuparse es inútil. Dios es misericordioso y escuchará tu oración».
Para el Padre Pío, la victoria sobre las tinieblas espirituales exigía una vida sacramental profunda y una devoción total a María:
«Que María sea toda la razón de tu existencia y que Ella te conduzca a puerto seguro, a Jesús».
Exhortaba a los fieles con una urgencia inconfundible:
«Amen a la Señora, recen el Rosario, porque su Rosario es el arma contra los males del mundo de hoy».
Gemelos espirituales: San Padre Pío y el Venerable Patrick Peyton
Separados por océanos, San Padre Pío y el Venerable Patrick Peyton compartían una extraordinaria afinidad espiritual. Ambos proclamaban la misma verdad: el Rosario en familia no es simplemente una devoción, sino una meditación en oración que nos introduce en los misterios de Cristo y de la Sagrada Familia.
La oración nos une a Dios y unos con otros. Nos arraiga en la gracia, nos fortalece en la esperanza y nos sostiene en la paz. Ambos hombres santos creían que la familia es la primera escuela de la fe y el primer santuario del amor. En un mundo dividido, el Rosario sigue siendo una fuerza poderosa para la renovación del hogar y la paz en el mundo.
Un llamado profético a la acción
Nuestra época moderna sufre muchas de las mismas raíces de división y miedo, buscando soluciones mientras con frecuencia descuida a Dios, fuente de todo bien. San Padre Pío proclamaba:
«La oración es la mejor arma que poseemos»
y el Venerable Peyton declaraba:
«Un mundo en oración es un mundo en paz».
El Padre Pío creía que la oración no era una manera de escapar de los problemas del mundo, sino un medio por el cual Dios los sana, porque las batallas más profundas se libran primero en el corazón humano.
Los cambios y conflictos de la época del Padre Pío a menudo reducían a las personas a instrumentos de producción o de poder. Él proclamó una verdad diferente: cada persona lleva la imagen de Dios, posee una dignidad infinita y nunca puede ser reducida a un número o a una función.
Hoy, la inteligencia artificial ofrece enormes posibilidades al mismo tiempo que plantea nuevas preguntas sobre lo que significa ser humano. El Papa León XIV, en Magnifica Humanitas, nos recuerda:
«En la era de la inteligencia artificial, cuando la dignidad humana se ve amenazada por nuevas formas de deshumanización, es nuestro deber urgente permanecer profundamente humanos. Debemos proteger amorosamente la grandeza de la humanidad que nos ha sido otorgada y que se nos ha revelado plenamente en Cristo, cuyo esplendor ninguna máquina podrá reemplazar jamás».
Tanto el Padre Pío como el Papa León XIV señalan la misma respuesta: una comunión más profunda con Dios por medio de la oración, familias más fuertes arraigadas en la fe y una confianza renovada en la gracia. Los desafíos de la industrialización en una época y de la inteligencia artificial en otra solo pueden afrontarse mediante el respeto a la dignidad de la persona humana, creada a imagen de Dios y destinada a la vida eterna.
Toma tu Rosario y entra en los misterios de la historia más grande jamás contada: Dios se hizo hombre, entró en la vida familiar, compartió su amor con nosotros y nos mostró nuestro destino: la vida eterna con Él.
Al reflexionar sobre la canonización del Padre Pío, San Juan Pablo II observó:
«Nuestro tiempo necesita redescubrir el valor de la Cruz para abrir el corazón a la esperanza».
El 22 de octubre, elige la paz en lugar de la discordia y únete a cientos de miles de personas en todo el mundo en el Rosario Mundial por la Paz. Haz de nuevo de tu hogar una casa de oración, reúne a tu familia y reza.
Como el Padre Pío y el Padre Peyton comprendieron tan bien, la historia cambia cuando las personas se arrodillan ante Dios con el Rosario en la mano y claman: «Sálvanos, Señor».
La oración precede a la renovación. El Rosario prepara el camino hacia la paz. La conversión transforma la manera en que amamos a Dios, a nosotros mismos y a los demás.
San Pío de Pietrelcina, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, alcancen la paz para nuestro mundo. Por medio de las oraciones del Rosario, oremos como Jesús nos enseñó, busquemos la intercesión maternal universal de María y crezcamos en virtud.
Ahora mismo, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Divino Hijo, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese don en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese don de las manos de tu Madre.
Por medio del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. Nunca perdamos la esperanza de que ella desea hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

San Alberto Hurtado
19 de septiembre de 2026
Chile
En una noche helada en Santiago, allá por 1944, un sacerdote jesuita se encontró con un hombre temblando de frío, tendido en la calle, enfermo de neumonía y vestido con harapos empapados. El hombre no tenía dónde dormir y llevaba días sin comer. Aquel encuentro sacudió profundamente al Padre Alberto Hurtado. Ya estaba ocupado dirigiendo grupos juveniles y enseñando derecho, pero ver a aquel hombre congelándose en la acera le hizo surgir una pregunta directa: «¿Qué haría Cristo si estuviera en mi lugar?»
Alberto sabía lo que significaba no tener nada. Cuando su padre murió repentinamente en la propiedad familiar en Viña del Mar, Alberto tenía apenas cuatro años. Los acreedores no tardaron en aparecer, obligando a su madre a vender las tierras de la familia a pérdida para poder pagar las deudas. Al quedar sin hogar, tuvo que ir de un familiar a otro, quienes acogieron a ella y a sus dos pequeños hijos por compasión. Alberto obtuvo una beca para estudiar en una escuela jesuita de Santiago y más tarde ingresó a la facultad de derecho, trabajando por las noches para evitar que su madre cayera en la pobreza. Incluso entonces, pasaba las tardes de los domingos en los barrios más pobres de la ciudad, llevando comida a familias que vivían en viviendas precarias.
Después de terminar sus estudios de derecho, renunció a una prometedora carrera jurídica para ingresar a la Compañía de Jesús. Cuando regresó a Chile como sacerdote, la miseria de Santiago lo llevó nuevamente directamente a las calles.
Recordando al hombre que había encontrado aquella noche de invierno, Alberto compró una vieja camioneta verde y comenzó a recorrer de noche los callejones de la ciudad y las orillas de los ríos. Recogía a jóvenes abandonados y a ancianos que dormían debajo de los puentes, los subía a la parte trasera de la camioneta y los llevaba a un lugar cálido donde pudieran recibir comida caliente. Aquella labor de rescate se convirtió en el Hogar de Cristo.
Alberto no veía un problema social; veía al mismo Cristo.
Su día comenzaba en la capilla mucho antes de que la camioneta saliera. Alberto pasaba horas en silenciosa adoración ante el sagrario, recorriendo con sus dedos las cuentas de su Rosario. Les repetía a sus jóvenes voluntarios que ayudar a los pobres era una acción vacía si no nacía de la oración. Cuando el cáncer de páncreas terminal lo alcanzó a los cincuenta y un años, soportó el dolor agonizante sin compadecerse de sí mismo, repitiendo hasta el final su frase favorita: «Contento, Señor, contento» —«Feliz, Señor, feliz».
La santidad no es una teoría abstracta reservada para los monasterios. Alberto demostró que consiste en ensuciarse las manos y mirar de frente a la persona herida que tenemos delante.
La cultura moderna impulsa constantemente a las familias a apartar la mirada de la miseria real y perderse en el ruido digital. Nuestro Santo Padre, el Papa León XIV, ha invitado a los católicos comunes a defender la Iglesia doméstica, impulsándonos a devolver la caridad concreta al centro del hogar. Si queremos paz en el mundo, comienza haciendo de nuestras propias salas lugares donde las personas sean realmente escuchadas, atendidas y arraigadas en la oración diaria.
Toma tu Rosario para el Rosario Mundial por la Paz con ese mismo espíritu generoso. Pide a San Alberto Hurtado que rece por nuestros hogares y obtenga para nuestro mundo la paz de Cristo.
San Alberto Hurtado, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, alcancen la paz para nuestro mundo. Por medio de las oraciones del Rosario, oremos como Jesús nos enseñó, busquemos la intercesión maternal universal de María y crezcamos en virtud.
Ahora mismo, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Divino Hijo, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese don en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese don de las manos de tu Madre.
Por medio del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. Nunca perdamos la esperanza de que ella desea hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

Beato Lucien Botovasoa
20 de septiembre de 2026
Madagascar
El Beato Lucien Botovasoa nació en Madagascar, el 3 de marzo de 1908, en Vohipeno. El mundo en el que nació se parecía mucho al nuestro, obsesionado con el ruido, la influencia y la seguridad material. Al crecer, Lucien llegó a dominar cinco idiomas, era un músico talentoso y un atleta. Poseía todas las credenciales para alcanzar un alto cargo político o un estatus mundano bajo el dominio colonial francés. Sin embargo, rechazó intencionalmente la ambición política, eligiendo permanecer como maestro de escuela primaria, esposo dedicado de su esposa Suzanne y padre de ocho hijos.
Cuando le preguntaron por qué no buscaba el sacerdocio, Lucien habló de la radical santidad de la vocación laical cotidiana:
«No tengo el más mínimo arrepentimiento. Al contrario, estoy muy feliz con mi estado porque Dios me llamó para esto: ser laico, casado, maestro… Puedo mostrarles un carácter cristiano que sea accesible para ellos.»
Viviendo en circunstancias modestas, su esposa Suzanne le preguntó una vez por qué no utilizaba su inteligencia para seguir una carrera lucrativa y aliviar las dificultades económicas de su familia. Lucien respondió con sabiduría y serenidad:
«Aunque tuviéramos suficiente dinero para llenar esta casa, no tendríamos la riqueza que tenemos ahora: ¡la que nunca se oxidará!»
En su respuesta a su esposa, Lucien hizo eco de la enseñanza de Cristo en el Evangelio de Mateo: las riquezas terrenales se deterioran, pero una familia arraigada en la fe posee un tesoro eterno. Lucien era conocido cariñosamente como «grano Pikopiko» —traducido simplemente como “semillas del rosario”— porque casi siempre llevaba un Rosario en las manos. Lucien construyó esa riqueza eterna guiando a su familia en la oración diaria, especialmente el Rosario.
Al invitar a su familia a rezar el Rosario, la vida de Lucien presenta un profundo paralelismo con el Venerable Patrick Peyton. Aunque el Padre Peyton viajó por todo el mundo, Lucien vivió en una aldea tranquila; ambos hombres proclamaron la Iglesia doméstica como el fundamento de la sociedad. Reflexionando sobre cómo el Rosario moldeó su propio hogar, el Padre Peyton escribió:
«Gracias al Rosario familiar diario, mi hogar fue para mí una cuna, una escuela, una universidad, una biblioteca y, sobre todo, una pequeña iglesia.»
Ambos hombres comprendieron que cuando una familia reza el Rosario unida, la sala familiar se convierte en un refugio sagrado capaz de resistir cualquier tormenta externa.
Ese refugio fue puesto a prueba en marzo de 1947, cuando estalló el violento Levantamiento malgache contra el dominio colonial. Los insurgentes nacionalistas locales atacaron a líderes católicos, exigiéndoles que tomaran las armas y se unieran al odio. Lucien se negó explícitamente.
Cuando los líderes rebeldes amenazaron con masacrar a su familia y quemar la aldea si no se entregaba, Lucien caminó voluntariamente hacia sus captores el 14 de abril de 1947. Dejó a su esposa embarazada con una última instrucción:
«Pase lo que pase, venga lo que venga, nunca se separen de Dios.»
Esa noche, arrodillado a orillas del río Matitanana, perdonó a sus verdugos —varios de los cuales habían sido sus antiguos alumnos— y oró:
«Que mi sangre, derramada sobre la tierra, sea para la redención de mi país.»
El testimonio del Beato Lucien para nuestras familias de hoy es que la verdadera seguridad de la familia no se construye sobre la riqueza material, sino sobre el fundamento espiritual indestructible de la oración diaria.
Por eso, hoy no hay ninguna tarea que completar. Hacemos un único llamado a hacer una pausa, arraigado directamente en esta verdad.
Detente donde estés. En este único momento, haz una pausa.
Ya sea que estés sentado a solas o rodeado de tu familia, silencia el ruido que te rodea. Cierra los ojos, respira lentamente y reconoce que el mismo Dios que sostuvo al Beato Lucien está presente ahora mismo en tu hogar—ofreciendo a tu familia una paz y una riqueza que nunca se deteriorarán.
¿Has comprometido a tu familia a orar por la paz uniéndote al Rosario Mundial por la Paz? Esta gran obra de Paz es el legado del Venerable Patrick Peyton, confiado a Holy Cross Family Ministries. Únete a nosotros —el 22 de octubrend—, levanta tu Rosario en alto y eleva tu voz en unión con cientos de miles de católicos. El Padre Peyton dijo: “El Rosario ha salvado al mundo antes; puede salvarlo ahora.”
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, alcancen la paz para nuestro mundo. Por medio de las oraciones del Rosario, oramos como Jesús nos enseñó, buscamos la intercesión maternal universal de María y crecemos en virtud.
En este mismo momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Hijo Divino, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentra la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese don en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese don de las manos de tu Madre.
Por medio del Rosario, la intercesión de María ha traído paz al mundo antes. No perdamos nunca la esperanza de que ella desea hacerlo de nuevo mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

Beato Cipriano Miguel Iwene Tansi
21 de septiembre de 2026
Nigeria
En septiembre de 1903, en el pueblo de Aguleri, Nigeria, nació Cyprian Michael Iwene Tansi en un mundo marcado por las costumbres tradicionales igbo, las dificultades de la vida agrícola y las tensiones coloniales. Nació de padres no cristianos y su familia tenía una fuerte lealtad hacia los suyos. Su madre murió trágicamente después de ser acusada falsamente de brujería. Cuando respondió al llamado al sacerdocio, su familia se opuso firmemente, animándolo a buscar la riqueza y la seguridad del mundo. Sin embargo, Tansi redefinió la fidelidad a la familia, demostrando que la verdadera lealtad a nuestro linaje significa apartarnos de las exigencias y aspiraciones mundanas y recordar que estamos llamados a responder al llamado de Dios: a la familia de Dios.
Ordenado sacerdote en 1937, el padre Tansi pasó años trabajando en distintas regiones de Nigeria, defendiendo la dignidad de las mujeres, fortaleciendo los hogares y preparando a las parejas para el matrimonio, antes de entrar en la vida silenciosa y austera de un monje trapense en Inglaterra, donde murió en 1964. En suelo nigeriano, en 1998, el papa Juan Pablo II lo beatificó y declaró ante el mundo: «Ante todo, fue un hombre de Dios… Quienes lo conocieron dan testimonio de su gran amor por Dios. Todos los que se encontraban con él quedaban conmovidos por su bondad personal… Estaba especialmente atento a las necesidades pastorales de las familias».
El beato Tansi hablaba con una claridad apasionada e inquebrantable sobre la santidad y la entrega total. Advertía que las medias tintas destruyen el alma, declarando: «Si alguien quiere ser cristiano, más vale que viva enteramente para Dios». A un mundo obsesionado con el éxito pasajero, proclamaba: «Solo Dios vale todos nuestros esfuerzos».
Conocía el crisol de las dificultades familiares y prometía a las familias que «Dios les dará el doble de lo que ustedes le den», y animaba a los creyentes: «Recordemos, en nuestras alegrías y tristezas diarias, al Dios del sagrario que se complace en permanecer con los hijos de los hombres». El beato Cyprian conocía a Cristo en la Eucaristía: el amor de Dios y su unión con nosotros.
Al otro lado del océano, el venerable Patrick Peyton llevaba ese mismo fuego profético. Ambos sacerdotes, contemporáneos entre sí, reconocieron que la renovación de la sociedad depende de familias dedicadas a Dios y que viven una vida sacramental. Ambos conocían el poder de rezar a la Madre de Dios. Honrando la sagrada dignidad de la maternidad y la tierna protección de María, el padre Peyton proclamó: «Al descubrir a María, descubrí a una protectora. Encontré una amiga. Encontré una madre que nunca moriría, llena de cariño, preocupación y guía. Donde está María, está Cristo, su Hijo divino».
Nuestras dificultades culturales de hoy reflejan las de la época de Tansi: hogares divididos, ruido constante y una pobreza espiritual moderna. Cuando invitamos a Jesús y a María a nuestros hogares mediante la oración familiar diaria, especialmente el Rosario, «contemplamos con María el rostro de Cristo».
Estás invitado a unirte al Rosario Mundial por la Paz de Holy Cross Family Ministries. Lleva tus alegrías diarias, tus tristezas y a tu familia ante la Madre de Dios. Reza el Rosario, une tu hogar a una familia mundial de fe y deja que la paz de Cristo reine en tu corazón.
San Cyprian, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, alcancen la paz para nuestro mundo. A través de las oraciones del Rosario, oramos como Jesús nos enseñó, buscamos la intercesión maternal universal de María y crecemos en virtud.
En este mismo momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Hijo divino, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese don en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese don de las manos de tu Madre.
A través del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. Nunca perdamos la esperanza de que ella desea hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

Siervo de Dios Obispo Alfredo Verzosa
22 de septiembre de 2026
Philippines
El 9 de diciembre de 1877, en Vigan, Ilocos Sur, nació el Siervo de Dios Alfredo Florentin Verzosa, en unas Filipinas marcadas por una rica herencia, una profunda tradición católica y una época de transición nacional. Creció en un hogar donde sus padres pasaban largas horas en oración ante el Santísimo Sacramento, y el joven Alfredo fue testigo de una fe familiar viva e inquebrantable.
Ordenado sacerdote en 1904 y consagrado como el primer obispo filipino de Lipa en 1917, adoptó un lema que guió toda su vida: Disponit omnia suaviter —«Él dispone todas las cosas con suavidad».
El obispo Verzosa tenía un corazón de pastor y una claridad inquebrantable. Al enfrentar las crisis espirituales de su época, advertía a su clero: «La ignorancia de la fe está en la raíz de nuestras mayores heridas pastorales». Al guiar a las almas perdidas de regreso a Cristo, insistía: «No es la fuerza la que gana las almas, sino un profundo amor por la verdad, fidelidad a la Iglesia y sincera compasión».
Para proteger a las familias de la pobreza espiritual, el obispo Verzosa fundó en 1923 a las Catequistas Misioneras del Sagrado Corazón. Cuando la Segunda Guerra Mundial dejó su diócesis devastada, entregó la herencia familiar que había recibido para reconstruir iglesias, restaurar seminarios y alimentar a los hambrientos. Más tarde, en medio de delicadas controversias, aceptó su renuncia forzada con una obediencia heroica y silenciosa, regresando a Vigan sin pronunciar una sola palabra de queja.
Cuando la Arquidiócesis de Nueva Segovia abrió oficialmente su causa de beatificación y lo declaró Siervo de Dios, el decreto elogió su santidad silenciosa: «Su vida es un modelo ejemplar de humildad, obediencia y paciente perseverancia en el sufrimiento… Nos reveló la compasión de Dios mediante su ejemplo de amor por los pobres y necesitados». Al morir el 27 de junio de 1954, dejó este último y sencillo testimonio: «He servido a Dios, a la Santísima Virgen María y a la Iglesia con todo mi corazón y todas mis fuerzas».
Su sacrificio silencioso en Vigan coincidió con una histórica explosión de gracia en toda su patria. Cuando el padre Patrick Peyton llevó la Cruzada del Rosario en Familia a Filipinas en 1951 y 1952, reuniendo a más de un millón de filipinos en grandes concentraciones en Manila, el obispo Verzosa vivía sus últimos años de retiro silencioso, ofreciendo diariamente el Rosario por la renovación de la Iglesia en Filipinas.
La prensa se dio cuenta de la magnitud de aquel movimiento sin precedentes. The Manila Times destacó la importancia de la concentración y reportó: «Nunca antes en la historia de Filipinas se había reunido una multitud tan grande para un solo propósito espiritual: más de un millón de fieles arrodillados juntos, con el Rosario en las manos, implorando al Cielo por la paz».
En aquellas concentraciones históricas, el padre Peyton proclamó unas palabras que aún resuenan en la historia: «Denle a Nuestro Señor y a Nuestra Señora diez minutos de las veinticuatro horas del día en su hogar, y la paz reinará en sus corazones».
¿Por qué el Rosario tiene un poder tan extraordinario para el hogar? Como escribió san Juan Pablo II en su Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae, rezar el Rosario no es otra cosa que «contemplar con María el rostro de Cristo». Él declaró que «el Rosario es, por su propia naturaleza, una oración por la paz», recordándonos que «una familia que reza unida reproduce de alguna manera la atmósfera del hogar de Nazaret: sus miembros ponen a Jesús en el centro, comparten sus alegrías y sufrimientos, y ponen sus necesidades y proyectos en sus manos.»
Nuestro mundo moderno enfrenta dificultades notablemente similares a las de aquella época: ruido ideológico, hogares fracturados, ansiedad económica y agotamiento espiritual. Hoy, las familias están llamadas a invitar a Cristo a sus hogares mediante la oración en familia, especialmente el Rosario. Sin oración, las familias perderán el sentido, el propósito y la misión que tienen dentro del mundo secular, en nombre de Jesús, María y la Iglesia.
¿Tú y tu familia se han preguntado cuál es la misión especial de nuestra familia? ¿A quién nos invita Dios a amar y con quién nos llama a compartir nuestra fe? ¿Cómo debemos cumplir el plan de Dios en nuestras vidas? Tómense un tiempo para unirse a un movimiento del Rosario en nuestros tiempos: únanse al Rosario Mundial por la Paz de Holy Cross Family Ministries el 22 de octubreo. Reúnan a sus seres queridos, tomen el Rosario, lleven sus penas y alegrías cotidianas a la Madre de Dios y permitan que la dulce paz de Cristo reine en su corazón y en su hogar.
Siervo de Dios Alfredo Florentin Verzosa, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, alcancen la paz para nuestro mundo. Por medio de las oraciones del Rosario, oramos como Jesús nos enseñó, buscamos la intercesión maternal universal de María y crecemos en virtud.
En este mismo momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Hijo Divino, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese regalo en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese regalo de las manos de tu Madre.
Por medio de la intercesión de María a través del Rosario, la paz ya ha llegado al mundo antes. Nunca perdamos la esperanza de que ella desea hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

Santa Alfonsa
23 de septiembre de 2026
India
En un pequeño pueblo de Kerala, India, una adolescente llamada Anna Muttathupadathu caminó hacia un montón de paja en llamas, respiró profundamente y saltó al fuego.
Su madre adoptiva había pasado meses tratando de arreglarle un matrimonio con una familia adinerada, ignorando la tranquila insistencia de Anna de que quería entregar su vida a Dios. Desesperada por hacer fracasar los planes de boda, Anna pensó que quemarse los pies haría que ningún pretendiente la quisiera. El fuego causó mucho más daño del que había imaginado, quemándole las piernas hasta los huesos y provocándole heridas terribles que nunca sanaron por completo. La propuesta de matrimonio desapareció, pero Anna pagó por ello con un dolor físico que la acompañó durante el resto de su vida.
Ingresó a la Congregación de las Clarisas Franciscanas en 1927, tomando el nombre religioso de Sor Alphonsa.
Su vida en el convento de Bharananganam no tuvo nada del ministerio activo que era común en otras congregaciones. No fue enviada a construir escuelas ni a dirigir hospitales. En cambio, una enfermedad prolongada la dejó postrada casi desde el principio. Graves episodios de malaria, fiebre tifoidea, hemorragias internas y úlceras crónicas la mantuvieron confinada durante años en una sencilla cama de la enfermería del convento.
Alphonsa se negó a volverse amargada o a considerar su cama como una prisión. Recordando el sufrimiento de Cristo, ofrecía en silencio cada fiebre y cada noche sin dormir por la salvación de los demás. A los niños del pueblo les encantaba visitar su habitación, atraídos por su risa cálida y por su total ausencia de autocompasión. Cuando el dolor físico se volvía insoportable, tomaba su Rosario entre los dedos y ofrecía cada Ave María como una oración silenciosa por las familias y por la paz.
Murió en 1946, a los apenas treinta y cinco años, desconocida fuera de su pueblo, antes de ser canonizada como la primera mujer santa nativa de la India.
Santa Alphonsa cuestiona la obsesión moderna por estar constantemente ocupados y por recibir reconocimiento público. Nuestra sociedad mide el valor de una persona por su productividad, sus logros profesionales y su visibilidad. Alphonsa demuestra que parte de la labor espiritual más profunda ocurre completamente en silencio y sin ser vista. Cuando la enfermedad, la vejez o las dificultades inesperadas llegan a una familia, es fácil sentirse inútil. Alphonsa nos recuerda que una oración paciente y escondida, ofrecida desde una cama de enfermo o desde un rincón tranquilo, puede sostener a todo un hogar.
Nuestro Santo Padre, el Papa León XIV, ha invitado a los católicos de a pie a defender la Iglesia doméstica y a recuperar una verdadera disciplina espiritual dentro del hogar. Así como Alphonsa convirtió una habitación de enferma en Kerala en una silenciosa fuente de gracia, nuestras familias pueden transformar nuestros propios hogares en centros de paz mediante el ritmo constante del Rosario.
Mientras nos preparamos para el Rosario Mundial por la Paz, tomemos nuestras cuentas del Rosario con esa misma humilde paciencia. Pidamos a Santa Alphonsa que interceda por nuestras familias, que consuele a quienes sufren y que obtenga para nuestro mundo la paz de Cristo.
Santa Alphonsa, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, alcancen la paz para nuestro mundo. Por medio de las oraciones del Rosario, oremos como Jesús nos enseñó, busquemos la intercesión maternal universal de María y crezcamos en virtud.
Ahora mismo, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Divino Hijo, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentra la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese don en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese don de las manos de tu Madre.
Por medio del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. No perdamos nunca la esperanza de que ella desea hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.
Semana 6 – La Iglesia doméstica, 1945 – 1970

Siervo de Dios Frank Duff
24 de septiembre de 2026
Ireland
Dublín, en 1921, era una herida abierta. Los escombros obstruían las esquinas de las calles, los agujeros de bala marcaban las fachadas de ladrillo y se podía sentir la presencia de héroes muertos en casi cada cuadra. Durante décadas, los hijos y nietos de los sobrevivientes de la Gran Hambruna habían intentado rescatar el alma del país. Se esforzaban por mantener viva la lengua irlandesa, preservar los deportes gaélicos y proteger una fe católica que había sostenido al pueblo durante más de mil años. Pero ese legado enfrentaba constantemente la presión de londinenses adinerados que veían Dublín únicamente como bienes raíces comerciales. Si un joven quería conseguir un empleo o hacer carrera en el servicio público, el consejo era claro: abandonar sus hábitos «campesinos» y alejarse de una antigua fe que, según ellos, pertenecía al pasado.
El Levantamiento de Pascua de 1916 dejó el centro de Dublín en ruinas. Inmediatamente después llegó la brutal Guerra de Independencia, seguida poco después por la amarga tragedia de la Guerra Civil. La política dividió a las familias. Los vecinos se volvieron unos contra otros, dejando hogares cargados de un dolor que nadie se atrevía a expresar.
En medio de aquella devastación, Frank Duff, un tranquilo funcionario del Departamento de Finanzas, se sentó con algunas mujeres católicas y un sacerdote. Duff sabía que las batallas armadas y las políticas económicas no podían reparar el verdadero daño causado al espíritu de Irlanda; los laicos tenían que dar un paso al frente y vivir su fe. Una noche de otoño de 1921, se reunieron alrededor de una mesa con una estatua de Nuestra Señora y dos velas. Sacaron sus Rosarios, le preguntaron a María qué quería que hicieran y salieron directamente a la oscuridad de la noche.
Así comenzó la Legión de María.
Recorrían las calles en busca de los olvidados y de quienes estaban espiritualmente destrozados, negándose a aceptar la mentira de que el progreso exigía renunciar a quienes eran. Las patrullas británicas y hombres armados vigilaban las esquinas, pero Duff y sus voluntarios no llevaban armas. Llevaban cuentas de madera tallada. Con el Rosario y una caridad genuina, se propusieron reconstruir a las familias heridas desde sus cimientos, llegando incluso a entrar en los burdeles de los barrios populares para ayudar a las jóvenes a abandonar la calle.
A medida que la Legión crecía en Irlanda, Duff se unió a otro irlandés: el padre Patrick Peyton.
El padre Peyton llenaba estadios alrededor del mundo con sus enormes concentraciones del Rosario, mientras Duff trabajaba detrás de escena estableciendo grupos parroquiales. Los dos hombres se apoyaban constantemente. Peyton confiaba en la Legión como el equipo que estaba sobre el terreno para ayudar a las familias a seguir rezando después de que las multitudes regresaban a casa. Duff, a su vez, utilizaba sus reuniones semanales para transmitir el mensaje de Peyton: la Iglesia doméstica se sostiene o cae con el Rosario en familia. Ambos creían que la paz duradera no nace en los edificios del Parlamento; comienza cuando padres e hijos rezan juntos en casa.
Ese impulso pronto se extendió al extranjero. A mediados del siglo XX, miles de sacerdotes y religiosos irlandeses abordaban barcos con destino a África. En lugares como Nigeria, durante la década de 1950, incluso había más sacerdotes irlandeses sirviendo en las parroquias locales que sacerdotes nacidos en el propio país.
Duff también envió a jóvenes laicas valientes a las misiones. La más extraordinaria fue la Venerable Edel Quinn, quien pasó diez años recorriendo África Oriental en una Ford vieja y maltratada, a pesar de padecer una tuberculosis grave, fundando grupos de la Legión de pueblo en pueblo.
Hoy, la historia se ha invertido. Mientras el secularismo ha debilitado a la Iglesia en gran parte de Occidente, la Iglesia en África es vibrante, está creciendo y está enviando sacerdotes de regreso a Irlanda, Europa y América. Millones de legionarios africanos todavía se reúnen cada semana para visitar a los enfermos, aconsejar a las familias que atraviesan dificultades y rezar el Rosario.
Frank Duff y el padre Peyton no dejan ninguna duda sobre el remedio. Cuando el caos cultural y la hostilidad política desgarran a las comunidades, la respuesta no ha cambiado: reunir a la familia, sacar los Rosarios y dejar que Nuestra Señora haga el trabajo más importante.
La vida moderna está llena de ruido constante y de enojo político, empujando a las familias a dejar la oración en segundo plano. Nuestro Santo Padre, el papa León XIV, ha invitado a los hogares católicos a asumir su papel como Iglesia doméstica. Arrodillémonos juntos. La verdadera paz comienza en nuestra propia sala, antes de llegar a nuestras parroquias, nuestros países o al resto del mundo.
Mientras nos preparamos para el Rosario Mundial por la Paz, pidamos al Siervo de Dios Frank Duff que rece por nuestros hogares y nos ayude a alcanzar la paz de Cristo para nuestro mundo.
Siervo de Dios Frank Duff, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de los océanos y las lenguas, alcancen la paz para nuestro mundo. Por medio de las oraciones del Rosario, rezamos como Jesús nos enseñó, buscamos la intercesión maternal universal de María y crecemos en virtud.
En este mismo momento, la Santísima Madre de Dios está rezando por ti. De su Hijo Divino, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese don en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese don de las manos de tu Madre.
Por medio del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. Nunca perdamos la esperanza de que ella desea hacerlo de nuevo mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

Beato Solanus Casey
25 de septiembre de 2026
USA
Vivimos en una época de profundo ruido. Estamos conectados con todo el mundo, y sin embargo tantos hogares se sienten fracturados, aislados y abrumados.
San Juan Pablo II vio venir esto y ofreció una advertencia profética: «El gran peligro para la vida familiar, en medio de cualquier sociedad cuyos ídolos son el placer, la comodidad y la independencia, radica en que las personas cierran su corazón y se vuelven egoístas.»
Pero también nos dio la solución: «Como va la familia, así va la nación, y así va el mundo entero en el que vivimos.» Las familias llenas de fe pueden hacer que el mundo vuelva a Dios.
Si el mundo ha de ser sanado, la sanación debe comenzar en la sala de estar.
Consideremos al Beato Solanus Casey, nacido en 1870. En su hogar de inmigrantes irlandeses, el ritual familiar para mantenerse arraigados en la paz era un vínculo único e inquebrantable: el Rosario diario en familia. Cada noche, el joven Solanus y sus dieciséis hermanos se turnaban para dirigir las oraciones.
Esa devoción a la Santísima Madre formó a un hombre que llegaría a convertirse en un gigante espiritual. Ordenado sacerdote franciscano capuchino, las dificultades académicas del Padre Casey hicieron que no se le permitiera predicar. Así que Dios lo convirtió en portero. Durante décadas en Detroit, en medio de la amarga desesperación de la Gran Depresión, simplemente abría la puerta.
Abrir la puerta se convirtió en su púlpito. Alimentaba a los hambrientos, escuchaba a familias destrozadas y aconsejaba a padres paralizados por la cultura que los rodeaba. En su beatificación, el Cardenal Angelo Amato proclamó que el Padre Solanus «tenía conciencia de la presencia de la providencia de Dios, no solo en la oración, la liturgia y el estudio, sino también en los acontecimientos cotidianos de la vida familiar». Sus «hijos predilectos eran los pobres, los enfermos, los necesitados y las personas sin hogar».
El Beato Solanus no ofrecía grandes discursos a las familias que llegaban a su puerta. Les ofrecía una confianza radical en María y en la Sagrada Familia. Los desafiaba —y hoy también nos desafía a nosotros:
«No recen por tener vidas fáciles; recen para ser personas más fuertes. No recen por tener tareas iguales a sus capacidades; recen por tener capacidades iguales a sus tareas.»
Sabía que la familia que confía en Dios experimentaría milagros de gracia, prometiendo: «Cada día se maravillarán de ustedes mismos, de la riqueza de vida que les ha llegado por la gracia de Dios.»
El consejo profético del Beato Solanus era sencillo: «La preocupación es una debilidad de la que muy pocos de nosotros estamos completamente libres… En cambio, fomentemos la confianza en Dios y démosle gracias de antemano por todo lo que Él quiera enviarnos.»
El Beato Solanus comparte un mismo corazón espiritual con el Venerable Patrick Peyton. Ambos hijos de inmigrantes irlandeses, aprendieron la fe no en grandes catedrales, sino de rodillas en la sala familiar. Ambos comprendieron que el Rosario no es solo una cadena de cuentas: es un salvavidas espiritual.
Hoy, a menudo buscamos la paz en los políticos o en la tecnología. Pero la paz se forja en el hogar. Como declaró el Padre Peyton: «La familia que reza unida permanece unida. Un mundo en oración es un mundo en paz.»
El ruido de nuestro mundo es fuerte, pero el susurro del Espíritu Santo es más poderoso. Y así, el 22 de octubre de 2026 —apropiadamente, en la fiesta de San Juan Pablo II— Holy Cross Family Ministries extiende una profunda invitación, una intervención para nuestro mundo herido. Reza el Rosario con más de 100,000 personas, suplicando a Dios y a Nuestra Señora por la paz mundial y, más cerca de casa, por la paz en nuestras familias.
Te pedimos que hagas una pausa. Invitamos a cada familia a apagar el ruido. Reúnanse. Tomen el Rosario. Construyan su hogar sobre el fundamento de la oración y, como el Beato Solanus Casey, den gracias a Dios de antemano por la gracia que Él está dispuesto a derramar sobre ustedes.
La puerta está abierta. ¿Responderá tu familia?
Beato Solanus Casey, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, alcancen la paz para nuestro mundo. A través de las oraciones del Rosario, rezamos como Jesús nos enseñó, buscamos la intercesión maternal universal de María y crecemos en virtud.
En este mismo momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Divino Hijo, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese don en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese don de las manos de tu Madre.
A través del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. Nunca perdamos la esperanza de que ella desea hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

Beata Marie-Clémentine Anuarite
26 de septiembre de 2026
DRC
En noviembre de 1964, la Rebelión Simba arrasó el este del Congo. Los rebeldes anticristianos recorrían el campo, quemaban estaciones misioneras y atacaban al clero. Cuando un camión lleno de combatientes rebeldes llegó al convento de la Sagrada Familia en Bafwabaka, rodearon a las hermanas a punta de pistola y las obligaron a subir a la caja abierta del camión. Las llevaron cuarenta millas por caminos de tierra destrozados hasta un puesto militar en Isiro. Entre ellas estaba la hermana Marie-Clémentine Anuarite Nengapeta. Tenía veinticuatro años.
La fortaleza de Anuarite tenía raíces profundas. Su padre había servido en la Segunda Guerra Mundial, pero después de abandonar a la familia para casarse con otra mujer, la madre de Anuarite crió sola a sus hijas. Dirigía la casa con firmeza, asegurándose de que sus hijas rezaran todos los días y permanecieran devotas a María. Anuarite enseñaba en la escuela de la misión y ayudaba a los vecinos enfermos en Wamba. Cuando ingresó al convento, su madre se opuso firmemente, con la esperanza de que se casara bien y ayudara a mantener a la familia, pero Anuarite no cedió.
En el cuartel de Isiro, el comandante rebelde, el coronel Pierre Olombe, la tomó como objetivo. Le ordenó que rompiera sus votos y se acostara con él.
Anuarite le respondió con un rotundo no. Olombe la arrojó a una celda, hizo que los guardias la amenazaran y juró que mataría a las demás hermanas si ella seguía negándose. Ella se mantuvo firme y le dijo al coronel directamente que prefería morir antes que cometer ese pecado.
Humillado por su desafío, Olombe la arrastró al oscuro patio. Él y sus hombres la golpearon con las culatas de sus rifles y con ramas gruesas, fracturándole las costillas y destrozándole los brazos hasta que cayó al suelo. Mirando al hombre que la estaba matando, Anuarite alcanzó a susurrar: «Te perdono, porque no sabes lo que haces.» Un soldado se abalanzó sobre ella, le clavó una bayoneta en el pecho y le disparó hasta matarla.
Ese nivel de convicción nace en un hogar donde Dios importa más que la seguridad personal. Mucho antes de que un rebelde le apuntara con un arma, la madre de Anuarite ya le había enseñado que hay cosas por las que vale la pena morir.
Nuestra cultura presiona a las familias para que cedan cada vez que mantenerse firmes resulta incómodo. Nuestro Santo Padre, Papa León XIV, ha exhortado a las familias católicas a recuperar su identidad como Iglesia doméstica. Necesitamos hogares con ese tipo de fortaleza. Es alrededor de la mesa de la cocina donde los niños aprenden si la fe es real o simplemente palabras, y reunirse allí para rezar el Rosario le da a la familia la base necesaria para resistir todo lo que el mundo le depare.
Mientras nos preparamos para el Rosario Mundial por la Paz, toma tu rosario con esa misma serena determinación. Pídele a la beata Marie-Clémentine Anuarite que interceda por nuestros hogares y obtenga para nuestro mundo la paz de Cristo.
Beata Marie-Clémentine Anuarite, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, alcancen la paz para nuestro mundo. Por medio de las oraciones del Rosario, oremos como Jesús nos enseñó, busquemos la intercesión maternal universal de María y crezcamos en virtud.
En este mismo momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Divino Hijo, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese regalo en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese regalo de las manos de tu Madre.
Por medio del Rosario, la intercesión de María ha traído paz al mundo antes. No perdamos nunca la esperanza de que ella desea hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

Venerable Alfredo María Obviar
27 de septiembre de 2026
Philippines
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Cuando surgió la controversia en torno a las apariciones reportadas en el Carmelo de Lipa a principios de la década de 1950, el obispo auxiliar Alfredo María Obviar cargó con gran parte de las consecuencias. Funcionarios del Vaticano intervinieron con severas sanciones administrativas, despojando efectivamente a Obviar de su cargo en Lipa y enviándolo a hacerse cargo de la administración local en Lucena. Muchos clérigos en su situación habrían exigido una investigación o se habrían marchado resentidos. Obviar empacó sus cosas, aceptó el nuevo destino y se dirigió al sur sin hacer escándalo.
Ya había enfrentado muchas dificultades. Nacido en Lipa, Batangas, en 1889, Alfredo perdió a ambos padres antes de llegar a la juventud y dependió de su familia extendida para poder continuar sus estudios. Esa pérdida despertó en él una compasión duradera por los huérfanos y las familias que atravesaban dificultades. Después de ser ordenado sacerdote en 1919, se ganó la fama de permanecer en el confesionario hasta que las rodillas ya no le respondían. Con frecuencia se subía a una carreta tirada por un carabao para visitar los barrios más alejados, agachándose bajo los techos bajos de paja para enseñar el catecismo a los niños de la comunidad.
Lucena presentaba sus propios enormes desafíos. Al mirar hacia toda la provincia de Quezón, Obviar encontró comunidades agrícolas aisladas de la vida parroquial regular, con muy pocos sacerdotes disponibles. En 1958, fundó a las Catequistas Misioneras de Santa Teresita del Niño Jesús. Su plan era sencillo: enviar a estas mujeres a pie por el campo, hacer que visitaran directamente los hogares y enseñar a las familias a rezar juntas el Rosario alrededor de sus propios altares familiares.
Obviar vivía la misma rutina que predicaba. Cualquiera que pasara frente a la capilla privada de sus habitaciones en Lucena podía ver con frecuencia al obispo arrodillado en silencio y en la oscuridad, con las cuentas del Rosario entre las manos. Cuando sufrió un derrame cerebral que lo dejó gravemente incapacitado en los últimos años de su vida, ofreció la parálisis y la pérdida del habla que resultaron de ello por las intenciones de su rebaño. Murió en silencio en 1978.
Obviar entendió algo que nuestra cultura dominada por las plataformas digitales ignora constantemente: no se necesita autoridad administrativa ni reconocimiento público para realizar una obra espiritual que perdure. Toda una provincia volvió a la fe simplemente porque madres y padres comenzaron a rezar el Rosario con sus hijos después de la cena.
Los hogares modernos de todos los días se ven constantemente arrastrados por horarios frenéticos y el ruido digital. Nuestro Santo Padre, Papa León XIV, ha exhortado a los católicos comunes a recuperar la dignidad de la Iglesia doméstica. Eso comienza por devolver la oración a la rutina diaria del hogar. Obviar puso el futuro de su diócesis en la fe de las familias comunes que se arrodillaban juntas, y esa sencilla práctica sigue siendo el camino más seguro para llevar la paz de Cristo bajo nuestros propios techos.
Mientras nos preparamos para el Rosario Mundial por la Paz, toma tu rosario con esa misma paciencia constante. Pídele al venerable Alfredo María Obviar que interceda por nuestros hogares y obtenga para nuestro mundo la paz de Cristo.
Venerable Alfredo María Obviar, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, alcancen la paz para nuestro mundo. Por medio de las oraciones del Rosario, oremos como Jesús nos enseñó, busquemos la intercesión maternal universal de María y crezcamos en virtud.
En este mismo momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Divino Hijo, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese regalo en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese regalo de las manos de tu Madre.
Por medio del Rosario, la intercesión de María ha traído paz al mundo antes. No perdamos nunca la esperanza de que ella desea hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

Santa Gianna Beretta Molla
28 de septiembre de 2026
Italy
A menudo buscamos la santidad en los márgenes dramáticos de la historia: en celdas del desierto, claustros de piedra o en la sangre de los coliseos. Pero el cielo frecuentemente elige los centros silenciosos de la vida familiar. Gianna Beretta llegó a este mundo el 4 de octubre de 1922, en Magenta, Italia. Nació en medio de un país marcado por la agitación política. Era precisamente el mes en que Benito Mussolini marchó sobre Roma, sumergiendo a su nación en la oscura era del fascismo, seguida finalmente por la devastación de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, dentro del santuario de su hogar reinaba un reino diferente. Fue la décima de trece hijos de Alberto y Maria Beretta. Sus padres pertenecían a la Tercera Orden Franciscana.
El mundo a su alrededor se desmoronaba en medio del caos; sin embargo, en su familia de origen había una profunda paz y un orden, arraigados en la oración y el servicio a los pobres. Como la propia Gianna escribiría más tarde: «El secreto de la felicidad es vivir momento a momento y dar gracias a Dios por todo lo que, en su bondad, nos envía día tras día».
Al llegar a la edad adulta, Gianna no huyó del mundo. Se entregó plenamente a él como una mujer moderna, aficionada al esquí, amante de la ópera y dedicada médica pediatra. En 1955, se casó con Pietro Molla. Juntos formaron una hermosa familia, criando a tres hijos pequeños mientras un cuarto crecía secretamente en su vientre. Su familia era un santuario vivo. Su vida de oración como madre no estaba formada por horas de silencio ininterrumpido; estaba entretejida directamente en los ritmos cotidianos de cuidar a sus pacientes: atendiendo las rodillas raspadas en el consultorio, preparando las comidas y leyendo cuentos antes de dormir en casa.
La devoción de Gianna a la Virgen María era el latido constante de esta iglesia doméstica. Vivía al ritmo de las cuentas de su Rosario, considerándolo no como una obligación pasiva, sino como un escudo espiritual esencial para sus hijos. A las madres y a los padres les dejó un profundo modelo de protección:
«Amen a sus hijos. En ellos pueden ver al Niño Jesús. Recen mucho por ellos y cada día pónganlos bajo la protección de la Santísima Virgen María».
Aunque no conoció al estadounidense «sacerdote del Rosario», el venerable Patrick Peyton, ambos comprendieron el camino hacia la santidad. Los dos fueron profetas, proclamando la verdad sobre la vida familiar y la fe en un mundo secularizado: el hogar es donde comienza la santidad. Mientras el padre Peyton proclamaba que «la familia que reza unida permanece unida», Gianna lo vivía en carne propia, convirtiendo la mesa familiar en un lugar de oración compartida cada día.
En 1961, Gianna enfrentó una crisis moderna que todavía resuena con fuerza en nuestra época. Se desarrolló un tumor fibroso en su útero mientras llevaba en su vientre a su bebé. Las presiones culturales y médicas de su tiempo la empujaban silenciosamente hacia un camino de preservación de su propia vida a costa de la vida de su hijo. Aquí encontramos su desafío profético para nuestros días: ella creía que toda persona posee una dignidad y un valor inherentes, independientemente de cuán útil, independiente o conveniente pueda ser para los demás. Eligió el camino radical y sacrificial del amor, diciéndoles a sus médicos con absoluta claridad:
«Si tienen que decidir entre los dos, salven al niño».
El 21 de abril de 1962 nació sana y salva su hija, Gianna Emanuela. Una semana después, el 28 de abril de 1962, Gianna murió, y sus últimas palabras fueron susurradas: «Jesús, te amo».
En su canonización, el 16 de mayo de 2004, el papa Juan Pablo II miró a la multitud —que incluía, de manera conmovedora, a su esposo ya anciano, Pietro, y a sus hijos sobrevivientes— y la declaró «una mensajera sencilla, pero más que nunca significativa, del amor divino». San Juan Pablo II invitó a nuestra época moderna a redescubrir, a través de ella, «la belleza pura, casta y fecunda del amor conyugal».
Gianna demostró que la santidad no exige que elijamos entre el afecto humano cotidiano y la devoción divina. En una conmovedora nota que reflejaba su profunda vida de oración, su esposo Pietro escribió posteriormente:
«Gracias por haberme dado a Gianna como la dulce compañera de mi vida… Haz que nuestro amor crezca cada vez más, que sea más dulce y más puro… Que nosotros y nuestros hijos podamos ser santos.»
Que hoy podamos escuchar su voz, que nos llama de nuevo a los altares cotidianos de nuestros hogares y nos recuerda que el amor solo se realiza plenamente cuando tenemos el valor de entregarnos por completo.
Santa Gianna, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, alcancen la paz para nuestro mundo. A través de las oraciones del Rosario, oremos como Jesús nos enseñó, busquemos la intercesión maternal universal de María y crezcamos en virtud.
En este mismo momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Divino Hijo, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese regalo en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese regalo de las manos de tu Madre.
A través del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. Nunca perdamos la esperanza de que ella desea hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

Hermano Columba O’Neill, C.S.C.
29 de septiembre de 2026
USA
El Hermano Columba O’Neill pasó más de cuarenta años en la Universidad de Notre Dame reparando zapatos, pero las botas eran lo menos importante de todo lo que sucedía en su taller.
Nació como John O’Neill en Pensilvania en 1848, hijo de padres inmigrantes irlandeses, y sus primeros años fueron difíciles. Graves deformidades esqueléticas lo dejaron con pies zambos y la columna vertebral curvada. Esto significaba soportar dolor físico todos los días, mientras los muchachos del vecindario se burlaban de él en la calle. Cuando su madre murió siendo él aún joven, tuvo que salir adelante por sí mismo, trabajando como zapatero y realizando trabajos pesados en las ciudades mineras de Pensilvania. Aquellos duros comienzos nunca lo llenaron de amargura. Al contrario, vivir con un cuerpo afectado por el sufrimiento le dio una verdadera compasión por quienes estaban enfermos u olvidados. Finalmente, se dirigió hacia Indiana y se unió a la Congregación de Santa Cruz como hermano laico.
La comunidad le asignó a Columba el taller de zapatos del campus, donde se encargaba de mantener en buen estado las botas de trabajo de los estudiantes y los sacerdotes. Pero en aquel taller, el aroma de la oración se mezclaba tanto como el del cuero y la crema para zapatos. El Hermano Columba tenía una confianza absoluta en San José y simplemente esperaba que sus oraciones fueran escuchadas.
La noticia se extendió rápidamente por South Bend. Estudiantes con fiebre y madres agobiadas por las cargas de sus familias comenzaron a llegar hasta su banco de trabajo. Columba nunca se atribuía ningún mérito. Les entregaba una pequeña insignia de tela de San José, les decía que comenzaran una novena y sacaba directamente de su bolsillo las cuentas de su Rosario.
Esa misma comunidad de Santa Cruz formó más tarde al Padre Patrick Peyton. Décadas después de que Columba recorriera aquellos caminos del campus, Peyton llevó ese mismo fuego mariano a estadios de todo el mundo. El Hermano Columba ya había demostrado esa verdad desde su humilde banco de zapatero: llevar a Dios a una situación desesperada comienza con un corazón arraigado en la oración.
A principios del siglo XX, comenzó a llegar una gran cantidad de correo a la oficina postal de Notre Dame dirigido simplemente al zapatero. Llegaban cartas de todos los rincones del país pidiendo oraciones. Columba respondió miles de ellas a mano, pasando sus noches de rodillas en la iglesia y rezando por cada intención. Para el momento de su muerte en 1923, había más de diez mil curaciones y favores documentados. A pesar de toda aquella atención, permaneció junto a su banco de trabajo, diciéndole a cada visitante que diera gracias a la Sagrada Familia.
El Beato Basilio Moreau, fundador de Santa Cruz, insistía en que la renovación de la sociedad correspondía tanto a los hermanos laicos ordinarios como a los sacerdotes ordenados. El Hermano Columba vivió esta enseñanza con sus propias manos, escuchando a las personas desahogar sus penas en su taller y convirtiendo cada dolor en una decena del Rosario.
Nuestra cultura les dice a las familias que solo el estatus y el dinero pueden hacer la diferencia. Nuestro Santo Padre, el Papa León XIV, ha pedido a los hogares católicos que sean una Iglesia doméstica. El Hermano Columba trataba aquel campus universitario como una familia extendida, acogiendo a las personas heridas con la fuerza silenciosa de San José. Cuando las familias se arrodillan juntas después de la cena para rezar el Rosario, invitan esa misma gracia a sus propios hogares.
Mientras nos preparamos para el Rosario Mundial por la Paz, tomemos nuestras cuentas con esa confianza tranquila y perseverante. Pidamos al Siervo de Dios, el Hermano Columba O’Neill, que rece por nuestros hogares y nos ayude a alcanzar la paz de Cristo para nuestro mundo.
Siervo de Dios, Hermano Columba O’Neill, ruega por nosotros.
San José, Pilar de las Familias, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de los océanos y de las lenguas, alcancen la paz para nuestro mundo. Por medio de las oraciones del Rosario, oremos como Jesús nos enseñó, busquemos la intercesión maternal universal de María y crezcamos en virtud.
En este mismo momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Divino Hijo, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentra la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese don en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese don de las manos de tu Madre.
Por medio del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. Nunca perdamos la esperanza de que ella desea hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

Familia Beata Ulma (Józef, Wiktoria y sus 7 hijos)
30 de septiembre de 2026
Poland
Antes del amanecer del 24 de marzo de 1944, la policía militar alemana rodeó una granja aislada en Markowa, un pueblo del sureste de Polonia. Allí vivían Józef Ulma, su esposa Wiktoria y sus seis hijos pequeños: Stanisława, Barbara, Władysław, Franciszek, Antoni y Maria. Wiktoria estaba esperando a su séptimo bebé, cuyo nacimiento podía ocurrir en cualquier momento. Escondidos bajo el techo de la casa se encontraban ocho vecinos judíos a quienes habían dado refugio durante más de un año: la familia Goldman, junto con Lea Didner, su pequeña hija y Gołda Grünfeld.
Los Ulma trabajaban la tierra como todos los demás habitantes de la zona. Józef cuidaba árboles frutales, criaba abejas y llevaba consigo una vieja cámara fotográfica con la que tomaba retratos de los vecinos del otro lado del valle. Wiktoria horneaba el pan y cuidaba a los pequeños. Eran feligreses practicantes que tomaban en serio las Escrituras. Mucho tiempo después de su muerte, unos familiares encontraron la Biblia de la familia en un estante, con el relato del Buen Samaritano marcado con lápiz rojo y, junto a él, una sola palabra escrita a mano por Józef en el margen: Tak —“Sí”.
Bajo la ocupación alemana de Polonia, dar siquiera una corteza de pan a un judío que huía significaba la ejecución inmediata de toda la familia. Los Ulma conocían perfectamente el riesgo, pero aun así acogieron a ambas familias bajo su techo.
Finalmente, un colaborador local los delató. Una patrulla irrumpió en la casa, sacó a todos a la fuerza al patio de tierra y asesinó allí mismo a los ocho huéspedes. Después, los soldados dispararon contra Józef y Wiktoria frente a sus hijos, que gritaban desesperados. Wiktoria entró en trabajo de parto durante el tiroteo. Inmediatamente después, el teniente ordenó a sus hombres que apuntaran sus rifles contra los niños, acabando con toda la familia en cuestión de minutos.
Ese tipo de valentía nació directamente de una vida cotidiana y sencilla. Mucho antes de que los soldados llegaran a golpear a su puerta, Józef y Wiktoria habían decidido como matrimonio que su fe cristiana no significaba nada si no podía mantenerse firme cuando ayudar a alguien implicaba ponerse en peligro.
La vida moderna impulsa constantemente a las familias a preocuparse solamente por sí mismas y a guardar silencio cada vez que hacer lo correcto se vuelve incómodo. Nuestro Santo Padre, el papa León XIV, ha exhortado a los hogares católicos a mantenerse firmes como Iglesia doméstica. Lo que ocurrió en aquella granja polaca muestra cómo es realmente un hogar cristiano cuando se encuentra bajo presión. Transmitir una fe verdadera a nuestros hijos e hijas comienza en la sala de estar, cuando los padres enseñan a sus hijos que Dios está por encima de todo y los reúnen alrededor del hogar para rezar diariamente el Rosario.
Mientras nos preparamos para el Rosario Mundial por la Paz, tomemos nuestras cuentas del rosario con esa misma serena determinación. Pidamos a la Beata Familia Ulma que rece por nuestros hogares y obtenga de Cristo la paz para nuestro mundo.
Beatos Józef y Wiktoria Ulma, rueguen por nosotros.
Beatos hijos de la familia Ulma, rueguen por nosotros.
Santa María, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Santa María, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, obtengan la paz para nuestro mundo. Por medio de las oraciones del Rosario, rezamos como Jesús nos enseñó, buscamos la intercesión maternal universal de María y crecemos en virtud.
En este mismo momento, la Santísima Madre de Dios está rezando por ti. De su Hijo Divino, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese don en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese don de las manos de tu Madre.
Por medio del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. No perdamos nunca la esperanza de que ella desea hacerlo de nuevo mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.
Semana 7 – La dignidad de la vida humana, 1950 – 1990

Santa Teresa de Calcuta
1 de octubre de 2026
India
Santa Teresa de Calcuta y el Venerable Patrick Peyton fueron mucho más que simples contemporáneos; fueron voces proféticas que clamaron en un siglo moderno, anticipando las necesidades espirituales del mundo en el que vivimos hoy. Ambos compartieron un llamado radical a la vida misionera y comprendieron que la pobreza más profunda muchas veces no se encuentra en las calles, sino dentro de las paredes de nuestros propios hogares.
Nacida como Anjeze Gonxhe Bojaxhiu en Albania el 26 de agosto de 1910 —solo un año después del nacimiento del padre Peyton en 1909, en el condado de Mayo, Irlanda—, Madre Teresa recibió de sus padres el don de la fe.
En 1928, a los dieciocho años, Anjeze viajó a Irlanda para unirse a las Hermanas de Loreto, tomando el nombre de Teresa. Ese mismo año, Patrick Peyton, también de dieciocho años, dejó Irlanda rumbo a Estados Unidos, un viaje que con el tiempo encendería su vocación sacerdotal.
Madre Teresa viajó a la India en 1929, donde enseñó en Calcuta como Hermana de Loreto. En 1946, mientras viajaba en tren hacia Darjeeling, escuchó su profético “llamado dentro del llamado” para servir a los más pobres entre los pobres. Dos años después, sus Misioneras de la Caridad comenzaron su labor en Calcuta.
Para Madre Teresa, la Eucaristía y el Rosario eran los pilares inquebrantables de su obra. Ella no veía el Rosario como una simple repetición, sino como un encuentro íntimo y vivo. Famosamente dijo:
“El Rosario es mi oración favorita… Porque, sobre el fondo de las palabras del ‘Ave María’, los principales episodios de la vida de Jesucristo pasan ante nuestros ojos”.
Creía profundamente que esta sencilla devoción era un salvavidas espiritual y afirmaba con valentía que “El Rosario nos llevará al amor perfecto de Dios”.
Al otro lado del mundo, después de una curación milagrosa obtenida por intercesión de la Santísima Virgen, el padre Peyton abrazó su propia misión profética: curar el hambre espiritual de la familia moderna. Fundamentando su Cruzada por la Oración en Familia en esos mismos pilares de la Eucaristía y el Rosario, llevó por todo el mundo un grito de batalla que se hizo legendario: “La familia que reza unida permanece unida”.
Cuando los caminos de estos dos gigantes espirituales finalmente se cruzaron en la década de 1980, fue un encuentro de almas afines y visionarias. Madre Teresa y el padre Peyton colaboraron estrechamente, compartiendo una profunda admiración mutua. Madre Teresa participó con entusiasmo en las producciones de Family Theater del padre Peyton, reconociendo que su cruzada a través de los medios de comunicación era esencial para su propia misión. Ella veía la división de la familia como la mayor amenaza para la sociedad moderna.
Se convirtió en una firme defensora de la vida familiar. Haciéndose eco del legendario llamado del padre Peyton, pronunció lo que hoy sigue siendo un importante llamado de atención para las familias:
“¿Dónde comienza el amor? En nuestra propia familia, en nuestro propio hogar. ¿Cómo comienza? Rezando juntos. ¡La familia que reza unida permanece unida! Y si permanecen unidos, se amarán unos a otros como Dios ama a cada uno de ustedes!”
Las familias de hoy están hiperconectadas por la tecnología, pero con demasiada frecuencia se sientan en la misma habitación mientras sufren un aislamiento silencioso y doloroso. La advertencia profética de Madre Teresa y del padre Peyton es que la pobreza espiritual se ha infiltrado en la sala de estar moderna.
Pero también nos dejaron el antídoto.
La enseñanza para la familia de hoy es que el hogar debe ser una iglesia doméstica donde cada miembro escuche a Dios y se escuche unos a otros. Tanto Santa Madre Teresa como el Venerable Patrick Peyton sabían que el Rosario es un acto radical de protección. El Rosario ofrece a la familia 15 minutos de oración rítmica, que nos lleva a reflexionar sobre la vida de la Sagrada Familia. El padre Peyton predicaba con frecuencia que la familia debía llevar a María a su propio hogar y que el Rosario era una maravillosa manera de hacerlo.
El padre Peyton falleció en 1992 y fue declarado Venerable por el papa Francisco en 2017. Madre Teresa dio su último suspiro el 5 de septiembre de 1997. Fue beatificada en 2003 y el papa Francisco la canonizó en 2016.
Santa Teresa de Calcuta y el Venerable Patrick Peyton previeron las dificultades de nuestra época moderna. Para Madre Teresa, la misión era servir a los pobres materialmente; para el padre

Santa Dulce Pontes
2 de octubre de 2026
Brazil

Beato Benedict Daswa
3 de octubre de 2026
South Africa

Venerable Teófilo Camomot
4 de octubre de 2026
Philippines

Beato Óscar Romero
5 de octubre de 2026
El Salvador
Mientras nos preparamos para el Rosario Mundial por la Paz del 22 de octubre de 2026, recordamos a dos extraordinarios testigos del siglo XX: el Venerable Patrick Peyton y San Óscar Romero.
San Óscar Romero nació el 15 de agosto de 1917 en Ciudad Barrios, El Salvador, en la fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen María. Creció en una humilde familia católica, en una nación marcada por la pobreza, pero rica en fe, devoción mariana y vida parroquial.
Unos años antes, Patrick Peyton había nacido en el condado de Mayo, Irlanda, en 1909, en el seno de una numerosa familia católica donde se rezaba el Rosario todas las noches. Esos sencillos momentos de oración familiar marcarían el resto de su vida y su misión.
Lo que resulta sorprendente de ambos hombres es que su camino hacia la santidad comenzó en el mismo lugar: la familia. Dios tomó aquellas experiencias cotidianas de fe, oración y confianza en Su providencia y las transformó en misiones extraordinarias.
Sus historias nos recuerdan algo importante: la historia de la salvación no terminó con la última página de la Sagrada Escritura. Dios continúa salvando a Su pueblo.
A menudo pensamos en la historia de la salvación como la historia de Abraham, Moisés, los profetas, los apóstoles y la Santísima Virgen María. Sin embargo, el mismo Dios que los llamó continúa llamando a personas hoy. El mismo Espíritu Santo que formó a los santos de la Biblia formó al Venerable Patrick Peyton y a San Óscar Romero en el siglo XX, y continúa obrando en nuestras vidas hoy, ofreciéndonos Su gracia para que podamos llegar a ser santos.
No somos simplemente lectores de la historia de la salvación. Somos participantes en ella.
Quizás por eso tanto Peyton como Romero tenían un amor tan profundo por María. Ellos comprendían que cada capítulo de la historia de la salvación conduce a Cristo, y que nadie nos lleva a Cristo más que Su Madre.
Romero y Peyton: juntos, sus vidas resaltan dos devociones marianas de la Iglesia: el Rosario y el Escapulario Café.
El Venerable Patrick Peyton llegó a ser conocido en todo el mundo como el Sacerdote del Rosario. A menudo decía:
«La familia que reza unida permanece unida».
Y al recordar su hogar de la infancia, decía:
«Mi hogar fue la mejor escuela, la mejor biblioteca, el mejor hospital y la mejor iglesia que jamás tuve».
Para Peyton, el Rosario nunca se trató simplemente de María. Se trataba de permitir que María guiara a las familias y a las naciones más cerca de Jesucristo.
San Óscar Romero enseñó esta misma verdad a través de su devoción a Nuestra Señora del Carmen. Predicaba:
«Este santo escapulario sigue siendo visto como un signo de la protección de María y como un signo que continúa llamando a las personas y haciéndoles sentir que son los hijos amados de la Virgen María».
Sin embargo, también recordaba a los fieles:
«El escapulario de la Virgen no puede separarnos del Evangelio».
Ya sea el Rosario en nuestras manos o el Escapulario sobre nuestros hombros, la auténtica devoción a María siempre nos acerca a Cristo.
Su amor por María llevó a ambos hombres a un profundo amor por la Eucaristía. Antes de sus grandes Jornadas del Rosario, el Padre Peyton pedía a las diócesis que se prepararan mediante Horas Santas ante el Santísimo Sacramento y mediante la celebración de la Misa. Él comprendía lo que Romero también comprendía: María nos lleva a Jesús, y Jesús se encuentra de manera más profunda en la Eucaristía.
Para Romero, la oración nunca fue una forma de escapar del mundo. La oración formaba discípulos capaces de amar, servir y afrontar con valentía las dificultades de la vida. San Romero recordaba a la gente de su tiempo:
«Cuando salimos de Misa, deberíamos salir como Moisés descendió del monte Sinaí: con el rostro resplandeciente, con el corazón valiente y fuerte para enfrentar las dificultades del mundo».
El 24 de marzo de 1980, San Óscar Romero fue martirizado mientras celebraba la Sagrada Eucaristía, ofreciendo su vida en unión con el sacrificio de Cristo.
Mientras nos preparamos para el Rosario Mundial por la Paz, escuchemos nuevamente el desafío del Venerable Patrick Peyton:
«Un mundo en oración es un mundo en paz».
Únete a Holy Cross Family Ministries mientras reunimos a familias, parroquias, comunidades y naciones para rezar el Rosario por la paz. Pongamos el Rosario en nuestras manos, mantengamos el Escapulario cerca de nuestro corazón y mantengamos la Eucaristía en el centro de nuestras vidas.
Que el Venerable Patrick Peyton y San Óscar Romero oren por nosotros, por nuestras familias y por la paz en todo el mundo.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, alcancen la paz para nuestro mundo. A través de las oraciones del Rosario, rezamos como Jesús nos enseñó, buscamos la intercesión maternal universal de María y crecemos en virtud.
En este mismo momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De Su Divino Hijo, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese don en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese don de las manos de tu Madre.
A través del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. Nunca perdamos la esperanza de que ella desea hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

Beata Rani Maria Vattalil
6 de octubre de 2026
India
La mañana del 25 de febrero de 1995, la hermana Rani Maria Vattalil tomó el autobús en Udainagar rumbo a Indore. Religiosa franciscana clarisa, había pasado años viviendo entre trabajadores agrícolas jornaleros de las comunidades tribales de las zonas rurales de Madhya Pradesh. Un hombre llamado Samandar Singh, contratado y pagado por prestamistas enojados porque ella estaba afectando sus ganancias, subió al autobús después de ella. Armado con un cuchillo grande, la apuñaló repetidamente mientras los pasajeros aterrorizados se alejaban, y luego arrastró su cuerpo ensangrentado hasta el polvo al borde del camino. Mientras moría junto a la carretera, logró pronunciar en un susurro una sola palabra: «Jesús».
Creció como Mary Vattalil en Pulluvazhy, Kerala, en una familia católica siro-malabar con seis hermanos y hermanas. Sus padres trabajaban en el campo y mantenían la oración diaria por las tardes frente al altar familiar. Cuidar de los vecinos que atravesaban dificultades se consideraba un deber cristiano cotidiano, integrado desde el principio en las tareas de cada día.
Años más tarde, al llegar al norte de la India, Rani Maria encontró familias indígenas atrapadas en deudas que pasaban de una generación a otra. Los prestamistas cobraban intereses exorbitantes, atrapando a padres e hijos en lo que equivalía a una servidumbre por deudas. Rani Maria ayudaba a los habitantes de las aldeas a obtener préstamos bancarios legítimos para que las familias pudieran conservar sus tierras ancestrales.
Los terratenientes locales resentían que su poder estuviera siendo debilitado. Las amenazas de muerte llegaban con regularidad, pero Rani Maria continuaba recorriendo a pie los caminos de tierra, pasando discretamente las cuentas de su Rosario entre los dedos dentro de su bolsillo mientras visitaba a las familias.
Lo que sucedió después de su muerte conmocionó a la región mucho más que el asesinato. En lugar de pedir venganza, la familia de Rani Maria eligió una misericordia absoluta. Su hermana, la hermana Selmy, visitó a Samandar Singh en prisión y le ató en la muñeca un hilo tradicional rakhi, declarándolo su hermano. Su anciana madre fue hasta su celda, besó las manos que habían matado a su hija y pidió a las autoridades que lo liberaran. Ese encuentro quebrantó por completo a Singh; abrazó el cristianismo y pasó los últimos años de su vida haciendo penitencia.
La mesa de una cocina familiar puede inculcar esa clase de fortaleza. Rani Maria aprendió desde muy joven que la verdadera caridad tiene un costo, especialmente cuando significa estar al lado de personas que no tienen a nadie más que las defienda.
Hoy, muchos hogares sienten una presión constante para mirar hacia otro lado cuando las cosas se complican. Nuestro Santo Padre, el papa León XIV, ha invitado a las familias comunes a vivir su vocación como Iglesia doméstica. Lo que Rani Maria presenció en aquellas aldeas rurales demuestra que la fe debe hacerse presente en la vida cotidiana. Reunir a los hijos para rezar el Rosario en familia después de la cena pone en marcha ese mismo espíritu desde el propio hogar.
Mientras nos preparamos para el Rosario Mundial por la Paz, tomemos las cuentas del Rosario con esa firme y perseverante determinación. Pidamos a la beata Rani Maria Vattalil que rece por nuestros hogares y obtenga para nuestro mundo la paz de Cristo.
Beata Rani Maria Vattalil, ruega por nosotros.
Santa María, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Santa María, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, alcancen la paz para nuestro mundo. Por medio de las oraciones del Rosario, oremos como Jesús nos enseñó, busquemos la intercesión maternal universal de María y crezcamos en virtud.
Ahora mismo, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Hijo Divino, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese regalo en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese regalo de las manos de tu Madre.
Por medio del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. Nunca perdamos la esperanza de que ella desea hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

Sierva de Dios María Esperanza
7 de octubre de 2026
Venezuela
La Sierva de Dios María Esperanza Medrano Bianchini nació en Venezuela. El periodo en el que vivió (1928-2004) estuvo marcado por importantes cambios sociopolíticos: un régimen dictatorial, seguido por una transición hacia la democracia y, posteriormente, golpes de Estado que provocaron una creciente polarización política y social en Venezuela, junto con un marcado deterioro de las relaciones entre los ciudadanos.
Consciente de su responsabilidad de participar en la vida de la Iglesia, la Sierva de Dios llevó la luz del Evangelio a su comunidad, comenzando por su propia familia. Educó a sus hijos y a todas las personas que encontraba, afirmando que “solo la familia logrará la estabilidad de todos los pueblos”, convencida de que la familia es la célula fundamental de la sociedad (cf. san Juan Pablo II, Familiaris Consortio, 1981).
Así como María Esperanza trabajó por la familia, también vivió la espiritualidad de la reconciliación en respuesta a las apariciones de la Santísima Virgen María, Reconciliadora de Todos los Pueblos y Naciones, en el Santuario de Betania a partir de 1976 (aprobadas mediante una Carta Pastoral por el obispo local), y a la luz de la situación que enfrentaban Venezuela y el mundo. La agenda mundial actual está marcada por la fragmentación, comenzando por la familia, que es el lugar donde se aprende a ser misericordioso, ciudadano y padre o madre (cf. Francisco, Fratelli Tutti, 2020). En este contexto, fue promotora de la paz dentro de su propia familia y entre muchas otras familias que siguieron su ejemplo.
Ella explicaba que el mensaje de la Virgen era muy claro: la reconciliación. ¿Qué podría ser más actual y más cristiano que esto? Es un llamado a la paz que san Juan XXIII, san Juan Pablo II, el papa Benedicto XVI y el papa Francisco hicieron para que se comprendiera que no podemos buscar la paz mundial sin la paz religiosa. María Esperanza afirmaba que la gracia de la Virgen María en Betania trascendía la labor de los seres humanos en sus esfuerzos por sanar las relaciones, convirtiendo el proceso en algo sobrenatural destinado a dar frutos.
La Sierva de Dios creó la Fundación Betania en 1979, un movimiento laico dedicado a la evangelización y a la formación espiritual y familiar. En 2022, fue erigido como la Asociación Pública de Fieles Movimiento de Espiritualidad Betania por Su Eminencia el cardenal Baltazar Porras. Sus actividades están orientadas al desarrollo humano, destacando el apoyo a la labor pastoral del Santuario de Betania, la participación en las celebraciones litúrgicas con el Coro Betania, la oración diaria y el apoyo a diversas iniciativas pastorales, como las de carácter familiar, misionero, catequético, cultural, ambiental, educativo, juvenil y social.
Invitamos a todos a conocer más acerca de la Sierva de Dios María Esperanza (mariaesperanza.org). Su vida y su ejemplo continúan iluminando el camino hacia la santidad para todos aquellos que buscan seguir las huellas de Cristo, sirviendo al prójimo desde sus familias y comunidades.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, alcancen la paz para nuestro mundo. Por medio de las oraciones del Rosario, oremos como Jesús nos enseñó, busquemos la intercesión maternal universal de María y crezcamos en virtud.
Ahora mismo, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Hijo Divino, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese regalo en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese regalo de las manos de tu Madre.
Por medio del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. Nunca perdamos la esperanza de que ella desea hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.
Semana 8 – La gran campaña por la familia y la verdad, 1975 – 2005

Venerable Patrick Peyton
8 de octubre de 2026
Global / USA
El Venerable Patrick Peyton creía que una de las mayores esperanzas para el mundo podía encontrarse en algo extraordinariamente sencillo: una familia reunida en oración, rezando el Rosario.
Vivió en una época en la que el matrimonio y la vida familiar ya enfrentaban importantes dificultades, y reconoció que la fortaleza de la sociedad depende de la fortaleza de la familia. Hoy, su mensaje tiene una urgencia aún mayor. La tecnología, el aislamiento, la división, el ajetreo y las exigencias de la vida moderna pueden separar a las familias y dejar poco tiempo simplemente para estar juntos. El Padre Peyton recordaba al mundo que el hogar es la primera escuela de fe, amor, perdón y sacrificio: la Iglesia Doméstica.
Él comprendió esto no solo como sacerdote, sino también como hijo que lo había experimentado personalmente.
Al crecer en Irlanda, Patrick Peyton conoció el poder del Rosario familiar diario. En el hogar de los Peyton, la oración formaba parte del ritmo de la vida cotidiana. Su madre reunía a los hijos y su padre dirigía a la familia en la oración. Su humilde hogar se convirtió en una verdadera Iglesia Doméstica, donde Patrick aprendió que la fe no es simplemente algo que profesamos el domingo, sino algo que vivimos juntos cada día.
Su propia vocación fue moldeada por el sufrimiento. Después de emigrar a los Estados Unidos y entrar en la Congregación de Santa Cruz, Patrick enfermó gravemente de tuberculosis. Ante un futuro incierto, él y su familia acudieron con confianza a la Santísima Virgen María. Después de su recuperación milagrosa, el Padre Peyton quedó convencido de que María había intercedido por él. En agradecimiento, prometió dedicar su sacerdocio a ayudar a las familias a descubrir el poder de la oración.
Esa promesa se convirtió en la misión de toda su vida.
A través de cruzadas y encuentros del Rosario, la radio, la televisión, películas y mensajes personales en todo el mundo, el Padre Peyton se convirtió en un incansable apóstol de la oración familiar. Su mensaje era lo suficientemente sencillo para que cualquier familia pudiera comprenderlo y lo suficientemente profundo para transformar vidas: «La familia que reza unida permanece unida».
El Padre Peyton comprendía que la renovación de la sociedad comienza en el hogar. Cuando las familias rezan juntas, aprenden a amar, perdonar, sacrificarse y poner a Dios en el centro de sus vidas. Y cuando la familia se fortalece, la dignidad de cada persona es reconocida más plenamente y se renuevan los fundamentos de una sociedad próspera.
Su legado sigue siendo hoy una invitación viva. El Rosario diario ofrece a las familias una manera sencilla de reunirse, encomendar sus alegrías y dificultades a Nuestra Santísima Madre y permitirle que las conduzca más cerca de Jesús.
Quizás la mejor manera de honrar el legado del Padre Peyton sea simplemente comenzar donde él comenzó: reúne a tu familia, toma el Rosario y reza. Ora por quienes están distantes o divididos. Invita a un amigo o a otra familia a unirse a ti. Y considera unirte a los católicos de todo el mundo en el Rosario Mundial por la Paz, continuando la misión de oración que el Padre Peyton dedicó su vida a proclamar.
Venerable Patrick Peyton, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, alcancen la paz para nuestro mundo. A través de las oraciones del Rosario, oramos como Jesús nos enseñó, buscamos la intercesión maternal universal de María y crecemos en virtud.
En este mismo momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Divino Hijo, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese regalo en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese regalo de las manos de tu Madre.
A través del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. Nunca perdamos la esperanza de que ella desea hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

San Juan Pablo II
9 de octubre de 2026
Global / Poland
Dos hombres. Dos continentes, el mundo como su púlpito y una sola convicción: las familias necesitan oración y el mundo necesita paz. Ayer hablamos de un gran hombre de fe, el Venerable Patrick Peyton; hoy nos enfocamos en su amigo y en otro gran hombre de la Iglesia.
Nacido como Karol Józef Wojtyła el 18 de mayo de 1920 en Wadowice, Polonia, San Juan Pablo II creció en una familia católica y en una cultura formada por la fe y el amor a su patria. Pero el dolor llegó muy temprano: para cuando tenía veinte años, había perdido a su madre, a su hermano y a su padre. En medio de esa soledad, acudió a María como su madre: Totus Tuus —«Todo tuyo».
Juan Pablo II vivió el Misterio Pascual no solo como una verdad teológica, sino también como el modelo de su propia vida. Conoció el sufrimiento a través de la pérdida de su familia, la devastación de la guerra y la opresión de su país. Fue testigo de la muerte en la destrucción de vidas humanas, el silenciamiento de la cultura y la negación de la libertad bajo el nazismo y el comunismo. Sin embargo, por medio de la gracia, esas fuerzas no tuvieron la última palabra.
Como Papa, se convirtió en una voz de resurrección. «¡No tengan miedo! ¡Abran de par en par las puertas a Cristo!»
Defendió la dignidad y la libertad de la persona humana, inspiró a una nueva generación de creyentes a través de las Jornadas Mundiales de la Juventud y animó a un pueblo que había sufrido durante mucho tiempo bajo la opresión a volver a tener esperanza. Mientras los muros comenzaban a caer en Europa del Este, su vida dio testimonio del misterio cristiano: el sufrimiento puede herirnos y la muerte puede rodearnos, pero en Cristo puede surgir una vida nueva.
En otro continente, el Padre Patrick Peyton también llevaba la fe al espacio público. A través del teatro, la radio y el cine, preservó y promovió la cultura católica y la oración en familia. En el corazón de Hollywood, creó Family Theater Productions, llevando la fe a los hogares mediante el poder de los medios de comunicación.
El Papa Juan Pablo II y el Padre Peyton se conocían, porque para ambos hombres los encuentros mundiales eran su púlpito: para el Venerable Patrick Peyton eran las Cruzadas del Rosario; para San Juan Pablo II eran las Jornadas Mundiales de la Juventud. El Padre Peyton reunía a las familias alrededor de la oración. El Papa Juan Pablo II se dirigía a las naciones, las culturas y las generaciones. Sin embargo, ambos estuvieron en el escenario mundial del sufrimiento humano y vieron a la familia como algo esencial para la renovación de la sociedad.
El Papa Juan Pablo II escribió: «El futuro de la humanidad pasa por la familia». Encomendó a las familias cristianas a María como «Madre de la Iglesia y Madre de la familia».
La Iglesia la honra como Reina de la Familia y Reina de la Paz.
Ambos hombres sabían que el arma para defender la paz entre las naciones y la paz dentro de las familias es el Rosario. Juan Pablo II compartió que el Rosario es «una oración por la paz, porque es una oración por la familia».
El Padre Peyton expresó esta misma realidad diciendo: «La familia que ora es una familia en paz». El Padre Peyton comprendió que la oración en familia une a las generaciones. Reúne a los vivos, recuerda la fe de los padres y abuelos y transmite esa fe a las generaciones futuras.
El Papa Juan Pablo pidió a las familias que «recuerden quiénes son». Cuando una familia ora, recuerda quién es, de dónde viene y a quién pertenece.
Este es el puente entre estos dos hombres. San Juan Pablo II mostró cómo la fe puede enfrentar las fuerzas que disminuyen la dignidad humana. El Venerable Patrick Peyton mostró cómo la fe se cultiva en el hogar.
Nuestro llamado a la acción es sencillo, pero urgente:
Únanse a nosotros el 22 de octubre, fiesta de San Juan Pablo II, y únanse al mundo como una sola voz. Como un solo mundo, llevemos nuestras heridas, preocupaciones, divisiones y esperanzas. Pongámoslas en las manos de María y dejemos que ella conduzca a nuestro mundo hacia Jesús, el Rey de la Paz.
Una familia que ora no se esconde de la oscuridad. Se convierte en una luz dentro de ella.
Oren juntos. Recuerden juntos. Permanezcan unidos. Que la paz comience en su hogar y se extienda desde su hogar hacia el mundo.
El Venerable Patrick Peyton creía que una de las mayores esperanzas para el mundo podía encontrarse en algo extraordinariamente sencillo: una familia reunida en oración, rezando el Rosario.
Vivió en una época en la que el matrimonio y la vida familiar ya enfrentaban grandes dificultades, y reconoció que la fortaleza de la sociedad depende de la fortaleza de la familia. Hoy, su mensaje tiene una urgencia aún mayor. La tecnología, el aislamiento, la división, las ocupaciones y las exigencias de la vida moderna pueden separar a las familias y dejar poco tiempo simplemente para estar juntos. El Padre Peyton recordaba al mundo que el hogar es la primera escuela de fe, amor, perdón y sacrificio: la Iglesia doméstica.
Comprendió esto no solo como sacerdote, sino también como hijo que lo había experimentado personalmente.
Al crecer en Irlanda, Patrick Peyton conoció el poder del Rosario diario en familia. En el hogar de los Peyton, la oración formaba parte del ritmo de la vida cotidiana. Su madre reunía a los hijos y su padre guiaba a la familia en la oración. Su humilde hogar se convirtió en una Iglesia doméstica viva, donde Patrick aprendió que la fe no es simplemente algo que profesamos los domingos, sino algo que vivimos juntos cada día.
Su propia vocación fue moldeada por el sufrimiento. Después de emigrar a los Estados Unidos e ingresar a la Congregación de Santa Cruz, Patrick enfermó gravemente de tuberculosis. Ante un futuro incierto, él y su familia acudieron con confianza a la Santísima Virgen María. Después de su recuperación milagrosa, el Padre Peyton quedó convencido de que María había intercedido por él. En agradecimiento, prometió dedicar su sacerdocio a ayudar a las familias a descubrir el poder de la oración.
Esa promesa se convirtió en la misión de toda su vida.
A través de las cruzadas y concentraciones del Rosario, la radio, la televisión, las películas y sus llamados personales en todo el mundo, el Padre Peyton se convirtió en un incansable apóstol de la oración en familia. Su mensaje era lo suficientemente sencillo para que todas las familias lo entendieran y lo suficientemente profundo para transformar vidas: «La familia que reza unida permanece unida».
El Padre Peyton comprendió que la renovación de la sociedad comienza en el hogar. Cuando las familias oran juntas, aprenden a amar, perdonar, sacrificarse y poner a Dios en el centro de sus vidas. Y cuando la familia se fortalece, la dignidad de cada persona es reconocida más plenamente y los fundamentos de una sociedad próspera se renuevan.
Su legado sigue siendo hoy una invitación viva. El Rosario diario ofrece a las familias una manera sencilla de reunirse, encomendar sus alegrías y dificultades a Nuestra Santísima Madre y permitir que ella las acerque más a Jesús.
Quizá la mejor manera de honrar el legado del Padre Peyton sea simplemente comenzar donde él comenzó: reúne a tu familia, toma el Rosario y reza. Ora por quienes están alejados o divididos. Invita a un amigo o a otra familia a unirse. Y considera unirte a los católicos de todo el mundo en el Rosario Mundial por la Paz, continuando la misión de oración que el Padre Peyton dedicó su vida a proclamar.
San Juan Pablo el Grande, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de los océanos y las lenguas, alcancen la paz para nuestro mundo. A través de las oraciones del Rosario, oremos como Jesús nos enseñó, busquemos la intercesión maternal universal de María y crezcamos en virtud.
En este momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Hijo Divino, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos está la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese regalo en sus manos, esperando que lo recibas.
Recibe ese regalo de las manos de tu Madre.
A través de la intercesión de María por medio del Rosario, la paz ya ha llegado al mundo antes. Nunca perdamos la esperanza de que ella desea hacerlo nuevamente mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

Nuestra Señora de Kibeho
10 de octubre de 2026
Rwanda
El 28 de noviembre de 1981, en Kibeho, Ruanda, la Santísima Virgen María se apareció a varias estudiantes y se identificó como “Nyina wa Jambo”, la “Madre del Verbo”. Ruanda parecía ser una nación cristiana próspera, con una mayoría católica y una vida parroquial activa. Sin embargo, detrás de esta apariencia religiosa persistían las divisiones étnicas, y la fe a menudo se reducía a prácticas externas en lugar de vivirse como una verdadera transformación del corazón.
En medio de esta falsa calma, Nuestra Señora dirigió una advertencia urgente a la humanidad, declarando: “No he venido solamente por Kibeho, ni por Ruanda, ni por África, sino por todo el mundo”.
El mensaje central de Nuestra Señora fue una ferviente súplica maternal: “¡Arrepiéntanse, arrepiéntanse, arrepiéntanse! Conviértanse mientras todavía hay tiempo. El mundo se precipita hacia su ruina; está a punto de caer en un abismo”.
Nuestra Señora sufría al contemplar la ceguera espiritual de la humanidad. El 2 de abril de 1982, le dijo a la vidente Marie-Claire: “Los hombres de nuestro tiempo han vaciado cada cosa de su verdadero significado. Cometen una falta y no reconocen que han obrado mal… Los llamo, pero hacen oídos sordos. ¿Cuándo harán lo que les pido?” Para sanar esta ruptura, exigió una caridad radical: “Nunca nieguen su ayuda a quien se las pida; si tienen los bolsillos vacíos, denles esperanza. Cada una de sus acciones debe nacer de la bondad, y cada una de sus palabras debe pronunciarse con amor”.
El 15 de agosto de 1982, Nuestra Señora mostró a las videntes una aterradora profecía de ríos de sangre, cuerpos decapitados y cadáveres sin sepultura. Trágicamente, esta misma visión se hizo realidad doce años después, durante el genocidio de 1994, en el que casi un millón de personas perdieron la vida en cien días. La propia iglesia parroquial de Kibeho se convirtió en escenario de una masacre que cobró la vida de la vidente Marie-Claire. Fue una prueba desgarradora de que las prácticas religiosas externas no pueden proteger a una cultura si el corazón humano no invita a la gracia de Dios a formar parte de su vida cotidiana. La fe, la esperanza y la caridad deben ser nuestras directrices para que nuestro mundo sane.
Nuestro mundo actual se parece mucho a aquel: hoy, muchas personas no buscan el verdadero sentido de la vida, amplios sectores de nuestra población muestran tibieza en su amor hacia los demás y la apatía espiritual está presente en todas partes.
Sin embargo, no todo está perdido. Nuestra Señora recomendó la oración perseverante, el ayuno y el Rosario para sanar nuestro mundo. Al declarar: “Soy la Reina del Rosario celestial”, María añadió: “No puedo ayudarlos si no rezan”. Pidió que se rezara el Rosario diariamente y, en particular, promovió nuevamente el Rosario de los Siete Dolores, invitando a las familias a rezar juntas en el hogar.
El llamado maternal de María coincide plenamente con la misión del Padre Patrick Peyton, quien enseñó célebremente: “La familia que reza unida permanece unida” y “Un mundo en oración es un mundo en paz”. Trágicamente, la ciudad de Kibeho demostró la verdad de las palabras del Padre Peyton a la inversa: cuando la oración familiar y el amor a Dios y al prójimo se desmoronan, el tejido moral de la sociedad se derrumba.
Consciente de la gravedad de estos acontecimientos, el papa Juan Pablo II visitó Ruanda y animó a todos a acudir a María como guía hacia la reconciliación. Años después, el obispo Augustin Misago otorgó la aprobación oficial de la Iglesia, declarando: “La Virgen María se apareció en Kibeho… para nuestra renovación espiritual y salvación”.
Los doce años transcurridos entre las advertencias de Nuestra Señora y el genocidio revelan el grave peligro de nuestra tibieza ante la verdad. Las familias que rezan juntas y colocan a Jesús y a María en el centro de sus vidas y prioridades pueden cambiar el rumbo de nuestro mundo: ¡no mañana, no dentro de doce años, sino hoy!
El Venerable Patrick Peyton pronunció palabras proféticas que fueron importantes en su época, pero que quizá lo sean aún más hoy: “El Rosario ha salvado al mundo en el pasado. Lo salvará ahora al salvar a la familia”. Holy Cross Family Ministries los invita a superar la apatía espiritual y a unirse a nosotros el 22 de octubre para rezar por la paz mundial. Juntos, tomemos el Rosario, renovemos nuestros hogares y pidamos al Cielo que sane nuestro mundo. Dios y Nuestra Señora cuentan con ustedes y con su familia.
Nuestra Señora de Kibeho, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos e idiomas, alcancen la paz para nuestro mundo. Mediante las oraciones del Rosario, oremos como Jesús nos enseñó, busquemos la intercesión maternal universal de María y crezcamos en la virtud.
En este mismo momento, la Santísima Madre de Dios está rezando por ti. De su Divino Hijo, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese regalo en sus manos, esperando que lo recibas.
Recibe ese regalo de las manos de tu Madre.
Por medio del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. Nunca perdamos la esperanza de que ella desea hacerlo de nuevo mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

Las familias de la Revolución del Poder Popular
11 de octubre de 2026
Philippines
Cuando las familias filipinas salieron en masa a la avenida Epifanio de los Santos en febrero de 1986, los periodistas extranjeros no sabían cómo interpretar lo que estaban presenciando. Miles de personas se encontraban frente a tanques de treinta toneladas, levantando rosarios de cuentas de madera y pequeñas imágenes de María. Las transmisiones televisivas en Occidente presentaban el enfrentamiento como un levantamiento político repentino, pero cualquiera que hubiera pasado tiempo en Manila sabía que aquella determinación se había ido fortaleciendo durante meses.
La vida cotidiana bajo la ley marcial había desgastado al país. Los toques de queda dejaban las calles vacías al anochecer, mientras los soldados vigilaban los puestos de control en las principales intersecciones. Expresar abiertamente las propias opiniones implicaba graves riesgos. Cientos de estudiantes activistas y organizadores parroquiales desaparecieron en centros militares de detención, dejando a sus familias la tarea de buscar respuestas en las morgues provinciales.
La presión llegó directamente a la vida parroquial. Las comunidades religiosas que administraban programas básicos de alimentación eran acusadas de subversión; los soldados allanaban conventos en busca de folletos prohibidos, y agentes vestidos de civil tomaban notas desde las últimas bancas durante la misa dominical. En las provincias, las patrullas armadas hostigaban a los catequistas que caminaban entre capillas de pueblos remotos. La fe quedó vinculada a la supervivencia, mientras los padres rezaban para que sus hijos regresaran sanos y salvos a casa antes de que sonaran las sirenas de la tarde.
A finales de 1985, el descontento público había llegado a un punto crítico tras el asesinato de Ninoy Aquino y el fraude electoral generalizado. El Padre Patrick Peyton llegó a Manila en medio de aquella agitación.
Tenía setenta y seis años y sus médicos le advirtieron que el largo vuelo a través del Pacífico podía costarle la vida. Aun así, Peyton abordó el avión, confiando en que Dios lo mantendría con vida si todavía tenía una misión que cumplir en Filipinas.
Los columnistas de los periódicos se burlaban de la idea de organizar una concentración religiosa. Escribían que nadie acudiría a rezar mientras el país se encontraba al borde de un levantamiento violento.
El 8 de diciembre, más de dos millones de filipinos llenaron el parque Luneta. El Padre Peyton estaba débil y caminaba lentamente bajo el calor tropical, sofocante y húmedo, de Manila. Exhortó a la multitud a rezar el Rosario por sus hogares y por su nación. Las fotografías y los videos de aquel día muestran a los fieles filipinos reunidos en los amplios espacios abiertos bajo un sol radiante, sosteniendo abanicos de mano y sombrillas para protegerse del calor. Después de dos meses en los que las familias habían rezado el Rosario al amparo de sus hogares, el enfrentamiento estalló a lo largo de la autopista EDSA.
El cardenal Jaime Sin hizo un llamado a través de Radio Veritas, y la gente salió directamente de sus barrios para responder. Las mujeres ofrecían comida a los jóvenes soldados apostados sobre vehículos blindados. La gente se arrodillaba junto a las orugas de los tanques mientras los motores rugían con tanta fuerza que ahogaban las voces que rezaban el Ave María.
El momento decisivo llegó cuando los militares recibieron las órdenes finales de lanzar gases lacrimógenos y avanzar con los vehículos blindados pesados directamente contra la multitud, aplastando a quienes se habían reunido pacíficamente. Soldados y pilotos declararon que, mientras se preparaban para actuar contra la multitud, una mujer radiante vestida de blanco apareció sobre la autopista con los brazos extendidos. Los soldados relataron haber escuchado una voz clara que les ordenaba detenerse y no hacer daño a sus hijos. Los pilotos de helicópteros abortaron sus maniobras después de ver la aparición, mientras que los comandantes de la Marina descendieron de sus tanques, lloraron y se unieron a los civiles arrodillados en oración.
El cardenal Jaime Sin recopiló declaraciones juradas de militares y testigos civiles sobre el acontecimiento. Las autoridades de la Iglesia en Filipinas reconocieron formalmente la liberación sobrenatural ocurrida en la autopista, consagraron el lugar y erigieron el Santuario de EDSA, dedicado como el Santuario de María, Reina de la Paz, con la bendición de la Santa Sede, para honrar la protección directa de Nuestra Señora. En cuestión de horas, un régimen autoritario que había gobernado por la fuerza durante más de dos décadas se derrumbó sin que se disparara un solo tiro.
Al otro lado del mundo, el papa san Juan Pablo II se enfrentaba al comunismo soviético con esa misma claridad. No comandaba fuerzas militares, pero compartía con su amigo y hermano en Cristo, el Padre Peyton, una confianza absoluta en la intercesión de Nuestra Señora. Ambos reconocían que los sistemas totalitarios se corrompen desde dentro cuando las familias vencen el miedo y rezan juntas.
Mientras nos preparamos para el Rosario Mundial por la Paz, tomemos nuestros rosarios con esa misma firme determinación. Pidamos a san Juan Pablo II y al venerable Patrick Peyton que protejan nuestros hogares e intercedan por la paz en nuestro mundo.
San Juan Pablo II, ruega por nosotros.
Venerable Patrick Peyton, ruega por nosotros.
Nuestra Señora de EDSA, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos e idiomas, alcancen la paz para nuestro mundo. Mediante las oraciones del Rosario, oremos como Jesús nos enseñó, busquemos la intercesión maternal universal de María y crezcamos en la virtud.
En este mismo momento, la Santísima Madre de Dios está rezando por ti. De su Divino Hijo, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese regalo en sus manos, esperando que lo recibas.
Recibe ese regalo de las manos de tu Madre.
Por medio del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. Nunca perdamos la esperanza de que ella desea hacerlo de nuevo mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

Beato Fulton J. Sheen
12 de octubre de 2026
USA
Cuando el obispo Fulton J. Sheen apareció en un estudio de televisión a principios de la década de 1950, vestido con sus atuendos episcopales y con un trozo de gis en la mano, los ejecutivos de la cadena ya lo habían descartado como una rareza. Nadie esperaba que un sacerdote católico pudiera competir con Milton Berle los martes por la noche y salir adelante. Sin embargo, Sheen logró atraer a treinta millones de espectadores cada semana. No utilizaba apuntes ni tarjetas de apoyo. Simplemente miraba directamente a la cámara y hablaba de Dios, la familia y el sentido común con la naturalidad de un viejo amigo sentado en un rincón de tu sala.
Aprendió ese estilo directo desde muy joven. Al crecer en el piso de arriba de la ferretería de su padre, en El Paso, Illinois, la fe no era una teoría abstracta; era trabajo físico arduo, vida parroquial y cinco décadas rezando el Rosario cada noche después de cenar. Aquel hogar irlandés-estadounidense le permitió conectar de inmediato con el padre Patrick Peyton. Cuando sus caminos se cruzaron a través de la radio y la televisión, congeniaron enseguida porque ambos trabajaban por la misma causa. Peyton llenaba estadios para recordarles a los padres que la familia que reza unida permanece unida, mientras que Sheen aprovechaba los medios de comunicación para mantener viva la fe dentro del hogar.
Sheen podía ver hacia dónde se dirigía la cultura secular. Sabía que, cuando la sociedad deja a Dios fuera de la ecuación, los seres humanos terminan siendo tratados como números en una hoja de cálculo o como simples cifras de producción económica. Tenía doctorados obtenidos en Europa, pero frente a las cámaras explicaba las cosas de una manera sorprendentemente sencilla. Utilizaba chistes ingeniosos, dibujos sencillos en un pizarrón e historias de la vida real para ofrecerles a las madres y los padres formas prácticas de enseñar la fe a sus hijos.
Todo lo que hacía tenía como fundamento a Nuestra Señora. Desde el comienzo, consagró su sacerdocio a María, le dedicó un espacio en cada libro que escribió y llevaba su rosario en el bolsillo. Para Sheen, la oración en familia no era un adorno piadoso. Era una necesidad fundamental para salir adelante. Si un hogar recibía a María por la puerta principal, Cristo permanecía en el centro de todo, incluso en medio de las dificultades más dolorosas.
Hoy en día, la gente sigue descubriéndolo. Es posible ver a estudiantes de preparatoria, padres jóvenes y universitarios mirando en internet videos de hace cuarenta años, completamente sorprendidos por la claridad con la que identificó las inquietudes de nuestro tiempo.
Por eso el papa León XIV sigue exhortándonos a volver a la Iglesia doméstica. Si la fe no echa raíces alrededor de nuestras propias mesas, no echará raíces en ningún otro lugar.
Dedica hoy un momento a rezar el Rosario como parte del Rosario Global por la Paz. Aunque la casa esté llena de ruido y tengas la agenda saturada, saca tu rosario y reza. Pidámosles al venerable Fulton J. Sheen y al venerable Patrick Peyton que cuiden de nuestras familias y nos ayuden a llevar la paz de Cristo a nuestro mundo.
Venerable Fulton J. Sheen, ruega por nosotros.
Venerable Patrick Peyton, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Oración de la novena por el Rosario Global por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de los océanos y de los idiomas, alcancen la paz para nuestro mundo. Por medio de las oraciones del Rosario, rezamos como Jesús nos enseñó, buscamos la intercesión maternal universal de María y crecemos en la virtud.
En este mismo momento, la Santísima Madre de Dios está rezando por ti. De su Divino Hijo ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta novena. Ella sostiene ese regalo en sus manos y espera que lo recibas.
Recibe ese regalo de las manos de tu Madre.
Por medio del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. Nunca perdamos la esperanza de que ella desea hacerlo de nuevo mientras nos unimos en este Rosario Global por la Paz.

Siervo de Dios Cardenal Van Thuận
13 de octubre de 2026
Vietnam
A través de las corrientes violentas de la historia del siglo XX se alza un testigo monumental de la fe: el Venerable Cardenal François-Xavier Nguyễn Văn Thuận. Nacido el 17 de abril de 1928 en Huế, Vietnam, y fallecido el 16 de septiembre de 2002, su vida fue forjada en el fuego de la feroz violencia política y la opresión sistemática.
El Venerable François-Xavier Nguyễn Văn Thuận creció y vivió durante las guerras de Indochina, el colonialismo francés y el implacable ascenso del comunismo totalitario. Arrestado en 1975, soportó trece terribles años en campos de reeducación, nueve de ellos en la amarga oscuridad del aislamiento solitario.
Sin embargo, allí donde la oscuridad total intentaba apagar su espíritu, descubrió un altar inquebrantable de esperanza. Durante los años de confinamiento en soledad, François-Xavier Nguyễn Văn Thuận oró por el mundo, las familias y su propio país. Cuando finalmente fue liberado de prisión, su experiencia dio forma a un poderoso mensaje profético para nuestro mundo atribulado. Al hablar de su propia crianza, compartió que había aprendido el secreto de la santidad en las rodillas de su madre. Enseñaría que la familia es el lugar donde se forja la fe, donde se cultiva el perdón y donde echa raíces la paz.
Durante sus años de encarcelamiento fue privado de su libertad, no tenía libros y su único interlocutor era Dios. Como auténtico testigo del poder de la oración, François-Xavier Nguyễn Văn Thuận afirmó: “Aférrate a un solo principio rector: la oración. Nadie es más fuerte que la persona que ora, porque el Señor ha prometido darlo todo a quienes oran.”
Aunque nunca se conocieron, el Cardenal Văn Thuận y el Venerable Patrick Peyton fueron almas gemelas, hermanos unidos por una audaz creencia en el Rosario. Mientras el Padre Peyton proclamaba con valentía: “La familia que reza unida permanece unida”, el Cardenal Văn Thuận demostró que incluso en una celda solitaria, un corazón que ora puede unir al mundo entero. Ambos son ahora venerables testigos de virtud heroica, dando testimonio de que la oración perseverante produce una paz verdadera.
El Venerable Nguyễn Văn Thuận compartió que el Rosario era el ancla de su vida. Con las manos atadas, confeccionó un rosario improvisado con alambre introducido clandestinamente y pequeños trozos de madera. Cuenta por cuenta, los trozos de corteza se convirtieron en faros de gracia. Al predicar sobre la importancia de la devoción a María, dijo: “Cultiva un amor especial por María… Si la escuchas, no perderás el camino; todo lo que emprendas en su nombre, no fracasarás.”
Hoy, la oscuridad de nuestro mundo todavía exige una luz resplandeciente. No podemos permanecer en silencio; no podemos orar solos. Marca en tu calendario el 22 de octubre. Únete a Holy Cross Family Ministries para el Rosario Mundial por la Paz.
Une tu corazón al de 302,000 creyentes de todo el mundo, orando con una sola voz, elevados en un mismo ritmo y anclados en una sola esperanza. Desde cada rincón de la tierra, dejemos que nuestras súplicas atraviesen el cielo y venzan la división. La humanidad, ahora mismo, en este momento de la historia, necesita estas oraciones por la paz. Pidamos a Dios que haga reinar la paz en nuestro mundo.
Reúne a tu familia, levanta tus rosarios y únete al coro mundial por la paz.
Cardenal Văn Thuận, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, alcancen la paz para nuestro mundo. Por medio de las oraciones del Rosario, oramos como Jesús nos enseñó, buscamos la intercesión maternal universal de María y crecemos en virtud.
En este mismo momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Hijo Divino, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese don en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese don de las manos de tu Madre.
A través del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. No perdamos nunca la esperanza de que ella desea ardientemente hacerlo de nuevo mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.

Nuestra Señora de Guadalupe
14 de octubre de 2026
Mexico
En diciembre de 1531, el valle de México era una herida abierta. Diez años después de la caída de Tenochtitlan, el Imperio azteca yacía en ruinas, una profunda hostilidad se había arraigado entre los soldados españoles y la población indígena, y los frailes europeos no lograban cerrar la brecha que los separaba.
Una fría mañana, muy temprano, un campesino indígena llamado Juan Diego pasó junto a la cresta rocosa del Tepeyac mientras se dirigía a la misa del amanecer. En la cima, escuchó algo parecido al canto de numerosas aves reunidas. Trepó apresuradamente por las rocas para descubrir qué sucedía y encontró a una joven rodeada de un suave resplandor. Ella lo llamó por su nombre en su propia lengua náhuatl y le habló como una madre le hablaría a su propio hijo.
Juan Diego era un hombre pobre que tenía responsabilidades reales. Dos días después, su tío Juan Bernardino cayó enfermo repentinamente con una fiebre intensa. Convencido de que el anciano estaba a punto de morir, Juan Diego salió antes del amanecer en busca de un sacerdote que le administrara los últimos sacramentos. Para evitar encontrarse con la Señora y retrasarse, tomó un sendero más bajo que rodeaba la ladera oriental del cerro. Sencillamente, no tenía tiempo que perder en visitas al obispo.
María descendió por la ladera y, aun así, salió a su encuentro en el camino. Juan Diego balbuceó una disculpa por la enfermedad de su tío, pero ella calmó su angustia con unas palabras que las familias mexicanas han transmitido de generación en generación: «¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra y mi protección? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos?». Ella le dijo que su tío ya se había recuperado y después lo envió a la cima helada del cerro para recoger rosas de Castilla que habían florecido en medio de los escombros del invierno.
Juan Diego las recogió en su tilma, entró en la residencia del obispo y dejó caer la tela para abrirla. Las rosas frescas se esparcieron sobre las losas de piedra, dejando al descubierto la imagen estampada de una joven indígena embarazada que llevaba una banda oscura de maternidad. En menos de una década, millones de indígenas pidieron el bautismo, transformando por completo las Américas sin que ningún ejército tuviera que disparar un solo tiro.
María no esperó a que los conflictos políticos de la Iglesia ni la hostilidad colonial se resolvieran por sí solos. Caminó directamente por un sendero de tierra para consolar a un hombre pobre que estaba aterrorizado por la enfermedad de su tío.
Para eso sirve la oración en familia. Cuando la enfermedad, las preocupaciones económicas o el agotamiento invaden un hogar, tomar el Rosario y rezarlo hace que esa misma protección maternal entre por la puerta de nuestra casa.
Dedica un momento hoy a rezar tu Rosario como parte del Rosario Mundial por la Paz. Pidamos a Nuestra Señora de Guadalupe y a san Juan Diego que mantengan a nuestras familias a salvo y nos ayuden a llevar la paz de Cristo a nuestro mundo herido.
Nuestra Señora de Guadalupe, ruega por nosotros.
San Juan Diego, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Nuestra Señora, Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Oración de la Novena por el Rosario Mundial por la Paz
Que nuestras voces, unidas a través de océanos y lenguas, alcancen la paz para nuestro mundo. Por medio de las oraciones del Rosario, oramos como Jesús nos enseñó, buscamos la intercesión maternal universal de María y crecemos en virtud.
En este mismo momento, la Santísima Madre de Dios está orando por ti. De su Hijo Divino, ella ha obtenido abundantes gracias, dones y fortaleza espiritual para tu vida. Entre ellos se encuentran la gracia y el poder de esta Novena. Ella sostiene ese don en sus manos, esperando que tú lo recibas.
Recibe ese don de las manos de tu Madre.
A través del Rosario, la intercesión de María ya ha traído paz al mundo. No perdamos nunca la esperanza de que ella desea ardientemente hacerlo de nuevo mientras nos unimos en este Rosario Mundial por la Paz.
Semana 9 – Su misión es nuestra misión, hoy

San Carlo Acutis
15 de octubre de 2026
Italy

Sierva de Dios Vivian Uchechi Ogu
16 de octubre de 2026
Nigeria

Sierva de Dios Hermana Clare Crockett
17 de octubre de 2026
Ireland

Siervo de Dios Darwin Ramos
18 de octubre de 2026
Philippines

Siervos de Dios Cyprien y Daphrose Rugamba
19 de octubre de 2026
Rwanda

Beato Shahbaz Bhatti
20 de octubre de 2026
Pakistan

Papa León XIV y nuestra generación
21 de octubre de 2026
Global


